lunes, 16 de septiembre de 2013

Los personajes en La casa de Bernarda Alba




            Los personajes femeninos de García Lorca suelen destacar por su hondura y buen trazado y La casa de Bernarda Alba es un buen ejemplo dentro de su obra. Lorca suprime los personajes masculinos, entre ellos una figura fundamental: Pepe el Romano. Pero la supresión física del personaje se acompaña de un dominio extendido de su persona ausente.

El simbolismo de los nombres:

-          Bernarda: nombre de origen germánico que se refiere a “con fuerza y empuje de oso”.
-          Alba: del latín “albus”, blanco, significa también pureza, limpieza y apariencia.
-          Adela: de naturaleza noble, sincera.
-          Amelia: sin miel, sin gracia, tímida.
-          Angustias: mujer amargada, angustiada.
-          Martirio: apasionada, sufre un verdadero martirio por su enfermedad y deformación física.
-          Magdalena: nombre de un personaje bíblico, llora con facilidad.
-          Prudencia: sabiduría y resignación de la vejez.
-          Poncia: referencia a Poncio Pilatos, que se lava las manos en los momentos importantes.
-          Mª Josefa: unión de los nombres de los padres de Cristo.

Tipos de personajes

Visibles
Invisibles
Aludidos
Aparecen en escena como protagonistas (las mujeres) o como episódicos (mendiga)
No aparecen en la escena pero influyen en el desarrollo de la acción dramática (Pepe, la hija de Librada, segadores)
Son anecdóticos y sin entidad dramática: se cuenta su historia o permite la entrada y salida de personajes (Enrique Humanes, Paca la Roseta)

Las mujeres

-          Bernarda: es la representación hiperbólica del autoritarismo y las convenciones sociales retrógradas (el qué dirán y la honra). Es descrita antes de aparecer en escena por el diálogo Poncia-Criada. Destacan en él el autoritarismo de Bernarda (mandona, dominanta, tirana de todos los que la rodean) y la limpieza y orgullo de su casta (Ella la más aseada, la más decente, ella la más alta). La primera visión que tiene el espectador de ella nos reitera ese autoritarismo: vestida de negro impone silencio y lleva un bastón, símbolo de ese poder. Como viuda asume el papel masculino (Hasta que salga de esta casa con los pies por delante mandaré en lo mío y en lo vuestro). Su lenguaje está lleno de mandatos, órdenes y prohibiciones, sin posibilidad de diálogo ni rectificación.
-          Hijas: Están condenadas a convivir sin entenderse, reunidas en la casa por lazos de sangre ineficaces: entre ellas no hay amor, solo cierta amistad entre Martirio y Amelia. Adela se referirá a esto (Nos enseñan a querer a las hermanas). Además, la desigualdad económica desencadenará el conflicto. Angustias tiene 39 años, es de carácter egoísta y no goza de buena salud. Su nivel económico la acerca a Pepe, la única manera de salir de este infierno que es la casa. Magdalena, de 30 años, no alcanza como personaje mucho desarrollo. Es la que más ha sentido la muerte de su padre. Es hacendosa, la que mejor borda y corta, pero reniega de su condición de mujer. Es la única que dice las verdades en voz alta (Nos pudrimos por el qué dirán). Amelia tiene 27 años. Es el personaje más desdibujado, quizá por el lugar de hermana mediana que ocupa. Es tímida, tiene buena relación con Martirio y se preocupa por su salud. Para ella, nacer mujer es el mayor castigo. Martirio, con 24 años, está enferma, deforme y atormentada. Tuvo un novio, Enrique Humanes, pero su madre lo rechazó por la desigualdad social. Por un lado tiene miedo a los hombres, pero por otro, se siente atraída por ellos. De ella dice Poncia que es un pozo de veneno, no en vano provocará la desgracia. Adela tiene 20 años, es la hija rebelde y por ello se atreve a vestir de color y a llevar un abanico de flores de colores a pesar del luto. Quiere salir y se resigna a envejecer. Es consciente de su atractivo físico, lo que utilizará para conseguir a Pepe. Su mayor rebeldía es romper el bastón de su madre. La muerte es para ella una liberación.
-          Poncia: tiene 60 años como Bernarda y una mentalidad similar. Lleva sirviéndola treinta años, pero la odia. Está al tanto de todo lo que pasa en la casa y avisa a Bernarda de lo que se avecina. Le gusta hablar de sexo con las hijas. Utiliza un lenguaje desgarrado y lleno de sabiduría popular.
-          Mª Josefa: La madre de Bernarda, tiene 80 años y sufre demencia senil, por lo que está encerrada. Da voces continuamente y dice que quiere casarse. En su primera aparición en escena lleva unas flores en la cabeza, un símbolo de erotismo; en la segunda, su lenguaje es el de un niño: “Pepe el Romano es un gigante. Todas lo queréis. Pero él os va a devorar a vosotras porque vosotras sois granos de trigo”.
-          Pepe el Romano: tiene 25 años. No aparece en escena. Es interesado y ruin.

Relaciones entre personajes

Señora- criadas
Resentimiento y odio de clase
Madres-hijas
Autoritarismo y rebeldía
Hermanas
En general, envidia. El odio las irá poseyendo y provocará las luchas por defender lo que se les niega a todas: el amor y el sexo.
Afecto entre Magdalena y Adela, por un lado, y por otro entre Amelia y Martirio.
Bernarda-vecinas
Temor y odio

