domingo, 4 de diciembre de 2016

Literatura precolombina




            Antes de 1492 hubo en tierras americanas tres grandes civilizaciones prehispánicas (maya, azteca e inca), tal como observamos en los restos artísticos y arquitectónicos que nos han dejado. Lo que se ha conservado de aquella literatura, de carácter oral, procede de transcripciones tardías o de traducciones españolas.
            De los maya-quichés, asentados en Yucatán y Centroamérica, nos quedan fundamentalmente obras en prosa, como los libros de Chilam Balam (que relatan hechos de la civilización maya, escritos en varias localidades) o los Anales de los Cakchiqueles (escrito en forma de crónica histórica), pero sobre todo el Popol-Vuh y Rabinal Achi.
            El Popol-Vuh es una recopilación de antiguos mitos y leyendas, de tono religioso y cosmogónico. Considerada la “biblia maya”, fue transcrita en el siglo XVI y traducida en el XVII. Se considera que la mejor traducción de esta obra es la de Miguel Ángel Asturias, que además sacaría el título de su obra Hombres de maíz de ella. Según se cuenta, los dioses (tras varios intentos fallidos) hicieron a los seres humanos de este material:
Ésta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo.
Ésta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía.
No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión. No había nada junto, que hiciera ruido, ni cosa alguna que se moviera, ni se agitara, ni hiciera ruido en el cielo. No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.
Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules.
Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gugumatz, en la oscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gugumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento. Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre. Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la claridad en acción del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán.
El primero se llama Caculhá Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxa-Caculhá. Y estos tres son el Corazón del Cielo.
Entonces vinieron juntos Tepeu y Gugumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento.
-¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que esta agua se retire y desocupe el espacio, que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron.
Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra:
- ¡Tierra!, dijeron, y al instante fue hecha.
Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas; y al instante crecieron las montañas.
Solamente por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie.
Y así se llenó de alegría Gugumatz, diciendo:
-¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chípi-Caculhá, Raxa-Caculhá!
-Nuestra obra, nuestra creación será terminada, contestaron.
Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas.
Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua.
De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.
Luego hicieron a los animales pequeños del monte, los guardianes de todos los bosques, los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres, serpientes, culebras, cantiles (víboras), guardianes de los bejucos.
Y dijeron los Progenitores:
-¿Sólo silencio e inmovilidad habrá bajo los árboles y los bejucos? Conviene que en lo sucesivo haya quien los guarde.
Así dijeron cuando meditaron y hablaron enseguida. Al punto fueron creados los venados y las aves. En seguida les repartieron sus moradas los venados y a las aves:
-Tú, venado, dormirás en la vega de los ríos y en los barrancos. Aquí estarás entre la maleza, entre las hierbas; en el bosque os multiplicaréis, en cuatro pies andaréis y os tendréis. Y así como se dijo, así se hizo.
Luego designaron también su morada a los pájaros pequeños y a las aves mayores:
-Vosotros, pájaros, habitaréis sobre los árboles y los bejucos, allí haréis vuestros nidos, allí os multiplicaréis, allí os sacudiréis en las ramas de los árboles y de los bejucos. Así les fue dicho a los venados y a los pájaros para que hicieran lo que debían hacer, y todos tomaron sus habitaciones y sus nidos.
De esta manera los Progenitores les dieron sus habitaciones a los animales de la tierra.
Y estando terminada la creación de todos los cuadrúpedos y las aves, les fue dicho a los cuadrúpedos y pájaros por el Creador y Formador y los Progenitores:
-Hablad, gritad, gorjead, llamad, hablad cada uno según vuestra especie, según la variedad de cada uno. Así les fue dicho a los venados, los pájaros, leones, tigres y serpientes.
-Decid, pues, nuestros nombres, alabadnos a nosotros, vuestra madre, vuestro padre. ¡Invocad, pues, a Huracán, Chipi-Caculhá, Raxa-Caculhá, el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra el Creador, el Formador, los Progenitores; hablad, ínvocadnos, adoradnos!, les dijeron.
Pero no se pudo conseguir que hablaran como los hombres; sólo chillaban, cacareaban y graznaban; no se manifestó la forma de su lenguaje, y cada uno gritaba de manera diferente.
Cuando el Creador y el Formador vieron que no era posible que hablaran, se dijeron entre sí:
-No ha sido posible que ellos digan nuestro nombre, el de nosotros, sus creadores y formadores. Esto no está bien, dijeron entre sí los Progenitores. Entonces se les dijo:
-Seréis cambiados porque no se ha conseguido que habléis. Hemos cambiado de parecer: vuestro alimento, vuestra pastura, vuestra habitación y vuestros nidos los tendréis, serán los barrancos y los bosques, porque no se ha podido lograr que nos adoréis ni nos invoquéis. Todavía hay quienes nos adoren, haremos otros seres que sean obedientes. Vosotros, aceptad vuestro destino: vuestras carnes serán trituradas. Así será. Ésta será vuestra suerte. Así dijeron cuando hicieron saber su voluntad a los animales pequeños y grandes que hay sobre la faz de la tierra.
Así, pues, hubo que hacer una nueva tentativa de crear y formar al hombre por el Creador, el Formador y los Progenitores.
-¡A probar otra vez! Ya se acercan el amanecer y la aurora; ¡hagamos al que nos sustentará y alimentará! ¿Cómo haremos para ser invocados para ser recordados sobre la tierra? Ya hemos probado con nuestras primeras obras, nuestras primeras criaturas; pero no se pudo lograr que fuésemos alabados y venerados por ellos. Probemos ahora a hacer unos seres obedientes, respetuosos, que nos sustenten y alimenten. De este modo hicieron a los seres humanos que existen en la tierra.
            En 1861, Brasseur de Bourbourg dividió el texto en partes y cada parte en capítulos, con el fin de facilitar el estudio del texto: Creación, Historias de Hunahpú e Ixbalanqué (dioses gemelos), Creación de los hombres de maíz, Espera del amanecer y permanencia en Hacauitz, Relatos de migraciones y Fundación de Gumarcah y Listado de generaciones.
            Rabinal Achi es una pieza teatral del siglo XV que trata de la captura y ejecución de un guerrero (K’iche Achi):
¡Oh águilas! ¡Oh jaguares! Vengan, pues, a cumplir su misión, a cumplir su deber; que sus dientes, que sus garras me maten en un momento...” (Rabinal Achí 71).
El nombre original era Xajoj Tun (“Danza del tambor”). La acción es mínima y se basa en largos y corteses diálogos y en danzas musicales. Se divide en cuatro actos. Se representa el 25 de enero, durante la fiesta de Rabinal.

            Los aztecas conformaban un pueblo guerrero del centro de México, de lengua nahuatl, que cultivaron todos los géneros literarios, pero destaca sobre todo su poesía lírica. Muchos de sus reyes mostraron una gran inclinación hacia las artes e hicieron de sus Cortes auténticos focos de cultura donde se practicaba una poesía filosófica de gran complejidad formal.
            La figura más destacada es la del rey Netzahualcóyotl (1402-1472), protector de las letras, jurista y filósofo. Como poeta, destaca en él una fina sensibilidad al preguntarse sobre el sentido de la vida:
Percibo lo secreto, lo oculto:
¡Oh vosotros señores!
Así somos, somos mortales,
De cuatro en cuatro nosotros los hombres,
Todos habremos de irnos,
Todos habremos de morir en la tierra…
Nadie en jade,
Nadie en oro se convertirá:
En la tierra quedará guardado
Todos nos iremos
Allá, de igual modo.
Nadie quedará,
Conjuntamente habrá que perecer,
Nosotros iremos así a su casa.
Como una pintura
Nos iremos borrando.
Como una flor,
Nos iremos secando
Aquí sobre la tierra.
Como vestidura de plumaje de ave zacuán,
De la preciosa ave de cuello de hule,
Nos iremos acabando
Nos vamos a su casa.
Se acercó aquí
Hace giros la tristeza
De los que en su interior viven…
Meditadlo, señores,
Águilas y tigres,
Aunque fuerais de jade,
Aunque allá iréis,
Al lugar de los descarnados…
Tendremos que desaparecer
Nadie habrá de quedar.

