miércoles, 11 de abril de 2012

La lírica de Góngora




            Tradicionalmente entre dos etapas cronológicas y dos estilos artísticos diacrónicos. Existía una primera época en que escribió poemas en metros cortos o dentro de la tradición petrarquista; y una segunda, en que sacó sus creaciones más personales y de más dificultad.
            Cuando aparecieron las Soledades y el Polifemo, sus contemporáneos se percataron de estar ante algo nuevo y distinto. Para vituperarlo o enaltecerlo, no hubo comentarista que no subrayara el cambio. Para Cascales, Góngora había pasado de “príncipe de la luz” a “príncipe de las tinieblas”.
            (Dámaso Alonso, en La lengua poética de Góngora, desmintió esta división estricta entre los dos poetas, el claro y el oscuro, y propuso “una división longitudinal, no transversal” en dos planos: uno escéptico, que parodia y ridiculiza, y otro entusiasta, que exalta y embellece. Los dos aparecen a lo largo de toda la vida del autor. Al plano escéptico, que se ríe de los tópicos literarios y pone de relieve los aspectos más contingentes, interesantes y sucios de la realidad, se opone el plano entusiasta que idealiza y utiliza imágenes ascendentes del petrarquismo).

            Robert James, en Estudios sobre la obra poética de don Luis de Góngora realiza una clasificación de la lírica gongorina:
            El autor participa del sistema poético (y social) dominante, pero dentro de él procede a la subversión y alteración de los valores. Varios son los tonos y actitudes que vemos en la obra de Góngora. James los reduce a cuatro:
-Un primer Góngora rebelde, satírico, que muestra las contradicciones internas del sistema imperante, el contraste entre apariencia y realidad, entre lo que debía ser y lo que es.
-El segundo Góngora es el poeta integrado que celebra figuras y actitudes consagradas en la sociedad de su tiempo: poemas cortesanos, poesías sacras, panegíricos y elogios.
-También un Góngora petrarquista, detentador y explotador de un inmenso bagaje cultural y formal. Tiene su mejor expresión en los cuidados sonetos de su etapa italianista. A este bloque asimila James los romances serios.
-El último Góngora, el más personal y atrevido, crea un mundo autónomo, primero con el rigor formal, estructural; pero también “dramático” del Polifemo y, más tarde, con la libertad de las Soledades.

            Nos encontramos ante un autor apasionadamente atento a la realidad inmediata, a las mínimas bellezas naturales.


             La lírica descendente.

            El plano escéptico de la lírica gongorina está presente en las composiciones de carácter burlesco y satírico. Estas creaciones son una constante en el autor.
            Góngora se complace en presentar los aspectos más degradados y feos del entorno; para ello se vale de los recursos del conceptismo.
            (Aparece aquí el poeta cuya creación consiste en la destrucción de una visión de la realidad magnificadora e ilusionada. Como Quevedo, Góngora parece que se propone mostrar lo que de repulsivo y falso tiene el mundo. Pero en los poemas del cordobés, adivinamos los ojos penetrantes y desdeñosos, el rictus del desprecio intelectual ante lo aparente o lo sentimental).

            La lírica descendente de Góngora se vale de contrastes, del choque de dos códigos en la mente del lector. Esta actitud se afirma desde los primeros poemas. La letrilla que abre la serie en la edición realizada por Millé tiene un doble estribillo: bien puede ser, no puede ser. Cada unidad semántica nos presenta dos proposiciones:
            -La primera retrata un comportamiento social que el poeta admite con un escéptico “bien puede ser”.
            -La segunda apunta la falsedad e inconsistencia de una actitud.

            La misma técnica de los estribillos alternos la encontramos en Dineros son calidad...

            La letrilla Ándeme yo caliente refleja el escepticismo frente a pasiones amorosas y ambiciones mundanas. Las contradicciones entre lo que es y lo que debe ser alcanzan especialmente a dos instituciones: la Justicia y la Iglesia. Góngora, eclesiástico, participa de los temas populares de sátira anticlerical en las letrillas Cura que en la vecindad o A toda ley...

            La poética del Barroco acoge los ribetes más degradados y nauseabundos que pueda ofrecer la realidad. Góngora tuvo fama de poeta escatológico. Dentro de esta línea escatológica podemos mencionar la letrilla ¿Qué lleva el señor Esguera? O los sonetos Jura Pisuerga a fe de caballero y Duélete de esa puente, Manzanares.