Caracterización

Indirecta
A través de los diálogos (las acotaciones son escasas y funcionales).
Autodefinición
El personaje habla de sí mismo (por ejemplo, Martirio se reconoce "débil y fea")
Actuación
Conocemos a los personajes también por su actuación y comportamiento. La inflexibilidad y rigidez de Bernarda contrasta con la actitud sumisa de sus hijas y de las criadas.
Lenguaje
Mediante insultos y vulgarismos (Poncia), imperativos (Bernarda), simbolismo (Josefa)
Movimientos
Dinamismo de Bernarda (con movimientos vigorosos y violentos) frente a las hijas sentadas (estáticas, en actitud de espera).
Objetos
Bastón, Abanico, Retrato, Oveja



miércoles, 11 de septiembre de 2013

Rasgos estilísticos de La casa de Bernarda Alba







Propios del lenguaje teatral


Propios del lenguaje conversacional (muchos inspirados en la expresividad popular andaluza)
Propios del neopopularismo literario del estilo lorquiano (basado en la libre intervención o en la manipulación del lenguaje común, sometiéndolo a una elaboración poética)
Acotaciones, referidas al decorado, al vestuario, acciones e intenciones de los personajes.
Formas de expresión de los personajes: aparecen dos apartes, un monólogo, y el diálogo. En lo que se refiere a su extensión, hay parlamentos breves, que reflejan la tensión de los interlocutores o el tono desganado e insustancial de lo que se dice, y aparece la alternancia de historias o exposiciones detalladas de ideas y réplicas breves. En cuanto al contenido e intención de los diálogos, los hay informativos, que cuentan historias, en los que se aportan datos y opiniones sobre personajes y situaciones o se ofrecen detalles de espacio y tiempo. También destaca el carácter dinámico, cuando los personajes discuten sobre los temas y conflictos de la acción dramática.
Los que traducen la subjetividad y emotividad de los interlocutores:
Interjecciones propias e impropias.
Tonos exclamativos con los que se dramatiza lo que se dice.
Hipérboles con que se ponderan los hechos o los sentimientos.
Afirmaciones y negaciones categóricas.
Aparición de tú y yo deícticos para subrayar la presencia de los interlocutores y como fórmula de tratamiento (tú, usted).
Diminutivos y apelativos cariñosos o despectivos.
Reiteraciones expresivas de palabras. Paralelismos.
Tematizaciones con que se resalta algún concepto del enunciado de la oración.
Interrogaciones retóricas que traducen el estado de ánimo del emisor.
Ironías e insinuaciones.

Los que expresan la relación y cooperación entre los interlocutores
Apelaciones al interlocutor: vocativos (denotativos, afectivos, latiguillos…), insultos y maldiciones, términos exhortativos de valor fático, para llamar o mantener la atención del interlocutor y mandatos categóricos, con especial atención a la retórica del mandato de Bernarda (imperativos, sustantivos interjectivos, oraciones exhortativas, preguntas retóricas, infinitivos vulgares, presente o futuro de mandato…)
Lenguaje inquisitivo: preguntas al interlocutor, interrogaciones retóricas que suponen el asentimiento o son reproches al interlocutor.
Frases inacabadas por interrupciones del interlocutor, porque vacila el emisor o porque se sobreentiende lo que sigue (reticencia).
Retórica de la cortesía: formulismos fáticos de saludo y despedida y otros recursos que regulan el trato entre los interlocutores.

Espontaneidad, economía en el uso del lenguaje verbal
Brevedad, mediante elipsis, con la supresión de elementos redundantes en las respuestas, y sintaxis poco compleja, con predominio de frases cortas, oraciones simples y compuestas poco complejas, réplicas y contrarréplicas breves, que traducen la tensión de los interlocutores, y oraciones inacabadas, fruto de la vacilación del emisor.
Deícticos (pronombres y adverbios) para señalar los elementos y lugares presentes en el contexto físico o en la mente de los interlocutores.
Palabras baúl de significado genérico e impreciso.
Uso de giros y clichés del habla popular (muletillas, latiguillos, locuciones, frases hechas, refranes, símiles y metáforas populares)

Símiles e imágenes de tono irracional, para ponderar sentimientos y estados de ánimo.
Tono proverbial, con invención de sentencias o adaptación de refranes ya existentes.
Símbolos en los que se condensan los temas o las pasiones de los personajes.



martes, 10 de septiembre de 2013

El movimiento romántico y sus repercusiones en España



            El Romanticismo nace como fruto de una época de inestabilidad política y económica. La burguesía que a lo largo del siglo XVIII ha escalado los peldaños que llevan al poder, libra su última batalla contra el antiguo régimen. El arte equilibrado que predicaba el clasicismo no era el más adecuado para la expresión de los conflictos de una etapa histórica que había presenciado el triunfo de la primera revolución moderna. En las postrimerías del siglo de las luces se vuelve la mirada hacia modelos que en su desequilibrio y en su deformidad proporcionan una imagen más exacta del agitado tiempo de lucha para conseguir el nuevo estado liberal y burgués.
            El movimiento romántico es la réplica y la culminación de los ideales ilustrados. Rousseau había lanzado sus teorías filosóficas que exaltaban lo natural y libre frente a lo artificial y reglado.
            También en la etapa anterior se habían preparado otros rasgos importantes del Romanticismo, como la exaltación de la Edad Media. Durante el siglo XVIII los eruditos habían recuperado y editado códices y manuscritos medievales hasta entonces prácticamente desconocidos. También son fruto de la Ilustración los viajes realizados para catalogar los tesoros artísticos e históricos del país.

Aparición y difusión del Romanticismo

            El movimiento se originó en Alemania. El Sturm und Drang renovó la percepción artística de su tiempo. Se exaltó la belleza del teatro inglés isabelino y de la comedia española; Shakespeare y Calderón se convirtieron en héroes de las nuevas generaciones. Goethe destacaba con admiración el arte gótico de la catedral de Estrasburgo. Muy importante es el sentimiento de libertad creadora, al igual que el rechazo a las normas morales establecidas.
            En Inglaterra también se produjo un movimiento artístico medievalizante y renovador de la expresión artística. Destacaron por otra parte los poemas que James Mcpherson atribuyó a Ossián, un pretendido poeta céltico. Las nuevas doctrinas, de la mano de Madame Stäel, saltaron a Francia, Italia, España, y al resto de países europeos.