Su hijo y sucesor Netzahualpilli también fue poeta. Solo le sobrevivió un poema, Icuic Nezahualpilli yc tlamato huexotzinco (canción de Nezahualpilli durante la guerra con Huexotzinco):
(Así vino a parecer Huejotzingo)
Estoy embriagado,
está embriagado mi corazón:
Se yergue la aurora,
ya canta el ave zacuán
sobre el rayado de escudos,
sobre el ave zacuán
sobre el rayado de escudos
sobre el rayado de dardos.
Alégrate tú Tlacatehuepan,
tú, nuestro vecino, cabeza rapada,
como cuexteca de cabeza rapada.
Embriagado con licor de aguas floridas
allá en la orilla del agua de los pájaros,
cabeza rapada.
Los jades y las plumas de quetzal
con piedras han sido destruidos,
mis grandes señores,
los embriagados por la muerte,
allá en las cementeras acuáticas,
en la orilla del agua,
los mexicanos en la región de los
magueyes.
El águila grita,
el jaguar de gemidos,
¡OH! tú, mi príncipe, Macuilmalinalli,
allí, en la región del humo,
en la tierra de color rojo
rectamente los mexicanos
hacen la guerra.
Yo estoy embriagado, yo cuexteca,
y de florida cabellera rapada,
una y otra vez bebe licor floreciente.
Que se distribuya el florido néctar precioso,
¡OH! hijo mío,
tú, hombre joven y fuerte,
yo palidezco.
Por dónde se extienden las aguas
divinas,
allí están enardecidos,
embriagados los mexicanos
con el florido color de los dioses.
Al chichimeca yo ahora recuerdo.
por esto sólo me aflijo.
Sólo allá está,
donde abren sus coloras las flores de guerra
yo lo recuerdo y por eso ahora lloro.
Sobre los cascabeles Cahiltzin,
en el interior de las aguas se espanta.
Ixtlicuecháhuac con esto muestra arrogancia,
se adueña de las plumas del quetzal,
de las frías turquesas se adueña el cuextécatl.
Ante el rastro del agua, dentro de la guerra,
en el ardor del agua y fuego
sobre nosotros con furia se yergue el Ixtlitoncochotzin,
por esto se muestra arrogante,
se apodera de los plumajes del quetzal,
de las furias turquesas se adueña.
Anda volando el ave de plumas finas,
Tlacahuepatzin, mi poseedor de las flores
como si fueran conejos los persigue el joven fuerte,
el cuexteca en la región de los magueyes.
En el interior del agua cantan,
dan voces las flores divinas.
Se embriagan, dan gritos,
los príncipes que parecen aves preciosas,
los cuexteca en la región de los magueyes.
Nuestros padres se han embriagado,
embriagado de la fuerza.
¡comience la danza!
A su casa se han ido los dueños de las flores ajadas
los poseedores de los escudos de plumas.
Ensangrentado va mi príncipe
amarillo señor nuestro de los cuextecas,
él ataviado con faldellín color de zapote,
Tlacahuelpan se cubre de gloria,
en la región misteriosa donde de algún modo se existe.
Con la flor del licor de la guerra
se ha embriagado mi príncipe,
amarillo señor nuestro de los cuextecas.
Matlaccuiatzin se baña con el licor florido de guerra,
juntos se van a donde de algún modo se existe.
Haz ya resonar
la trompeta de los tigres,
el águila está dando gritos
sobre mi piedra donde se hace el combate,
por encima de los señores.
Ya se van los ancianos,
los cuextecas están embriagados
con el licor florido de los escudos,
se hace el baile en Atlixco.
Haz resonar tu tambor de turquesas,
maguey embriagado con agua florida,
tu collar de flores,
tu penacho de plumas de garza,
tú el del cuerpo pintado.
Ya lo oyen, ya acompañan
las aves de cabeza florida,
al joven fuerte,
el dueño de los escudos que ha regresado.
Mi corazón está triste,
soy el joven Nezaualpilli.
Busco a mis capitanes.
se ha ido el señor,
quetzal floreciente,
se ha ido el joven y fuerte guerrero,
el azul del cielo es su casa.
¿Acaso vienen Tlatohuetzin y Acapipíyol
a beber el florido licor
aquí donde lloro?
(Esta es la versión que se encuentra en el manual de Literatura de Jaime Villa Hernández)

            Por otra parte, el imperio inca se extendía por los actuales Perú, Ecuador, Bolivia y norte de Chile y Argentina. En su literatura, en quechua, destaca la poesía lírica de gran musicalidad, con múltiples subgéneros. Jailli (poesía sagrada), arawi (canción amorosa), aranway (composición satírica), etc.
            Como ejemplo de jaili podemos señalar el Himno a Manko Qhapaj:
Viracocha,
poderoso cimiento del mundo,
tú dispones:
«sea éste varón,
sea ésta mujer».
Señor de la fuente sagrada,
tú gobiernas
hasta el granizo.
¿Dónde estás—
como si no fuera
yo hijo tuyo—
arriba,
abajo,
en el intermedio
o en tu asiento de supremo juez?
Oyeme,
tú que permaneces
en el océano del cielo
y que también vives
en los mares de la tierra.
Gobierno del mundo,
creador del hombre.
Los señores y los príncipes
con sus torpes ojos
quieren verte.
Mas cuando yo pueda ver,
y conocer, y alejarme.

            Por otra parte, los arawi eran canciones amorosas de temática diversa, entre los que encontramos, por ejemplo, la siguiente Canción de ausencia:
¿La desventura, reina,
nos separa?
¿La adversidad, infanta,
nos aleja?
Si fueras flor de chincherkoma,
hermosa mía,
en mi sien y en el vaso de mi corazón
te llevaría.
Pero eres un engaño, igual
que el espejo del agua.
Igual que el espejo del agua ante mis ojos
¿Te vas, amada, sin que nuestro amor
haya durado un día?
He aquí que nos separa
tu madre desleal
para siempre
He aquí que la enemistad de tu padre
nos asume a la desgracia.
Mas, mi reina, tal vez nos encontremos pronto
si Dios, gran amo, lo permite.
Acaso el mismo Dios tenga que unirnos
después.
¡Cómo el recuerdo
de tus ojos reidores
me embelesa!
¡Cómo el recuerdo
de tus ojos traviesos
me enferma de nostalgia!
Basta ya, mi rey, basta ya.
¿Permitirás
que mis lágrimas lleguen a colmar
tu corazón?
Derramando la lluvia de mis lágrimas
sobre las kantutas
y en cada quebrada,
te espero, hermosa mía.