Variantes y unidad del Romanticismo

            Podemos distinguir dos tipos esenciales de Romanticismo: liberal y conservador. La vuelta al pasado histórico característica de este movimiento adquiere sentidos distintos según se enfoque desde una u otra perspectiva. Para unos es la nostalgia de la edad heroica en que dominaban los principios cristianos y caballerescos. Para los otros, la Edad Media es el amplio escenario irreal en que los protagonistas libraban la batalla por un destino libre y feliz. No es infrecuente que en una misma obra o autor se presenten aspectos contradictorios y que exprese al mismo tiempo el anhelo de un orden perdido y la angustia ante una realidad represora. Un ejemplo significativo en don Juan, para unos exaltación de la rebeldía frente al orden divino y humano y para otros una parábola de la justicia divina, un pecador arrepentido que obtiene el perdón en el último momento.
            Se ha establecido una división paralela a la anterior entre el Romanticismo histórico, el Romanticismo de las ruinas, y el Romanticismo contemporáneo o de combate. El primero es una evasión hacia el pasado, una huida de los conflictos del presente. El segundo se encara con la sociedad de su tiempo, exalta comportamientos antisociales e inicia una poesía comprometida políticamente.
            Algunos críticos establecen una división diferente: según su hondura y aporte a la renovación de los medios expresivos, existen dos romanticismos. Uno es brillante y caduco porque remite a la superficie de una crisis sin entenderla ni superarla (en Lamartine, Rivas o Zorrilla), el grupo más tradicional que se enmascara tras ademanes declamatorios y escenografía histórica. Otro, subterráneo, menos apreciado en su tiempo, es del que surge la gran literatura de vanguardia posterior (Hölderlin, Coleridge, Poe), con una visión más personal de la realidad. Entre uno y otro se sitúan los románticos en sentido estricto (Byron, Keats, Shelley, Goethe, Victor Hugo), con la expresión de un yo que vive intensamente la crisis con que se abrió el siglo XIX.
            En el Romanticismo estamos ante sentimientos y actitudes que resulta difícil reducir. Entre los principios esenciales se cuentan términos antitéticos como la exaltación del pasado y el impulso progresivo hacia el futuro, el cosmopolitismo y el nacionalismo exacerbado, la angustia existencial que arrastra al suicidio y al entusiasmo revolucionario, el satanismo y la religiosidad, el liberalismo y el absolutismo, lo sentimental y la burla sarcástica del sentimiento,…
            También los aspectos formales merecen tratamientos antitéticos. El tono de los poemas románticos oscila entre lo patético-declamatorio y lo íntimo apenas susurrado; la prosa va desde la descripción morosa de algunas novelas hasta el tono sarcástico de los artículos de costumbres.

El sentimiento del pasado: nacionalismo y exotismo

            El fervor por el pasado es un punto esencial del programa romántico. La Edad Media atrae a los creadores de todos los países. En ella encuentran sus raíces.
            El pasado tiene un ingrediente de evasión y huida de la realidad. El orientalismo responde a esa necesidad. El lujo, sensualidad, colorido, las actitudes caballerescas están en las antípodas de la vida burguesa que se abre paso. Los escenarios orientales son el marco en que se desenvuelven los conflictos y anhelos de los autores: el ansia de libertad, el amor imposible, las guerras civiles,…
            Un último tema ligado al sentimiento del pasado es la presencia de las ruinas, motivo que ya era habitual en el siglo XVIII. La melancolía, producto de la conflictiva realidad social y de las frustraciones personales, se recrea en el ambiente lúgubre de los monumentos en ruinas. A menudo surge el tópico del Ubi sunt?, más desgarrado y patético que en otros tiempos.

La angustia existencial

            La angustia llegó a ser una divisa de la época. El mal del siglo, que arrastró a muchos jóvenes al suicidio, es la desazón ante los conflictos de la existencia.
            Esta vivencia no es ajena al entorno político. El mito del amor imposible quizá sea metáfora de la actitud de los liberales bajo la amenaza absolutista. El equilibrio se quiebra por casualidades trágicas o por presiones sociales que siguen las normas del antiguo régimen, como en Don Álvaro o en Don Juan.
            La melancólica contemplación de las ruinas es la expresión más serena de esta angustia. Un sentido similar tiene la búsqueda de la muerte como recuperación de la paz perdida. En otras ocasiones el poeta querría disolverse en la naturaleza. No es ajeno a este sentimiento el culto a la noche de la época.
            La calma de los cementerios se transforma en la exageración voluntaria de lo lúgubre y lo macabro.
            La placidez nocturna se puebla de horrores, voces misteriosas, brujas en aquelarre, espectros,… La estética del terror fue uno de los descubrimientos del Romanticismo, de la que el mejor ejemplo es Edgar Allan Poe (1809-1849). Las visiones macabras quizá plasmen el fracaso de las aspiraciones humanas.
            Por otra parte, el temperamento romántico es esencialmente religioso. El movimiento tiene un primer punto de inspiración en el cristianismo medieval.
            El idealismo frustrado y en tensión de la época buscaba el apoyo de un misticismo que suavizara la angustia.
            El gusto por lo esotérico y paranormal de estos autores encontró un filón en las tradiciones milagreras. Los espíritus más convencionales, como Zorrilla, cimentaron su fama sobre las narraciones de leyendas piadosas.
            El reverso y complemento de esta actitud lo constituye el satanismo. Es una religiosidad de signo negativo en la que el hombre se enfrenta al creador, se rebela contra el orden por Él establecido y exalta el propio yo en un acto de orgullo y desafío. El satanismo ve al hombre como un ser injustamente condenado, traído a un mundo de horrores. La respuesta es la blasfemia y el sarcasmo. Al concebir la creación como imperfecta y desquiciada, se genera un arte que refleja y expresa. El ideal de belleza es sustituido por el de la expresividad. El artista distorsiona sus materiales para ajustarse con mayor fidelidad al universo caótico que quiere plasmar. En Goya, por ejemplo, encontramos una protesta por el dolor y la angustia que acompañan al hombre.
            Por otra parte, el titanismo romántico expresa el ideal de progreso, del esfuerzo del hombre por dominar el mundo prescindiendo de los poderes ultranaturales. Es el planteamiento ante los viejos dioses del Prometeo de Goethe de que no tenemos nada que compartir con ellos, que no hay nada tan miserable como su poder despótico.
            El Prometeo liberado de Shelley convierte al protagonista en símbolo de la humanidad torturada por los dioses (personificación del mal) y liberada por su propia fuerza (representada por Hércules) y por el primigenio poder de la tierra (Demogorgón).
            El concepto de superhombre de Nietzsche es la pervivencia y la formulación teórica del mito romántico de Prometeo, de su voluntad de dominar el mundo con la fuerza de la razón y de regirse por una moral interior, libre de imposiciones externas.
            Las consecuencias estéticas del titanismo son la hipervaloración de la imaginación y la subjetividad, la ruptura con las recetas,…

El determinismo social en el arte romántico

            La rebeldía presenta dimensiones sociales. El héroe romántico suele ser un desclasado que se mantiene al margen de las leyes y normas imperantes y que, finalmente, es aplastado por la máquina social opresiva, convertida en trágica representación del destino.
            Como los planteamientos de la época son idealistas, el determinismo social se combinará con un destino individual que, a través de azares, provoca la perdición del protagonista, y así en Don Álvaro o la fuerza del sino una pistola se dispara por casualidad, en Los amantes de Teruel se produce un desafortunado retraso. Los personajes se consideran perseguidos por un hado funesto y maldicen de su origen y existencia.
            La palabra maldición fue un motivo recurrente.
            No solo los seres nobles y justicieros, marginados por la incomprensión colectiva, son objeto de veneración. Hay toda una corriente patibularia dentro del Romanticismo que exalta los comportamientos antisociales y denigra, como moralmente corruptos, los papeles rectores de la sociedad. Los personajes predilectos pueden dividirse en dos clases, los rebeldes (criminales, corsarios, bandoleros, piratas, aventureros,…) y los desvalidos (mendigos, huérfanos, muchachas inocentes, peregrinos, cautivos, suicidas,…).
            Una parte del Romanticismo tenía intenciones revolucionarias y voluntad de compromiso social. El texto que se puede poner de ejemplo en este caso es Literatura de Larra, publicado en El español el 18 de enero de 1836. Sus ideas, ligadas al liberalismo progresista, se recogen en el último párrafo: “no queremos esa literatura reducida a las galas del decir (…), sino una literatura apostólica y de propaganda”.
            La época romántica es quizá el momento histórico en que los literatos  están más vinculados al devenir político. Los románticos liberales lucharon por establecer el sistema constitucional. Una vez triunfaron, se escindieron en dos grupos. Unos entendieron que se había consumado la evolución deseada y otros persistieron en la actitud revolucionaria. Los primeros evolucionaron hacia el conservadurismo y los segundos apostaron por la república.

La ruptura de los moldes

            Hay unanimidad en romper con los moldes y pies forzados del Neoclasicismo, en nombre de la naturaleza multiforme y variopinta, de forma que se mezcla lo grave y lo cómico. Todo ello se hace en nombre de la libertad, signo determinante de los nuevos tiempos.
            La ruptura del decoro es un axioma romántico que se expresa de forma precisa en el Prefacio de la obra de Victor Hugo, Cromwell: “de la íntima unión entre lo grotesco y lo sublime surge el genio moderno, complejo, vario, alejado de la simplicidad de lo antiguo”.
            El contraste entre lo monstruoso y lo sentimental cobra tonos melodramáticos en personajes de Hugo o Espronceda.
            El movimiento romántico rompe los esquemas monolíticos del clasicismo. La estructura del poema salta en pedazos. Se abandonan las unidades aristotélicas: tiempo y lugar varían a lo largo de la pieza, la unidad de acción aparece a veces comprometida por intrigas y episodios secundarios.
            Los satíricos se cebaron en la parodia de semejante técnica. Los géneros pierden sus límites tradicionales.
            Otro rasgo importante es la mezcla de verso y prosa, y la polimetría. Se trata de un medio para conseguir una nueva expresividad.
            En los dramas, que han abandonado la separación de géneros, la prosa se emplea en las escenas de ambiente y en los diálogos cotidianos, el verso se reserva para momentos más intensos y líricos, para los monólogos que explican las pasiones de los personajes. La oposición entre el lenguaje rítmico y la secuencia libre es un signo más dentro del entramado dramático para llamar la atención del espectador y subrayar el sentido de la escena.
            Los poetas crearon nuevas combinaciones estróficas. El logro más llamativo fueron las escalas métricas, la serie libre de versos que aumentan o disminuyen su medida. Con este artificio se refleja onomatopéyicamente un proceso (por ejemplo, la galopada de Al-Hamar en una leyenda de Zorrilla o la muerte del protagonista en El estudiante de Salamanca). Estos medios expresivos tienen como finalidad conseguir una comunicación más viva con el receptor y darle una imagen más exacta de la realidad.

Cronología de la época romántica
     
       En el romanticismo pueden distinguirse tres etapas:
-          Prerromanticismo, a fines del siglo XVIII.
-          Romanticismo, entre 1800 y 1850
-          Pervivencia del Romanticismo, desde 1850 hasta la implantación de la estética realista.
Las raíces del movimiento hay que buscarlas en Alemania e Inglaterra, en el último tercio del siglo XVIII. El resto de países europeos llegará a la nueva estética tras las guerras napoleónicas que propiciaron el desarrollo del nacionalismo liberal.
En Francia constituyen hitos fundamentales los escritos teóricos de Madame Stäel, De la Literatura (1800), que inaugura una visión social del arte literario, y De Alemania (1810), cuya edición parisina fue prohibida y destruida por el gobierno de Napoleón. Pero la verdadera generación romántica aparece en torno a 1820, con Victor Hugo o Stendhal.
            En Alemania, tras el grupo Sturm und Drang y las obras críticas y de creación de principios del siglo (Schlegel, Grimm,…) surgen en torno a 1820-30 autores como Heine o Wagner.
En Inglaterra, entre 1800 y 1820, se producen obras de Walter Scott, Byron o Shelley, y entre 1820 y 1840 se enmarca el desarrollo del Romanticismo italiano (con Manzoni), norteamericano (con Poe, Irving…) y portugués.
El límite final del movimiento se coloca en 1850.

El Romanticismo español
           
               La opinión de los críticos está dividida. Para unos se trata de un movimiento paralelo al del resto de Europa y con antecedentes similares. Para otros, el romanticismo español apenas existió. Y hay quien opina que nuestro Romanticismo es un movimiento tardío que triunfó cuando en el resto de Europa estaba ya en decadencia.
            En cualquier caso, parece que la explosión romántica solo se dio tras la muerte de Fernando VII (1833), cuando los liberales llegan al poder. El impulso liberador y exaltado del romanticismo quedó pronto cortado. Sus representantes más destacados mueren (Larra y Espronceda) o evolucionan hacia posiciones conservadoras (Rivas, Zorrilla). La efervescencia del momento dura aproximadamente una década, entre el estreno de La conjuración de Venecia (1834) y el de Don Juan Tenorio (1844).
            A ese fervor romántico le siguió una pervivencia de esquemas formales, aunque se integraron algunos aspectos como la libertad creadora, el medievalismo, la fantasía, o el acercamiento al entorno a través del costumbrismo.
            Desde 1850 se observa la aparición de concepciones próximas al Realismo, tendencias que triunfaron definitivamente a partir de 1875.