            Como ejemplo de aranway podemos señalar el siguiente:
Quien te dio la cinta verde
que te dè la colorada.
quien te dio la mala noche
que te de la madrugada,
quien te dio la barriguita
que te mantenga en la cama

            De la gran afición inca al teatro sobreviven dos piezas, aunque transcritas ya en época colonial: Ollantay y Atahualpa. En la primera el guerrero protagonista se rebela contra el emperador al negarle este a su amada por razones de clase social. La historia contada en esta obra es de origen inca y se conservó en la tradición oral, hasta que en la época colonial se adaptó para ser representada. Ollantay está escrita en verso y dividida en tres actos:
ACTO I
ESCENA I
Gran plaza en el Cuzco con el templo del Sol en el fondo. La escena tiene lugar ante el vestíbulo del templo. Vestidos característicos de la época incaica.
(Salen OLLANTA, con manto bordado de oro y la maza al hombro, y tras él, PIQUI-CHAQUI.)
OLLANTA.- ¿Has visto, Piqui-Chaqui, a Cusi Ccoyllur en su palacio?
PIQUI-CHAQUI.- No, que el Sol no permita que me acerque allá. ¿Cómo, no temes siendo hija del Inca?
OLLANTA.- Aunque eso sea, siempre he de amar a esta tierna paloma: a ella sola busca mi corazón.
PIQUI-CHAQUI.- ¡Creo que el demonio te ha hechizado! Estás delirando, pues hay muchas doncellas a quienes puedes amar, antes que llegues a viejo. El día que el Inca descubra tu pensamiento, te ha de cortar el cuello y también serás asado como carne.
OLLANTA.- ¡Hombre!, no me sirvas de estorbo. No me contradigas, porque en este momento, te he de quitar la vida, destrozándote con mis propias manos.
PIQUI-CHAQUI.- ¡Veamos! Arrójame afuera como un can muerto, y ya no me dirás cada año, cada día, cada noche:Piqui-Chaqui, busca a Cusi-Ccoyllur.
OLLANTA.- Ya te digo, Piqui-Chaqui, que acometería a la misma muerte con su guadaña; aunque una montaña entera y todos mis enemigos se levantaran contra mí, combatiría con ellos hasta morir por abrazar a Ccoyllur.
PIQUI-CHAQUI.- ¿Y si el demonio saliera?
OLLANTA.- Aun a él hollaría con mis plantas.
PIQUI-CHAQUI.- Porque no veis ni la punta de sus narices, por eso habláis así.
OLLANTA.- En hora buena, Piqui-Chaqui, dime sin recelo: ¿Cusi-Ccoyllur, no es una brillante flor?

El drama Atahualpa, sin actos ni escenas al modo tradicional inca, cuenta la prisión y muerte del emperador a manos de Pizarro. Hacia el final de la obra, Atahualpa arroja su maldición sobre Pizarro, ordena al oro y la plata que se oculten en la tierra e invoca a sus descendientes para que expulsen a los invasores:
Pero mis hijos, los que vengan,
en el futuro recordando
que este fue el país de Atahualpa,
su inca, su padre y su único señor,
arrojarán de aquí,
conseguirán que vuelvan a su tierra
cuantos barbudos enemigos hayan
venido codiciosos
de nuestro oro y de nuestra plata.

            Hoy día se mantiene en varias localidades de Perú y Bolivia la costumbre de representar durante las fiestas patronales  la captura y ejecución de Atahualpa. Suelen ser representaciones en español, quechua y aimara.