La literatura española en la época romántica

            En la literatura de la primera parte del siglo XIX podemos distinguir dos grupos:
-          La generación del Duque de Rivas (1798-1865) y Martínez de la Rosa (1787-1862), que podría denominarse generación de transición y que forman autores nacidos en el siglo XVIII, que tuvieron una formación neoclásica y cuya obra se reparte entre formas clasicistas y románticas. El caso de Fernán Caballero es peculiar, ya que por su fecha de nacimiento (1796) pertenece a este grupo, pero la edición de su obra es tardía.
-          La generación plenamente romántica o de Larra (1809-1837) y Espronceda (1808-1842) nace a principios del siglo XIX y se desarrolla durante la década progresista (1834-1844).
            En lo que respecta a la evolución de los géneros literarios en esta época podemos señalar en primer lugar el auge del periodismo. Larra convierte el artículo periodístico en creación estética. Destaca el costumbrismo en su doble faceta de crítica social y de reflejo nostálgico de tipos populares en trance de desaparecer.
            La novela resurge. Es la época en la que se originan los grandes relatos decimonónicos. Las primeras muestras fueron traducciones del francés y del inglés. Más tarde se desarrolló una producción autóctona. Los géneros dominantes fueron la novela moral, sentimental, de terror, anticlerical, histórica, social, de sucesos contemporáneos y costumbrista. Los tres tipos que lograron mayor difusión fueron la histórica, la social y la costumbrista.
            En el teatro se produjo un enfrentamiento entre la estética neoclásica y la romántica. El influjo clasicista persistió en especial a través de la comedia moratiniana, pero el drama histórico adoptó pronto las nuevas fórmulas, con el abandono de las unidades.
            La época romántica se caracteriza en su dimensión escénica por el apogeo de la ópera, especialmente la italiana.
            La lírica y la épica se funden y ramifican en distintos subgéneros. Proliferan las canciones, eminentemente líricas, las leyendas de ambiente histórico tocado por el ala de lo misterioso, milagroso o terrorífico y el poema filosófico, que pretende dar una visión patética y sarcástica del conjunto de la realidad.
            Paralelamente nace una corriente intimista que irá conformando el estilo de la lírica becqueriana. También se creará una poesía retórica y altisonante, de ideología reaccionaria que dará origen a un sector de la lírica realista.
            La lengua literaria amplía las posibilidades expresivas acogiendo todo género de voces y locuciones.
            El Romanticismo abandona el culto de la belleza por el de la expresividad. Cuanto pueda sacudir la sensibilidad del lector es idóneo para la creación artística.
            Lo cómico y lo trágico se funden. Se mezclan las voces altas y nobles con las vulgares e indecorosas.
            En el lenguaje periodístico, que se acerca al habla cotidiana, encontramos vulgarismos en los artículos de Larra. Los barbarismos son frecuentes. Los anglicismos y galicismos se encuentran en poemas filosóficos de la época. Los arcaísmos están a tono con la moda medievalizante.
            El escritor romántico se permite toda clase de libertades, como construcciones analógicas y contracciones (“alredor”).
            Se introducen en la lengua literaria modernos tecnicismos de la ciencia y la filosofía. Los tópicos literarios tienen su réplica en los clichés lingüísticos. La noche, la luna, las ruinas, las pasiones desbocadas generan una expresión verbal tópica y reiterada. También encontramos el gusto por los esdrújulos, unidos casi siempre a un ambiente de terror y misterio.
            Encontramos un vocabulario de valor sentimental que expresa desequilibrio e insatisfacción. A los elementos tópicos se suma el tono enfático representado gráficamente con puntos suspensivos, admiraciones e interrogaciones. Hay una prosa corrosiva y directa, lo que preludia la renovación literaria del Realismo.

Valoración de nuestro romanticismo

            Algunos críticos juzgan la etapa romántica como una época de esplendor, y en esa valoración pesa el desdén por el siglo XVIII, considerado afrancesado y frío.
            Los protagonistas se consideraban herederos y continuadores de un glorioso pasado cultural.

            A pesar de algunos excesos y carencias, el Romanticismo español es un paso importante en la evolución literaria. Trae temas inéditos y formas nuevas que fructifican en el Realismo y la generación de fin de siglo que hunde sus raíces en las posibilidades abiertas por el romanticismo. Incluso el surrealismo tiene vinculaciones con la libertad creadora que trajeron los románticos.


sábado, 7 de septiembre de 2013

Dodecálogo de Cela para periodistas



     Camilo José Cela (1916-2002) presentó en Madrid su “Dodecálogo de Deberes del periodista” en Madrid, en septiembre de 1992, según recogían los diarios de la época, con el que les recomendaba “ser tan objetivo como un espejo plano”:

        I.- Decir lo que acontece, no lo que quisiera que aconteciese o lo que se imagina que aconteció.

       II.- Decir la verdad, anteponiéndola a cualquier otra consideración y recordando siempre que la mentira no es noticia y, aunque por tal fuere tomada, no es rentable.

   III.- Ser tan objetivo como un espejo plano; la manipulación y aun la mera visión especular y deliberadamente monstruosa de la imagen o la idea expresada con la palabra cabe no más que a la literatura y jamás al periodismo.

     IV.- Callar antes que deformar; el periodismo no es ni el carnaval, ni la cámara de los horrores, ni el museo de figuras de cera.

      V.- Ser independiente en su criterio y no entrar en el juego político inmediato.

      VI.- Aspirar al entendimiento intelectual y no al presentimiento visceral de los sucesos y las situaciones.

     VII.- Funcionar acorde con su empresa –con la línea editorial- ya que un diario ha de ser una unidad de conducta y de expresión y no una suma de parcialidades; en el supuesto de que la no coincidencia de criterios fuera insalvable, ha de buscar trabajo en otro lugar ya que ni la traición (a sí mismo, fingiendo, o a la empresa, mintiendo) ni la conspiración, ni la sublevación, ni el golpe de estado son armas admisibles.

    VIII.- Resistir toda suerte de presiones: morales, sociales, religiosas, políticas, familiares, económicas, sindicales, etc, incluidas las de la propia empresa.