martes, 29 de noviembre de 2016

Valle Inclán y Luces de Bohemia





Entre finales del siglo XIX y principios de XX, Europa vivió una serie de cambios que desembocaron en la llamada crisis de la conciencia burguesa. Los valores establecidos hasta entonces se tambalearon y fue necesario sustituirlos por otros nuevos. Las esperanzas que se habían puesto en la clase burguesa como motor de cambio social se desvanecieron.
Hubo un rápido crecimiento industrial (en lo que se conoce como la segunda revolución industrial) que contribuyó al auge de la burguesía; por su parte, las clases obreras se organizaban (en movimientos como el socialismo o el anarquismo) frente al capital. Las tensiones internacionales aumentaban: Alemania pretendía lograr su hegemonía en Europa, Estados Unidos y Japón mostraban su poder en el mundo, en los imperios austrohúngaro y turco surgían convulsiones. El resultado de todo esto fue la I Guerra Mundial (1914-1918).
En el ámbito científico y del pensamiento se vivió la crisis del positivismo y del racionalismo. La razón no era suficiente para conocer ni el mundo ni al ser humano. Surgieron corrientes como la Filosofía irracionalista y vitalista (que defendía que la razón es insuficiente para conocer el mundo, hace falta la intuición), el Psicoanálisis (para el que el ser humano se mueve por impulsos que hay que buscar en el inconsciente), el Existencialismo (que plantea que el ser humano está abocado a la muerte y eso le conduce a la angustia) o el Marxismo (para el que la historia es una lucha de clases y para resolver la angustia que provoca hay que transformar el mundo mediante una revolución). Siguiendo estas teorías, numerosos escritores del siglo XX interpretarán la literatura como un arma para la transformación social, lo que es una novedad frente a otras épocas.
Se produjeron numerosos descubrimientos y avances técnicos. El positivismo decimonónico es sustituido por la idea de indeterminación de Heisenberg. Se considera que una teoría no puede ser tenida por verdadera solo atendiendo a si es útil. Destaca la teoría de la relatividad de Einstein, la teoría atómica de Rutheford, los estudios de radioactividad de los Curie, los rayos X. En el terreno de la medicina destacan los antibióticos.
Durante el primer tercio del siglo XX se desarrollan en Europa las vanguardias, movimientos estéticos que se caracterizan por querer romper los moldes existentes y mostrar cierta provocación frente a la tradición, por la búsqueda de la experimentación formal, por concebir el arte como algo minoritario o por la exclusión del sentimiento en el arte. El Futurismo se basará principalmente en la velocidad, despreciando lo humano y lo relacionado con el sentimiento, el Cubismo tratará de descomponer la realidad y recomponerla simultaneando planos, rechazando todo sentimiento, el Expresionismo deformará la realidad, el Dadaísmo defenderá el absurdo, el Surrealismo defenderá lo fantástico y lo irracional.
En España los movimientos de vanguardia se iniciaron más tarde, en torno a 1920. Además aparecerán dos nuevos movimientos: el Creacionismo, que desea crear nuevas realidades en el poema (especialmente a través de imágenes nuevas) y el Ultraísmo, en el que se mezclan varios movimientos.
            A principios del siglo XX España era un país rural, con un gran atraso en el sector agrario, por lo que se produjo un éxodo rural a ciudades como Madrid o Barcelona, e incluso a América. Por su parte, la industria dependía del exterior en cuanto a materias primas y a tecnología. En España la Segunda Revolución Industrial tuvo una importancia relativa.
La oligarquía, formada por terratenientes y financieros, mantuvo el poder a través del caciquismo en los pueblos. Mediante los caciques locales, se controlaba la política y las elecciones. Los salarios eran bajos y los precios subían. 
El año 1898 marca la cima de la crisis política que afectaba a la Península. El desastre del 98, con la pérdida de las últimas colonias (Cuba, Filipinas y Puerto Rico) fue el colofón. A pesar de todo, la política no varió en este principio de siglo (se siguió con el turno de partidos: liberales y conservadores). Las tensiones sociales se agravaron en la Semana Trágica de Barcelona (1909) y en la huelga general de 1917.
Durante la I Guerra Mundial, España se mantuvo neutral, pero la población se dividió en aliadófilos y germanófilos. En  estos años la economía española experimentó una fuerte recuperación, gracias a la salida de multitud de productos hacia las zonas combatientes; sin embargo, tras la contienda, la crisis se acentuó. A ello se añadió es desastre de Annual (1921) en la guerra de Marruecos. Los «felices 20» solo fueron felices en las capas sociales superiores. En esta fecha aparece el mayor de los esperpentos, Luces de bohemia.
En 1923 el general Primo de Rivera implantó una dictadura que duró hasta 1930.  La destitución del dictador no fue suficiente para que los movimientos progresistas le perdonaran al rey su apoyo a la dictadura. En 1931 se proclamó la Segunda República tras el triunfo en las urnas y se fuerza el exilio de Alfonso XIII. El gobierno progresista emprende reformas. En 1933 ganan las elecciones los conservadores y su contrarreformismo provocó huelgas generales reprimidas duramente por el ejército. En 1936 ganó el Frente Popular. El desacuerdo conservador lleva a algunos militares a urdir un levantamiento. Empieza la Guerra Civil, que durará hasta 1939.
Ante la crisis de la conciencia burguesa la actitud de los intelectuales es de inconformismo y rebeldía, y presenta dos manifestaciones: el Modernismo y la Generación del 98. Hacia 1914 se puede hablar de una nueva generación, la del 14 o novecentismo, que se propone afrontar los problemas de España desde una postura más intelectualista y cuyo guía es Ortega y Gasset. Las vanguardias intervienen a partir de 1920 gracias a Ramón Gómez de la Serna, inspirado por la idea de la “deshumanización del arte” de Ortega. Todo ello sentará las bases de la llamada generación del 27. Este grupo comenzó con un arte deshumanizado, con una profunda admiración por Góngora y con la figura de Juan Ramón Jiménez como maestro, pero hacia 1930 evoluciona hacia una literatura más humanizada y comprometida.
En lo que se refiere a los conceptos de Modernismo y Generación del 98, los críticos se dividen entre los que rechazan el concepto de Generación del 98 y su oposición al Modernismo y los autores que lo admiten, aunque con matizaciones.
Con el término modernista se ha aludido a la época y a la actitud de ciertos autores de principios de siglo que se mostraban inconformistas. En esta acepción se incluirían tanto los escritores del 98 como los considerados tradicionalmente modernistas por su especial atención a la estética. Todos buscaban la renovación del lenguaje literario, una renovación total de la vida y el arte a través de su postura antiburguesa y de la recuperación de la belleza del lenguaje literario. Hay autores del 98 que comenzaron con un estilo muy cercano al Modernismo, como el poeta Antonio Machado en Soledades y Valle-Inclán en las Sonatas.
El Modernismo es un movimiento literario que surge en Hispanoamérica. Su máximo representante es Rubén Darío. Este movimiento se caracteriza por el esteticismo (o búsqueda de la belleza) y el escapismo (en forma de evasión). El término modernista fue utilizado al principio de forma despectiva para aludir a los jóvenes de fines del siglo XIX que pretendían romper con la estética realista. Su actitud era de rebeldía y provocación, y se mostraban inconformistas con su propia clase social, la burguesía, en la que se habían puesto las esperanzas de una mejora social.
Los temas modernistas muestran dos orientaciones: el llamado Modernismo exterior y el Modernismo interior. El interior expresa la intimidad del poeta y se acerca al Romanticismo en sus sentimientos de melancolía, tristeza y hastío. Los ambientes que presentan son otoñales y solitarios. El exterior se evade en el tiempo y en el espacio (hacia la época clásica y la Edad Media, recogiendo leyendas, mitología, lugares lejanos o exóticos). Lo americano se trata como una forma más de evasión hacia el pasado o de búsqueda de raíces; lo español, rechazado en un primer momento, se aceptará como acercamiento a lo común hispánico. Los ambientes serán refinados y aristocráticos y existe un cosmopolitismo cuyo centro será París. El cisne será el símbolo de la belleza.
El lenguaje modernista se encuentra en consonancia con el deseo de alcanzar la belleza. El léxico es muy variado e incluye voces extranjeras, cultismos, arcaísmos, neologismos, etc. Se usan palabras que hacen referencia al lujo y al refinamiento (escarlata, púrpura, malaquita). Se buscan valores sensoriales. Son abundantes las referencias léxicas al color, a la luz y al sonido. Las sinestesias y las aliteraciones son frecuentes (como en el verso Los suspiros se escapan de su boca de fresa). También aparecen imágenes originales y sorprendentes.
El Modernismo español se caracteriza por su tendencia al intimismo y al simbolismo y por su menor preocupación por el esplendor formal. Los modernistas más destacados en España son Manuel Machado, Francisco Villaespesa y Eduardo Marquina. Otros autores reciben influencias del Modernismo en su primera etapa, como Antonio Machado o Valle Inclán.
Por otra parte, el nombre de generación del 98 fue propuesto por Azorín para referirse a una serie de escritores que tenían en común un espíritu de protesta y un profundo amor al arte. Hoy se considera que pertenecen a esta generación Unamuno, Baroja, Maeztu, Azorín, Valle Inclán y Antonio Machado.
Todos los autores nacieron con diez años de diferencia, fueron autodidactas en su formación, participaron en actos colectivos (como la protesta por el premio Nobel a Echegaray), y aunque tuvieron una evolución ideológica distinta, redactaron un Manifiesto en 1903 en el que denunciaban los problemas de España. El acontecimiento que los aglutinaba fue el llamado “desastre del 98”. Cada uno adoptará, no obstante, un estilo personal.
En cuanto a los temas, el fundamental es el problema de España. El pesimismo que trajo consigo la pérdida de las últimas colonias provocó que los autores buscaran respuestas más filosóficas que prácticas. Reflejaron la situación de atraso del país, y para ello propusieron en un primer momento “europeizar España”. Posteriormente, encontraron más acertado ahondar en las raíces de España y hablaron de “españolizar Europa”.
La búsqueda de las raíces les condujo a valorar la historia, pero sobre todo la historia de las gentes sencillas (lo que Unamuno llamó “intrahistoria”). Castilla y el paisaje castellano llamaron la atención de estos autores, que lo reflejarán de manera lírica (el paisaje aparentemente pobre de la Meseta les servirá para proyectar su estado de ánimo). Los temas existenciales y religiosos también llamaron su atención. Son considerados precursores del existencialismo por su obsesión por el paso del tiempo, la muerte o el sentido de la existencia. En este sentido estuvieron influenciados por Schopenhauer, Nietzche y Kierkegaard.
El estilo es sobrio y aparentemente sencillo, pero muy cuidado. Los autores usan palabras tradicionales rescatadas del pueblo, a las que denominan terruñeras. Se muestran subjetivos y utilizan el lirismo.
El grupo del 98 reconoció su admirción por Galdós o Bécquer, y reconocieron la influencia de clásicos como Quevedo, Cervantes o Larra. En su afán de buscar la esencia de lo español, recuperó leyendas y tradiciones, y recurrió a menudo a lo medieval. Innovaron en cuanto a los géneros literarios, a los que confieren mayor flexibilidad (un ejemplo serían las llamadas nivolas de Unamuno).