      IX.- Recordar en todo momento que el periodismo no es el eje de nada sino el eco de todo.

    X.- Huir de la voz propia y escribir siempre con la máxima sencillez y corrección posibles y un total respeto a la lengua. Si es ridículo escuchar a un poeta en trance, ¡qué podríamos decir de un periodista inventándose el léxico y sembrando la página de voces entrecomilladas o en cursiva!

    XI.- Conservar el más firme y honesto orgullo profesional a todo trance, manteniendo siempre los debidos respetos, no inclinarse ante nadie.


     XII.- No ensayar la delación ni dar pábulo a la murmuración ni ejercitar jamás la adulación: al delator se le paga con desprecio y con la calderilla del fondo de los reptiles; al murmurador se le acaba cayendo la lengua y al adulador se le premia con una cicatera y despectiva palmadita en la espalda. 


lunes, 1 de julio de 2013

Ciencia en la vida cotidiana



      Durante las últimas semanas anduve haciendo un curso en internet, de esos que probablemente no cuenten para nada en materia de puntos, traslados, expediente académico, pero que me hizo aprender y divertirme.
         El trabajo final debía versar sobre la aplicación del pensamiento científico en la vida cotidiana y a mí se me ocurrió que no había más cotidianeidad que un día de nuestra vida. Este es el trabajo que presenté:


UN DÍA CUALQUIERA

Cuando empecé el curso sobre Pensamiento Científico lo hice porque sentía una necesidad imperiosa por conocer. Pasaba por una época en que veía escandalizada cómo las supersticiones y el pensamiento acrítico parecían pasearse impunemente por el mundo que me rodeaba. Homeopatía, acupuntura, bebidas oxigenadas o hechas con agua de mar, movimientos antivacunas, creencias poderosas en el mal de ojo o nacer con gracia, curaciones milagrosas por imposición de manos…
Lo primero que me llamó la atención en los vídeos fue el hecho de que se me planteaba la historia de la ciencia de una forma global, mucho más ampliamente de lo que había visto nunca. Y eso rompió mis esquemas de forma muy gratificante. El contacto con otras mentalidades, gente variada, me hizo disfrutar intelectualmente. Pero hubo una frase chiquitita en uno de los vídeos, una de esas dichas casi de casualidad: “desde que nacemos la ciencia está presente en nuestras vidas”. Eso es. Y es tan así, que cuando releí el título del proyecto final, sea cual sea el resultado, apareció esa “lucecita”: ciencia aplicada a la vida cotidiana… ¿qué hay más cotidiano que un día de nuestra vida? Algo simple, en principio, y sin embargo tuve que estudiar, debatir, pensar cada uno de los detalles de un día cualquiera.
Hice una lista de acciones. Y ahí comenzó una andadura apasionante, porque ¿podía acaso imaginar siquiera Tales de Mileto que sería considerado el primero en observar un fenómeno como la electricidad? Desde aquel paño frotado con ámbar hasta mi despertador enchufado a la red hay historias apasionantes e increíblemente maravillosas de hombres que observaron, analizaron, comprendieron y explicaron a los demás los fenómenos eléctricos. Y es curioso que nunca me hubiera acercado a esa historia, cuando yo misma tuve que explicarles hace un año a mis alumnos cómo Mary Shelley acudía a los espectáculos teatrales que mostraban los experimentos con electricidad y supo recoger esos aspectos científicos en su Frankenstein.
El sonido de ese despertador es mi primer contacto con la realidad. Es un sonido desagradable, nada armónico, que llega hasta mi cerebro a través del oído. Es impresionante la perfección del oído, cómo las ondas producen vibraciones que se convierten en impulsos nerviosos que al final comprende el cerebro. Una va tomando conciencia de que es hora de levantarse, y avanzo lentamente hasta el baño. Una ducha. Vivo en un lugar seco, donde el agua es un bien escaso. Un compuesto más valioso que casi ningún otro. Desde siempre nos educan recordándonos que entre ducha y baño podemos ahorrar 50 litros, incluso más.
La ciencia y la tecnología han hecho mucho por esta zona. Seca y fácilmente inundable, hay toda una historia acerca de norias, presas, acueductos y canalizaciones de lluvias y ríos, desde el siglo II hasta el XXI.
En la ducha, usamos un jabón bastante avanzado, el gel. En la etiqueta siempre visible aparece el detalle de ph neutro. Nunca me había planteado lo del ph. Resulta que se refiere a “potencial hidrógeno”. Es una medida de acidez y se refiere a la concentración de iones hidronio. Lo de neutro es porque es un nivel ph 5,5, el de la piel humana. Eso se traduce grosso modo en que no provocará agresiones cuando entre en contacto con nuestra piel. Y pueden llevar componentes como aloe vera. Un descubrimiento el de esta planta. Tiene tres capas, la exterior es una protección, pero las otras dos se usan en farmacia. En la segunda contiene aloína que se usa en laxantes. La tercera, que es su reserva de agua, es de la que se extrae la pulpa utilizada en geles.
¿Y lavarse los dientes? Aún recuerdo cuando estudiaba la literatura latina. Catulo criticaba a los hispanos el sonreír en exceso para mostrar la blancura de sus dientes. El motivo era claro: los dientes entonces se lavaban con orina. Así que el sarcástico autor tenía el chiste hecho con esa costumbre. De todas formas, parece que fueron los egipcios los que de verdad inventaron un dentífrico, y a partir del siglo XIX, había antisépticos. En las pastas de dientes se regula especialmente la cantidad de flúor, porque previene la caries si no es en exceso.
Cuando ya estoy lista me preparo el desayuno, aunque me acompaña en los últimos años también el ibuprofeno, por los dolores de espalda, musculares. Es definido como un medicamento de los antiinflamatorios no esteroides y actúa, según dicen en medlineplus, deteniendo la producción de la sustancia que provoca el dolor o la inflamación.
Y mientras desayuno para poder trabajar sin problemas, me paro a pensar en lo fácil que es ahora estar bien alimentado. Y cómo se ha avanzado no solo en nutrición, también en higiene. Algo tan sencillo como tomar un vaso de leche sin riesgos. Mi madre era la pequeña de seis hermanos. Vivían en el campo, tenían un huerto, y llevaban a la casa leche recién sacada. Me contaba que entonces había que hervir varias veces la leche para poder consumirla. Ahora yo solo tengo que abrir el envase. Siempre miro un poco la apariencia. Si no estoy muy segura, de mi madre me quedó esa costumbre de hervirla si uno tiene dudas, pero sé que en el peor de los casos, si no está en perfecto estado, se cortará en ese punto de ebullición.
El caso es que ahora he sabido que la primera pasteurización se realizó el 20 de abril de 1864 y fue el propio Pasteur, junto con su colega Claude Bernard, quien llevó a cabo ese proceso. Eso sí, el método UHT (ultapasteurización), no  se empezó a desarrollar hasta los años 40 del siglo XX, y ya se consiguió el éxito al envasar los alimentos a partir de 1961.
Compruebo que aún no he salido de casa y ya he estado rodeada de adelantos científicos y tecnológicos. Y apenas he comenzado, porque ahora debo ir al garaje. Aún me separan cuarenta kilómetros del instituto donde trabajo. Tengo que usar el mando para abrir la puerta. Hay un código, un mini-idioma entre el mando y la puerta del garaje. Igual que existe entre la llave y el vehículo. Son diferentes a los infrarrojos de otros mandos a distancia como el de las televisiones, porque esos códigos puedo cambiarlos, mientras que los de electrodomésticos son fijos. Ahora he aprendido a “ver” si uno de esos mandos funciona. Como el ojo no puede percibirlos, un compañero de Tecnología me enseñó cómo hacerlo. Simplemente lo miro a través de la cámara de fotos de mi teléfono móvil. Pulso el botón de ese mando y entonces veo esa luz blanca parpadeando.
Mi coche funciona con gasoil. Sé que en el motor diesel no se produce una chispa como en el de gasolina. El gasoil entra pulverizado y mezclado con aire. Al aumentar la presión, el combustible se quema por compresión.  Hay un aumento de temperatura al comprimirlo de esa forma. Aún recuerdo lo que me costó estudiar esa parte en el manual que te daban en la autoescuela, cuando luchaba por obtener el permiso de conducir.
Cuando atravieso la ciudad para llegar hasta la autovía, debo pasar por tres cruces regulados por semáforos. Este aparato estoy acostumbrada a explicarlo en mis clases. Forma un código completo. Las tres luces, rojo, ámbar y verde no tienen sentido si no es en conjunto. Y tanto si se usan las tres, como si se limitan al rojo y al verde, deben estar colocadas siempre en la misma posición, ya sea en vertical o en horizontal. De esta forma, cualquier persona puede circular sin problemas. En especial los daltónicos. La luz roja arriba. O bien la luz roja a la izquierda. Un compañero de Biología me explicó hace tiempo que el daltonismo es una alteración genética que afecta a los conos, unas células sensoriales que permiten percibir los colores. Si los encargados de regular esos semáforos no piensan en esos detalles, no colocan siempre los colores de forma ordenada, podría provocarse algún accidente.
Ya en la autovía debo pasar por un puente sobre el río. Siempre me ha gustado ese puente por el arco que tiene en el centro, con varios tensores, en colores plateados y azules. Un ingeniero me habló de las juntas de dilatación en los puentes, varias, tantas como apoyos tenga ese puente. Están hechas con caucho, aunque a veces pueden estar delimitadas o ancladas por medio de una pieza metálica. Por eso al pasar por encima de ellas, sientes ese golpeteo metálico. Son elementos importantes en esos puentes, ya que permiten absorber los movimientos de las vigas, debidas a la dilatación o a las oscilaciones a las que las somete el tráfico rodante. Más que importantes, por tanto, son imprescindibles.
Y si tengo que observar la ciencia y la tecnología a diario, ¿qué decir en cuanto atravieso las puertas de mi lugar de trabajo? Hay un sistema de cámaras de seguridad, que registran todos los movimientos de las diferentes personas que están ahí cada día. Esas imágenes quedan grabadas durante veinticuatro horas. Si no hay que revisarlas, se borran.