Debemos centrarnos en el teatro anterior a 1936. Y en este punto podemos recordar el ensayo de Émile Zola «El Naturalismo en el teatro» donde insistió en la necesidad de retratar las costumbres y los problemas humanos mediante el análisis psicológico de los caracteres, dando así el primer paso para inaugurar el teatro del siglo XX. Tiempo después coexistirían en Europa diversas maneras de entender el teatro: el simbolista con su misterio poético, el expresionista que distorsionaba la realidad o el teatro vanguardista que intentó romper con cualquier premisa tradicional.
En España la situación del teatro fue muy precaria. Por un lado, la escena española no tuvo renovadores del teatro como Bertold Brecht o Beckett; por otro, las grandes actrices y actores, junto a los empresarios impusieron sus gustos tradicionales y la burguesía que sustentaba el teatro no deseaba grandes cambios. Ni entendía ni era partidaria de ese teatro innovador. Además, el nuevo teatro atacaba a la sociedad aburguesada y los empresarios no estaban dispuestos a perder sus beneficios, así que no se arriesgarían con producciones innovadoras. Podemos decir que, entre todos los géneros literarios, el dramático es el que se encuentra más condicionado por los intereses comerciales. Por ello, los dramaturgos que quieren triunfar deben amoldarse a los gustos del público. El teatro imperante fue básicamente de entretenimiento: tragedias rurales, dramas modernistas en verso o teatro cómico.
Debido a todos los factores mencionados, el teatro español del primer tercio del siglo XX se divide en dos grandes bloques: el teatro comercial y el renovador. Dentro del primer bloque encontramos la comedia benaventina, el teatro cómico y el teatro poético. En el teatro renovador, encontramos algunas muestras de autores como Unamuno, Azorín, García Lorca y Valle Inclán.
El teatro que triunfa, desde un punto de vista comercial es el continuador de las tendencias anteriores. La llamada Alta comedia o comedia benaventina tuvo como máximo representante a Jacinto Benavente, Premio Nobel de Literatura en 1922. Su teatro era continuador del realismo del siglo XIX, aunque renovando la escenografía. Refleja el modo de vida de la burguesía y se permite una crítica suave de sus costumbres. Estas obras suelen situarse en salones lujosos e incluyen cierta ironía y humor. Su gran virtud era el dominio del lenguaje. Sus obras más destacadas fueron Los intereses creados (1907) y La Malquerida (1913). Pérez de Ayala comentó que Benavente hacía un teatro «sin acción y sin pasión, y por ende sin motivaciones ni caracteres, y lo que es peor, sin realidad verdadera. Es un teatro meramente oral».
El teatro cómico, por otra parte, estaba pensado exclusivamente para entretener al público mediante un humor facilón y burlesco. En esta tendencia destaca Carlos Arniches con su «tragedia grotesca». Su obra recoge sainetes ambientados en un Madrid pintoresco y chulapo en el que los personajes reproducen el lenguaje de las clases populares, destacando entre su producción La señorita de Trevélez (1916). Otros autores destacados son los hermanos Quintero, quienes se dedicaron al teatro regionalista andaluz, basado en patrones repetitivos en el que destaca Las de Caín (1908). Por otra parte, debemos señalar también al inventor de un nuevo género, el astracán: Pedro Muñoz Seca que parodió el teatro romántico escrito en verso y que solo pretendía hacer reír. Su obra más popular fue La venganza de don Mendo (1918).
En cuanto al teatro poético, estaba escrito en verso y ligado al Modernismo. Estética e ideológicamente era conservador. En él se cantaban las glorias y pérdidas de la España Imperial. Sus autores más aplaudidos fueron Eduardo Marquina con la obra En Flandes se ha puesto el sol (1910) y Francisco Villaespesa con El alcázar de las perlas (1911).
Junto al anterior hay un teatro renovador, crítico con la sociedad y experimental en sus formas y estructura dramáticas, que no tuvo la atención mayoritaria del público. Son varios los intentos de renovación teatral que rompían con los elementos del teatro comercial, entre los que cabe destacar:
a. El teatro de Unamuno, que redujo los personajes al máximo, se centró en las pasiones y el esquematismo de la acción. Fedra (1911) y El Otro (1927) son dos de sus obras más representativas.
b. El antirrealismo de Azorín incluyó lo subconsciente, lo onírico y lo fantástico. Abordó temas como la felicidad, el tiempo y la muerte en la trilogía Lo invisible.
c. El teatro de Federico García Lorca partió del teatro modernista, utilizó la farsa, el teatro donde se rompía la lógica del espacio y del tiempo, y recuperó la tragedia. Ejemplo de esta última son Bodas de sangre, Yerma o La casa de Bernarda Alba. Además podemos mencionar su obra El público.
d. El teatro de Valle-Inclán comenzó con el simbolismo y el modernismo, evolucionó hacia expresiones de lo trágico pasando por la farsa, hasta llegar a su creación más innovadora, el esperpento. La ausencia de obligaciones comerciales le permitió indagar en propuestas mucho más innovadoras. Jugó con el cubismo y el expresionismo, así como con la técnica de la iluminación de otras artes plásticas. Quiso fusionar el teatro y el cine en un nuevo arte escénico, «el Teatro nuevo, moderno. La visualidad. Más de los sentidos corporales; pero es arte. Un nuevo Arte. El nuevo arte plástico. Belleza viva. Y algún día se unirán y completarán el Cinematógrafo y el Teatro por antonomasia, los dos Teatros en un solo Teatro».