Pero es que además, están todos los instrumentos que utilizamos en la enseñanza, y eso que la asignatura que imparto no parece necesitar muchos elementos. Pero solo en una enumeración somera, ya encuentro lápices, bolígrafos, libros, fotocopiadoras, impresoras, ordenadores, conexión a internet, pizarras digitales, teléfonos fijos y móviles. La verdad es que cuando preparo las clases con el libro de texto, me gusta señalar y hacer las anotaciones en él con el lápiz, por aquello de no estropearlo demasiado. Casi todos sabemos que la mina es de grafito, mezclado con arcilla, pero fue gracias a un compañero de Física que conseguí comprender algo tan sencillo. El rozamiento entre el lápiz y el papel es lo que hace que el grafito se rompa, y esos trocitos se adhieren al papel. Más curioso aún me pareció el hecho de mirar esa realidad aumentada. No es un continuo. En las zonas donde el grafito no llega a adherirse, se puede ver que no se ha llegado a pintar. Y el bolígrafo es sorprendente, solo una bolita (ahora sé que normalmente es de acero) que rueda sobre el papel descargando la tinta.
Y está el papel, la imprenta, las ondas hasta repetidores, la fibra óptica, los cables...
A media mañana hay un recreo, así la jornada se divide en dos mitades, tres horas de clase antes y otras tres después del recreo. Está bien poder descansar así, se rinde más y mejor. Sobre todo los adolescentes. Algunos compañeros aprovechamos para tomar un café. Y yo, por desgracia, fumo un cigarrillo en esa pausa. Cuando vi ese vídeo sobre redes sociales… pensé enseguida en las adicciones. Empecé a fumar por imitación, por inclusión en un grupo. Todos los miembros de la pandilla fumaban, menos yo. Y entonces no nos advertían tanto sobre los peligros o los riesgos del tabaquismo. De hecho, con solo 17 años, pude comprar libremente mi primer cigarrillo. Con el tiempo, muchos de los amigos han ido dejándolo, y eso hace que al menos te plantees abandonar este hábito, igual que ellos. Pero sé que aún me queda un camino largo hasta conseguir abandonar esa droga. Y eso que también sé que en cuestión de días me sentiré mejor, aunque la adicción a la nicotina dure más tiempo.
En España (y creo que en todo el mundo) al menos se ha avanzado mucho en información en este sentido. La Sociedad de Neumología y Cirugía torácica edita una guía sobre el tratamiento del tabaquismo. Y ahí hace hincapié en que el tabaquismo es una enfermedad crónica, en la que suele haber muchos intentos de abandono sin obtener resultados. Pero tanto el médico como el farmacéutico me animan diciendo que al menos yo ya lo he intentado dejar. Así es, más de una vez. Y solo lo conseguí en los dos años en que estaba embarazada y luego amamantaba. Necesitaré una fuerte motivación, igual que en esas ocasiones. Aunque eso de las redes sociales me hizo pensar… intentaré apoyarme también en esos amigos que ya consiguieron abandonar el tabaco.
Sigo con mis clases. Hoy hablo sobre publicidad engañosa, a través de un anuncio que promete salud con solo colocarse unos anillos de silicona en los dedos de los pies. El producto se ofrece a buen precio en apariencia, aunque si uno lo piensa bien… 30 euros por unos siete centímetros de silicona… comparamos con otros productos (tetinas, tubos…). Es carísimo. Observamos si los argumentos y los enunciados son veraces, si no contradicen el sentido común, si de la causa se infiere la conclusión, si el texto aprovecha nuestras debilidades. Intentamos, en fin, aplicar el pensamiento crítico y nuestros conocimientos lingüísticos.
Cuando termino la jornada en el instituto, regreso a casa. Lo más importante al llegar y sobre todo antes de comer, de saludar en casa o de por supuesto meterme en la cocina es lavarme las manos. Las manos sucias pueden propagar infecciones, muchos gérmenes pueden estar en ellas, así que es un ritual muy necesario. En este sentido, recuerdo siempre la historia de I.F.Semmelweiss, un médico que consiguió reducir la mortalidad en las parturientas en el hospital donde trabajaba. El método consistió en lograr que los médicos que las atendían se lavaran las manos antes de asistirlas en el parto. Por desgracia, él murió sin que se le reconociera ese logro.
Una vez metida en la cocina, podemos encontrar varias lecciones de química cotidiana. Conservantes, antioxidantes, vitaminas, conservas en las que se ha extraído el oxígeno, emulsiones como la mayonesa, disoluciones,… Hay un acompañamiento que me gusta especialmente en los guisos: la cebolla. Pero siempre hay que pasar por ese llanto cuando se corta. Y es que en las células de la cebolla existen compuestos que contienen azufre. Cuando la cortas, se rompen las células y esos compuestos sufren una reacción química que los transforma en moléculas sulfuradas, que reaccionan con la humedad de los ojos y así se produce ácido sulfúrico. Nuestra córnea lo detecta y comienza el picor de ojos. Así que casi es inevitable llorar al pelar la cebolla. Aunque precisamente por la solubilidad, puedes evitar el lagrimeo si cortas la cebolla bajo un chorro de agua.
Me gusta sofreírla un poco antes de incorporarla al plato que sea. Y aunque aún se usan sartenes de hierro, es preferible tener antiadherentes, esas sartenes recubiertas de teflón. Ese es un nombre comercial, porque lo que realmente tienen esas sartenes es una capa muy fina de un plástico denominado politetrafluoretileno (sí, he tenido que mirarlo varias veces hasta aprender esa palabra). Es un compuesto de carbono y flúor y tiene una energía superficial muy baja.
Y después de comer, recoger la cocina. Usar para fregar la vajilla ese jabón especial y un estropajo de níquel. Y lejía, un desinfectante muy antiguo, aunque como compuesto ha ido evolucionando con el tiempo.
Después me gusta conectarme a través de internet para mantener charlas con amigos que están a muchos kilómetros. Antes era imposible, pero ahora puedo mantener el contacto con ellos y comunicarme a través de redes sociales o de programas como skype.
A veces, veo algo de deporte en televisión. Ahora hay varios partidos de fútbol que se transmiten vía satélite. Me gusta al mismo tiempo escuchar los comentarios sobre los partidos a través de la radio. Siempre me había preguntado cómo era posible que si la velocidad de la luz y la del sonido eran tan distintas… yo escuchara un par de segundos antes las jugadas a través de la radio, para casi de inmediato verlas por el televisor. Pero es que el sonido es vía terrestre y la imagen es a través del satélite. Incluso se retarda un poco el sonido para que en la emisión estén sincronizados.
Siempre me reservo una hora para pasear. Dicen que media hora ayuda a mantenerse sano, pero no lo hago solo por eso. Me gusta pensar y hablar con la gente, así que durante esa hora puedo hacer ambas cosas. Es una actividad suave, pero creo que  me ayuda a reducir el estrés. Estos beneficios tendré que estudiarlos más. Sé que es recomendable en caso de hipertensión porque los médicos se lo han aconsejado a algunas personas de mi familia.
      Como me gusta tanto el cine, procuro ver al menos una película al día. Esa ilusión óptica. Varios fotogramas que al pasar producen la ilusión de movimiento. Hoy toca “Criadas y señoras”. La película retrata problemas raciales en el sur de Estados Unidos en los años 50 del siglo XX. La discriminación que se plantea tiene raíces históricas, las de la esclavitud. Hasta la abolición tras la guerra de Secesión estadounidense, se justificaba la existencia de esa esclavitud en las llamadas “marca de Caín” y “maldición de Ham” que aparecían en el Génesis bíblico. Pero en la Biblia aparecen también pasajes en que la esclavitud se condena, como cuando en Hechos se dice que Dios “de una sangre ha hecho a todos los hombres” ¿Y si pienso científicamente? No hay base científica para la discriminación. El ser humano es una especie. Homo erectus, homo ergaster, Neandertales, homo floresiensis… De todas las especies de humanos que han existido solo el Homo Sapiens sobrevivió. Y los estudios sobre el genoma humano nos han llevado a comprobar que las diferencias aparentes, las puramente físicas, son una parte trivial de los pares base del ADN humano.
       Hace tiempo que en clase les explico a mis alumnos que el término “raza” está obsoleto. Es una palabra imprecisa, no es científica. Y repasamos algún concepto como el de especie, ya que sabemos que dos humanos pueden reproducirse entre sí, sean como sean en apariencia.
      Ya es de noche. Mañana compartiré el café con mis compañeros, esos pacientes sabios a los que agradezco su inestimable ayuda, en forma de conversación y de referencias bibliográficas.