Centrándonos en la figura de Ramón María del Valle lnclán, podemos recordar su inconformismo y una permanente persecución de nuevas formas literarias. La evolución de su escritura está marcada por un giro desde el compromiso estético al compromiso ético. Luces de bohemia es un ejemplo fundamental para el estudio de la conciencia artística de su autor, al servicio de la expresión del desencanto, de la denuncia de los vicios nacionales por excelencia (en la línea de Quevedo y Larra). Valle ofrece en su obra el testimonio de una época en que la realidad española conducía a lo que podríamos llamar «mentalidad esperpéntica».
Debemos señalar en Valle Inclán un profundo conocimiento de los clásicos, en especial de Quevedo. La conciencia lingüística de Valle Inclán no tiene parangón entre los hombres de su tiempo; nadie como él supo acuñar términos, forzar las posibilidades de los ya existentes, o poner en circulación palabras difuntas, resucitadas a la luz de su discurso. Al principio de su producción dominan las influencias francesas, a las que fue añadiendo otras germánicas.
La vida de este autor transcurrió en uno de los momentos más conflictivos de la historia de España, puesto que asistió a las dos experiencias republicanas, a las guerras carlistas, al abandono del trono por dos reyes, a la Dictadura de Primo de Rivera... Su mentalidad fue cambiando, paralelamente al desarrollo de la mentalidad obrera y sindicalista, y hay que destacar en él la gradual toma de conciencia de que la realidad española necesitaba soluciones drásticas.
En sus escritos podemos rastrear elementos importantes para conocer su interpretación de la historia y de la realidad que le tocó vivir. La clave «esperpéntica» caracteriza una visión vigorosa y valiente de su época. Se mostró desde un principio antiburgués. Consideraba a esa civilización mecanizada y fea, al tiempo que mostraba su repulsa del liberalismo. Ensalzaba los viejos valores de una sociedad rural arcaizante. Hacia 1910 se proclama «carlista por estética». Pero, a partir de 1915, dará un giro radical: se sigue oponiendo a lo mismo, pero ya no desde un tradicionalismo idílico, sino desde posiciones revolucionarias. Sus declaraciones en este sentido se hacen más frecuentes desde 1920 (año de Luces de bohemia). Se enfrentó con la Dictadura de Primo de Rivera. Al proclamarse la República, llega a pedir para España «una dictadura como la de Lenin». Y en 1933 ingresa en el Partido Comunista.
La personalidad de Valle se manifiesta, ideológicamente, en una evolución desde unas posturas conservadoras en su juventud hacia una progresiva radicalización de su pensamiento y un creciente interés por el clasismo social, patente en su actuación pública y su obra de los últimos años (la comparación, por ejemplo, de las dos versiones de Luces de Bohemia testimonia una llamativa radicalización política desde 1920 hasta 1924). En 1922 fue objeto de un homenaje público. Sostuvo una lucha verbal con el Directorio de Primo de Rivera, al que «esperpentizó» en La hija del capitán. En 1929 fue encarcelado por negarse a pagar una multa impuesta por los incidentes provocados en el Palacio de la Música. Valle Inclán combatió el teatro mediocre de su época, protestando de viva voz en el transcurso de las representaciones, protagonizando escándalos en los estrenos, ejerciendo de «hombre de teatro».
Literariamente la vida de Valle-Inclán transcurre en momentos de gran importancia para las letras occidentales. La estética busca la originalidad, que cristalizará en la sucesión rápida de distintas escuelas, tendencias y movimientos interrelacionados, pero conformados de manera que resulta incalificable e inclasificable.
Valle Inclán cultivó la poesía, la novela y el teatro. Su carácter revolucionario se manifiesta especialmente en su obra literaria última, con la que se encumbra a la vanguardia de los grandes escritores del siglo XX. Este genial «hidalgo libertario» tenía un insobornable orgullo de artista, que le costó penurias económicas; su desprecio por lo fácil y lo mediocre era absoluto, como también lo era su honestidad estética; si su teatro revolucionario se adelanta a muchos grandes renovadores de la escena occidental, tampoco se quedó atrás en la concepción y cultivo de la novela; sus ideas se confirman plenamente en la evolución del género. 
La obra literaria de Valle Inclán sigue una evolución que le lleva de un modernismo elegante y nostálgico de tiempos pasados hasta una literatura de hondo contenido crítico basada en la distorsión de la realidad. Este cambio en sus obras viene uniformado por una misma postura estética que se aleja de las formas burguesas, en lo social, y de las formas realistas, en lo artístico. Si en sus comienzos compartió con Rubén Darío el gusto por el Modernismo, su inquietud le llevó a fraguar un «arte de ruptura». Por otra parte, su asombroso dominio del idioma hace de él uno de los grandes creadores que ha habido en nuestra lengua.
Por otra parte, las actitudes y posturas de Valle tienen poco que ver con las de los tradicionalmente denominados «noventayochistas». Dado que el 98 no es una estética, hay que reconocer que Valle Inclán superó el Modernismo, llegó a un estilo propio y original, y abrió nuevos caminos para la literatura en español.
La evolución de la obra de Valle no presenta fracturas importantes, a pesar de su evidente disparidad. Existe un verdadero abismo entre las Sonatas y el Ruedo Ibérico, pero bajo todas las diferencias se aprecia siempre la mano de un genio único. Valle Inclán cultivó todos los géneros con acierto. Atendiendo a la evolución cronológica de la obra de Valle Inclán, suelen admitirse tres etapas en ella: modernista,  de transición y de los esperpentos.
Hasta 1907, aproximadamente, la ambientación y el estilo de sus obras era modernista, con lirismo, estilización evasión e idealismo. Así lo vemos en su producción lírica como Aromas de leyenda. En cuanto a su producción narrativa, cuando en 1895 edita Valle Inclán el volumen de cuentos Femeninas se nota el intento de ofrecer al lector una nueva forma de narrar en la que se pone una mayor atención en los valores formales. En la obra predomina el esteticismo. Entre 1897 y 1904 escribirá diferentes obras (Epitalamio, Jardín umbrío, Corte de amor o Flor de santidad) ambientadas en la Galicia primitiva y mítica, donde la mezcla perfecta de lo real y lo legendario, de lo aristocrático y lo popular es normal. Este género está dominado por el esteticismo de las Sonatas (Sonata de Otoño, Sonata de Estío, Sonata de Primavera y Sonata de Invierno), novelas en las que prevalece la exaltación de un mundo decadente visto con mirada nostálgica. La obra dramática de Valle Inclán de esta primera etapa representa los caminos fallidos de su dramaturgia. Cenizas, «drama en tres actos» (1899), reelaborada bajo el título de El yermo de las almas, «episodios de la vida íntima» (1908), y El marqués de Bradomín, «coloquios románticos» (1906), versión teatral de las Sonatas, se inscriben dentro de un decadentismo convencional. Cuento de abril (1910) y Voces de gesta (1911) podrían considerarse como parte del teatro «poético». En la primera, que se sitúa en la Provenza medieval y trata del amor desgraciado de un trovador por una princesa, se advierten los tópicos del modernismo. La segunda, que pretende lograr un tono épico, se sitúa en el País Vasco y se puede relacionar con las novelas de la guerra carlista.
Entre 1907 y 1920 encontramos dos trilogías de Valle-Inclán: las Comedias bárbaras y las novelas de La Guerra carlista. En La Guerra carlista escrita entre 1908 y 1909 (Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera y Gerifaltes de antaño), encontramos el contraste entre el canto al heroísmo y la denuncia de la brutalidad. Con las Comedias bárbaras (Águila de blasón, Romance de lobos y Cara de plata) encuentra Valle una primera vía de superación del realismo y el esteticismo, y da el primer paso hacia su aportación más valiosa y original al teatro moderno español y europeo, el esperpento. Lo característico de esta trilogía, en la que perviven elementos modernistas, es el sustrato de pasiones primitivas y violentas sobre el que se levanta un universo mítico dominado por la muerte y el mal junto a la fuerza elemental del sexo. En este clima donde todo nos parece bárbaro y descomunal, la acción deja de estar al servicio de una idea, el espacio escénico rebasa las posibilidades del escenario tradicional «a la italiana» como exigencia intrínseca a la propia estructura dramática y los personajes se liberan de la psicología para aparecer movidos por terribles fuerzas misteriosas. El punto de vista del autor se debate entre la nostalgia por lo ya perdido y la crítica de dicho mundo. Una Galicia mítica sirve de marco a esta trilogía, lo mismo que a El embrujado y a Divinas palabras, culminación de este ciclo en los umbrales del esperpento. El tratamiento de lo diabólico, de lo monstruoso, del tema de la crueldad en esta obra difícilmente encuentra término de comparación en la dramaturgia contemporánea. La acción gira en torno a la lujuria, representada por Mari-Gaila, y la avaricia con que esta y su cuñada, Marica del Reino, se disputan la explotación del enano hidrocéfalo Laureaniño el Idiota a la muerte de su madre, que ya obtenía beneficios exhibiéndolo por ferias y caminos. En esta obra desciende Valle en busca de una realidad «bruta», de unas manifestaciones humanas «elementales», más allá de las apariencias civilizadas. Paralelamente, Valle desarrolla la tendencia a la esquematización y la deformación caricaturesca en las obras que integran el ciclo de la farsa: Farsa infantil de la cabeza de dragón (1909), La marquesa Rosalinda (1912), Farsa italiana de la enamorada del rey (1920) y Farsa y licencia de la reina castiza (1920). En este ciclo utiliza elementos del cuento tradicional, del teatro de marionetas, de la commedia dell’arte; su vuelta a la farsa, cada vez más «grotesca» y menos «sentimental» desde La cabeza del dragón (la única del ciclo en prosa) hasta La Reina castiza. Esta última obra, escrita el mismo año que Divinas palabras y Luces de Bohemia, representa la resolución del ciclo de la farsa en el esperpentismo. Toda huella del modernismo ha desaparecido. Unos personajes convertidos en fantoches en medio de un lenguaje distorsionado hasta lo absurdo representan los distintos «tipos» (reyes, cortesanos, ministros, espadones y pueblo) que integran el retablo de la España isabelina.
Entre 1920 y 1936 se produce la etapa de los esperpentos. Valle desmitifica la España contemporánea mostrando las deficiencias que imposibilitan a sus habitantes poder llevar una vida digna. El esperpento es la mayor aportación de Valle al teatro europeo del primer tercio del siglo XX y es un precedente del nuevo teatro experimental de Brecht. A partir de 1920 la obra de Valle se centrará en la denuncia de un mundo dominado por lo deforme y lo absurdo; denuncia que llevará a cabo también con un lenguaje deformado.
En 1920, Valle Inclán utiliza el término “esperpento” como calificativo de Luces de bohemia; en 1921 publica Los cuernos de don Friolera con igual designación; igual sucede en 1927 con La hija del capitán, y en 1930 agrupa estas dos últimas piezas más Las galas del difunto en «Martes de Carnaval»: Esperpentos. Son estas las cuatro obras a las que Valle dio este nombre, a pesar de lo cual la mayoría de los críticos consideran también esperpentos otras. Frente a la Galicia mítica de las Comedias bárbaras y al grotesco mundo dieciochesco de las Farsas, Valle elige para sus esperpentos como tema a la España contemporánea y como procedimiento la deformación desmitificadora. Es las cuatro piezas denominadas así por el autor encontramos imágenes de la patria reflejadas en el espejo cóncavo de la nueva estética. A esta etapa pertenecen las novelas Tirano Banderas (1926) y la trilogía El ruedo ibérico (La corte de los milagros, Viva mi dueño y Baza de espadas) y La pipa de kif (1919), en su producción lírica.
Recordemos, a pesar de la división establecida en etapas, que Valle no abandona enteramente ninguna corriente cultivada al superarla, sino que conserva de ella los elementos que le interesan por su eficacia expresiva para la evolución de su literatura hacia el esperpento.

Luces de bohemia

Esta obra aparece publicada por primera vez en la revista «España» en 1920. En esa primera edición la obra no está completa. En 1924 se publica en libro, con tres escenas añadidas (la II, la VI y la XI de la versión definitiva).
La obra cuenta la última noche de la vida de Max Estrella, poeta miserable y ciego. Como punto de partida, Valle se inspiró en la figura y en la muerte del novelista Alejando Sawa, el mismo que inspiró a Baroja el Villasús de El árbol de la ciencia. Pero, a partir de esa figura real, Luces de bohemia cobra unas dimensiones que trascienden la anécdota del fracaso y la muerte de un escritor mediocre. La obra va a convertirse en una parábola trágica y grotesca de la imposibilidad de vivir en una España deforme, injusta, opresiva, absurda; una España donde no encuentran sitio la pureza, la honestidad o el noble.
Desde nuestra perspectiva actual, Luces de Bohemia se nos presenta como un texto muy original. Pero no lo es tanto, ya que Valle, en realidad, compone su obra recogiendo materiales y técnicas que eran comunes a los dramaturgos de su época y conocidas por el público de su tiempo. La originalidad de Valle reside en saber combinar todos esos materiales para darnos una visión coherente, desesperanzada de la España de su tiempo. Las fuentes de las que se vale el autor para la construcción de su obra son las siguientes:
a) La propia realidad
El personaje protagonista (Max Estrella) está directamente inspirado en el escritor Alejandro Sawa. Algunos de los aspectos biográficos de este autor aparecen en la construcción del personaje de Valle: es poeta y prosista, residió en Francia (donde se casó y tuvo una hija), frecuentó en Madrid los ambientes bohemios, trabó amistad con Valle y con Rubén Darío y murió ciego, loco y pobre. El protagonista de Luces de bohemia comparte con Sawa muchos rasgos: el oficio de Max Estrella es la literatura, su esposa se llama Madame Collet (francesa), tiene una sola hija (Claudinita), la obra es un recorrido por la noche madrileña, aparece Rubén Darío en la obra, Max Estrella es ciego, pobre como las ratas y con una tendencia a la locura que se manifiesta en varios momentos del drama.
Pero la presencia de la realidad en la obra no se reduce al protagonista, sino que es una constante conseguida por el autor mediante tres mecanismos diferentes: aparición de personajes reales, alusiones a personalidades de la vida española (como Maura) y a circunstancias históricas.
b) Literaturización
El texto está repleto de referencias literarias: aparecen personajes relacionados con el mundo literario, así como personajes ficticios de otras obras (el Marqués de Bradomín, por ejemplo), también frases de obras clásicas y recreaciones de escenas (los sepultureros, por ejemplo), deformaciones que tienen sus antecedentes en Quevedo y en la literatura paródica, lenguaje de los sainetes, o la ceguera que recuerda al Lazarillo o a Homero.
Con todos esos elementos, Valle-Inclán construye su obra y la dota de originalidad al pretender ofrecernos un retrato de la sociedad española de principios de siglo mediante la aplicación de su estética deformada, una deformación que es aplicada a todos los aspectos de la vida y a todos los niveles sociales.

En lo que se refiere al género de Luces de Bohemia, adquiere forma de texto dramático, pero algunos datos nos hacen pensar que Valle no pensaba seriamente en la posibilidad de su representación, ya que son múltiples los espacios dramáticos, las acotaciones sirven para que el autor narre y opine sobre los personajes y las acciones, y fue publicada como libro, sin que haya constancia de que se intentara representar.  
Sin embargo, Luces de bohemia es teatro. Para Francisco Ruiz Ramón, Valle Inclán anticipa lo que en la segunda mitad del siglo XX se ha llamado «teatro en libertad». En el texto podemos encontrar rasgos que nos permiten su inclusión en la tragedia o no. Es una tragedia en tanto que el protagonista se enfrenta a un destino que lo supera, pertenece a una clase superior intelectualmente y muere. Pero no es una tragedia si atendemos al uso en ocasiones del lenguaje coloquial y vulgar, a la aparición de personajes de clases bajas y a la inclusión de pasajes cómicos y humorísticos.
Es imposible incluir la obra dentro de uno de los géneros teatrales clásicos. La razón de esta dificultad nos la da el propio autor en la escena XII. Valle Inclán es consciente de lo inclasificable de su obra, de ahí la denominación que nos propone: el esperpento.

Características del esperpento y su reflejo en Luces de Bohemia

El esperpento es un nuevo concepto estético que pretendía reflejar la realidad más profunda de los seres humanos distorsionando o exagerando los rasgos físicos y ambientales con la finalidad de hacer el retrato emocional de la sociedad española de su tiempo. Valle Inclán cree que una realidad nacional deformada, sórdida y ridícula solo podrá reflejarse con total exactitud por medio de una estética igualmente deformada, y para ilustrarlo habla de los espejos del Callejón del Gato, en Madrid, en la escena XII de la obra. La matemática perfecta a la que se refiere es la utilización de una estética que deforma de manera sistemática los rasgos de los personajes y el entorno que los rodea, exagerándolos y ridiculizándolos para mostrar la degradación espiritual y social en la que viven. Gracias a esta deformación exacta, matemática, de la realidad, Valle reflejará con exactitud la vida española, muy deformada por la injusticia, la miseria, la opresión y la incultura.
Con el esperpentismo Valle «descoyunta» la realidad con objeto de lograr distanciar de ella al espectador, a fin de que este tome conciencia y llegue a un compromiso por el más perjudicado de una realidad vital absurda y burguesa. Ofrecernos «una visión sistemáticamente deformada de la vida española» es el principio estético, el punto de partida o la intención última del autor. La deformación de la realidad es considerada la aportación más novedosa del autor y su obra; ahora bien, esta técnica no es exclusiva de Valle. Existe una importante tradición artística de la degradación de la realidad (podríamos mencionar la obra de Goya, Munch o Quevedo).
Por otra parte, no es una forma exclusivamente dramática porque Valle empleará rasgos esperpénticos en otras obras suyas, como sucede en la novela Tirano Banderas.
Valle logra la estética del esperpento a través de diferentes procedimientos, como son la degradación de los personajes (los presenta como seres ridículos, deshumanizándolos), la esperpentización de espacios y ambientes (se presentan sucios y chabacanos), el uso del contraste (entre lo grave y lo burlesco, o entre lo doloroso y lo grotesco) y el uso continuado de la ironía, el humor y el sarcasmo (hay una risa “agria” que sirve a los personajes de consuelo ante el hambre y el mal gobierno).

Principales temas en Luces de Bohemia

El argumento de Luces de bohemia consiste en la dramatización de la última noche de la vida de Máximo Estrella. A partir de esta anécdota, Valle nos quiere dar una imagen de la España de su tiempo, dominada por la miseria, la locura y la violencia. La peregrinación de Max Estrella es un «viaje al fondo de la noche». Max desciende a los abismos de la injusticia y de la miseria. Y no sabemos si lo que lo mata es el frío, el hambre, el alcohol o su corazón cansado, o si es el dolor por el espectáculo que tiene en torno. Algunos críticos han pensado que lo Valle pretende reflejar la vida española como un infierno, y por esa razón afirman que la obra, en algunos momentos, presenta contactos con la Divina Comedia de Dante. En su peregrinación «infernal», en su descenso a los infiernos, Max va acompañado por Don Latino, como Dante iba acompañado por el poeta Virgilio. El infierno en Dante es descrito como un círculo, mientras que el viaje de Max también es circular. En la escena XI exclama: «Latino, sácame de este círculo infernal.» Y luego afirma: «Nuestra vida es un círculo dantesco.» Pero, en todo caso, el infierno de Dante se ha trasladado a Madrid y ha pasado por los espejos del callejón del Gato.
El tema principal es el enfrentamiento entre dos mundos: el de las víctimas del poder y el de los poderosos. Entre las víctimas del poder estarán los dos únicos personajes verdaderamente trágicos de la obra: el preso y la madre del niño muerto, también los bohemios, con Max a la cabeza. Los poderosos son los que explotan a los demás o son cómplices del poder justificando sus decisiones: el Ministro, Serafín el Bonito, el librero Zaratustra o Don Latino.
Otros temas que aparecen son la muerte (las referencias al suicidio aparecen desde el principio), la religión, la realidad social y política (con las críticas a la represión y a la burguesía) y la literatura.

            En lo referente a la estructura de la obra, Luces de Bohemia se compone de quince escenas yuxtapuestas, cada una de las cuales constituye una unidad dramática en sí misma. La acción se desarrolla linealmente. Además, en la obra se repiten una serie de motivos que dan unidad a esa sucesión de escenas (la pareja protagonista, el décimo de lotería, las alucinaciones de Max estrella y las muertes que se suceden).
            Por otra parte, podemos destacar la división de algunos críticos, que consideran las escenas I a XII como la primera parte y las tres últimas escenas como un “epílogo”, tras la muerte del protagonista.

Por lo que se refiere al tiempo y al espacio, el escaso tiempo dramático condensa un amplio tiempo histórico o real, con referencias históricas y literarias en un confuso anacronismo (la pérdida de las últimas colonias, la semana trágica de Barcelona, el reinado de Alfonso XIII o la coexistencia de modernistas y ultraístas).
            El tiempo dramático de la acción apenas rebasa las 24 horas, el tiempo de Max Estrella es menor, ya que muere antes del amanecer. No hay saltos temporales, como decíamos, sino que se sigue un desarrollo cronológico lineal (salvo en las escenas VI y VII que son simultáneas).
            Debemos señalar también la existencia de la elipsis que se produce entre la escena XII, con la muerte de Max, y la XIII.

Frente a la condensación temporal de la obra, Valle sitúa el argumento en una multiplicidad de espacios. Son espacios reales que Valle deformará por medio de las acotaciones para que se carguen de significación esperpéntica. Cada escena transcurre en un lugar distinto del anterior, de esta manera Valle puede mostrarnos, gracias a unos protagonistas itinerantes, un panorama amplio de la España de su época, ambientes y personajes. Solamente se repiten dos espacios en la obra: la casa de Max, en las escenas I y XIII, y la taberna de Pica Lagartos, en las escenas III y XV. Ambos lugares son muy importantes, ya que se relacionan con los temas del destino trágico de los seres humanos y la miseria moral y económica de la sociedad.

En Luces de bohemia aparecen más de cincuenta personajes. Algunos de ellos se inspiran en seres reales. De los personajes de Luces de Bohemia dijo Valle: «Son enanos o patizambos que juegan una tragedia.» Para la mayoría de ellos, la expresión es justa, y ello corresponde a aquella mirada «desde arriba». Sin embargo, algunos de esos personajes escapan a la condición de peleles y cobran una considerable talla humana como la madre del niño muerto y el preso. Ante la tragedia colectiva que representan estos dos personajes en sus vidas, Valle Inclán los presenta en toda su terrible desolación: son víctimas, y ante ellas el autor solo puede mostrar respeto y rabia.
El resto de los personajes podríamos clasificarlos en arquetípicos (como el albañil), animales (el perro de don Latino, por ejemplo) y representantes de clases sociales (poderosos, comerciantes, pueblo, marginados y bohemios).
            Los más importantes, como es obvio, son don Latino y Max Estrella. Este es un personaje complejo y contradictorio.  El personaje esperpéntico nace a imagen y semejanza del héroe clásico, pero la deformación es precisa, en un tiempo en que el heroísmo ya no es posible. Por ello es preciso que el alcohol, la bohemia, la miseria y la ceguera sean sus características, y también que al final tenga una muerte mísera. Por eso acaba, a la puerta de su casa, muerto por el frío, la borrachera, la tristeza y el desencanto. Algunas de las características de Max son la ceguera (que le permite “ver” lo que otros no pueden ver), el ser expoliado, crítico ante la injusticia social, solidario y egoísta al mismo tiempo y la degradación a que se ve sometido. En él se mezclan el humor y la queja, la dignidad y la indignidad. Junto a su orgullo, tiene amarga conciencia de su mediocridad. Su resentimiento de fracasado es ridículo y patético. Su muerte es ridícula y su velatorio, grotesco y cruel. Max se muere en la calle y sus últimas palabras son: «¡Buenas noches!».
Don Latino de Híspalis, por su parte, es la «otra cara de la moneda». Es una caricatura de la bohemia, un tipo miserable por su deslealtad y porque es un canalla, tal como se ve en las últimas escenas. Estafa y roba a su amigo pero no tiene inconveniente en declararse su «perro fiel». Don Latino es el personaje más esperpéntico de toda la obra. En Don Latino llegan al extremo varios de los rasgos más típicamente esperpénticos: animalización, cosificación y deformación. Se trata de un modelo de la lucha por la supervivencia.

En cuanto al lenguaje en la obra, es rico y variado. Aparecen diversos tonos y modalidades con el fin de caracterizar a los personajes, al servicio de la parodia o de la intención crítica. En los diálogos, se ajusta el lenguaje al carácter, la clase social y la cultura de cada uno de ellos. La abundancia de personajes y su variedad social es el recurso que empleará el autor para reflejar todas las formas de expresión de la sociedad española de la época, fundamentalmente del habla madrileña. Los hablantes cultos utilizan un lenguaje con frecuentes citas literarias, en el que abundan las exclamaciones y las ironías. Los funcionarios y subalternos son poco espontáneos y muy rutinarios. Reproducen sentencias oficiales y frases sacadas del lenguaje periodístico. Los hablantes del pueblo suelen utilizar vulgarismos («cuála», por ejemplo) y acortan los nombres comunes o propios (como Don Lati). Las réplicas se suceden con exactitud.
El lenguaje de las acotaciones es un lenguaje literario. Valle convierte las acotaciones de sus obras en material literario, así que, además de su natural función referencial, cumplen también una función poética dentro del texto dramático. Muchas acotaciones son imposibles de materializar en un escenario. Por otra parte, estas acotaciones permitían a los lectores visualizar, como si se tratase de una novela, una obra dramática de difícil representación, porque la dificultad de su puesta en escena y los problemas de censura, hacían poco probable que fuere estrenada en un teatro comercial. Las descripciones de los personajes proceden a rápidas pinceladas (por ejemplo, «La niña Pisa Bien, despintada, pingona, marchita, se materializa bajo un farol con su pregón de golfa madrileña»). La luz es una parte importante en el esperpento, ya que es la principal fuente de deformación al causar la sombra. La iluminación en la obra es poca, aunque está presente desde el principio. Son muy importantes la adjetivación y los sustantivos en las acotaciones que crean combinaciones esperpénticas. Un lugar importante tienen las comparaciones («los tres visitantes, reunidos como tres pájaros en una rama, ilusionados y tristes»). El campo semántico más interesante es el de lo grotesco (grotesco, ronco, alocada, feo, lóbrega, cueva, cementerio, muerte, espectro, arañar, arrancar...).

Modernismo y 98 en Luces de Bohemia

En la obra de Valle Inclán podemos señalar algunas características de ambos movimientos. Así, del Modernismo observamos la aparición del cosmopolitismo y las influencias de otros países, con las referencias a París y Alemania. La función poética de las acotaciones también podría señalarse como característica del Modernismo, al igual que el estilo refinado (Los espejos multiplicadores están llenos de un interés folletinesco, en su fondo, con una geometría absurda), los neologismos y los cultismos. De la generación del 98 podemos observar el uso de la prosa con el objetivo de analizar la realidad política y social, el estilo sobrio, los localismos y arcaísmos (casticismos y gitanismos), el problema de España (con la crítica implícita en el esperpento), el paisaje madrileño, las referencias literarias y los problemas existenciales.