            Diversas ocasiones en la vida cortesana del poeta dieron motivo al desengaño. En unos casos la expresión es lírica y moralizante (Aprended, flores, en mí). Otras veces la amargura de su fracaso se vislumbra a través de caprichosos cambios acentuales. Los más desoladores de estos sonetos son Dilatándose una pensión que pretendía y Determinado a dejar sus pretensiones y volverse a Córdoba.

             El romancero y sus parodias.

            En Góngora el mundo del Romancero nuevo se desarrolla y crece al mismo tiempo que su parodia. En pleno nacimiento del romancero nuevo, escribía una ridiculización del romancero pastoril: En la pedregosa orilla del Rubio Guadalmellato. Después de esta parodia escribe sus romances moriscos.
            Son los más célebres de Góngora y presentan una peculiaridad que los diferencia de los de Lope: la acción se desarrolla en el presente del poeta y fuera de España. El moro es rival u opresor. Podemos señalar la ausencia de autobiografismo.
            No faltan los toques sentimentales y eróticos, pero el poeta nunca se retrata a sí mismo en las peripecias de sus personajes. Esta distancia le permite elaborar cuidadosamente los aspectos formales del romance: paralelismos, contrastes, hipérboles...
            El poema Entre los sueltos caballos... es uno de los más logrados. El famoso Angélica y Medoro combina el mundo pastoril y el heroico que sirve de fondo. Paralelamente a estos romances surge la parodia del género, ridiculizando en particular los de Lope. La más temprana de estas burlas es Ensílleme el asno Rucio...
            En lo que atañe a los romances pastoriles, los mejores se centran en lo descriptivo (Frescos airecillos). A estos poemas pueden asimilarse por el predominio de lo descriptivo dos romances cortesanos: Del Rey y Reina y Del Rey Nuestro Señor.
            Entre los romances predomina la burla por encima de la sátira: Dejad los libros ahora, ¡Qué necio que era yo antaño.
            Similares por el tono gracioso y despreocupado son los romances de la vida cotidiana. El más célebre es Hermana Marica, que presenta el parlamento de un niño con una chiquilla de su edad.
            (Varios romances y romancillos están impregnados de los sentimientos típicos de la poesía lírica. El poeta burlesco cede a la afectividad. La obra maestra de esta serie es el romancillo letrilla La más bella niña. Por otra parte, dos mitos eróticos atraerán a Góngora: el de Hero y Leandro (ridiculizado en Aunque entiendo poco griego) y el de Píramo y Tisbe (desmitificado en De Tisbe y Píramo quiero)).

             El poeta amoroso, religioso y cortesano.

            La poesía erótica de Góngora se ciñe a los moldes del petrarquismo. Esta temática le venía impuesta por la tradición italianista, que abandonó cuando alcanzó una voz propia en los poemas endecasílabos. Los últimos sonetos amorosos son de 1609: En el cristal de tu divina mano y Los blancos lilios que de ciento en ciento.
            Los posteriores han de calificarse como galantes: Oro no rayó así flamante grana.
            Lo que Góngora canta a menudo no es el sentimiento amoroso, sino el de la belleza. Tal es el caso del juvenil Ya besando unas manos cristalinas. Notable es la imitación de Bernardo Tasso La dulce boca que a gustar convida, cuyo final desengañado es plenamente barroco.
            Hay que añadir los poemas galantes que describen con todo lujo de imágenes una situación insignificante en la que participa una dama. El más célebre es Prisión del nácar era articulado.
            Los poemas panegíricos, cortesanos y las dedicatorias son un tributo de la época, y no presentan grandes valores poéticos, exceptuando algún caso como Soneto a Córdoba. La inspiración aquí es personal y la voz sale de las entrañas del poeta. El resto son poemas circunstanciales y de compromiso: De la Armada que fue a Inglaterra, En el sepulcro de Garcilaso de la Vega. Más sincera parece la canción Al Conde de Lemos.
            En lo que atañe a los poemas religiosos, la inspiración externa es la nota dominante. Góngora no expresó en su autenticidad el sentimiento religioso. Los poemas dedicados a autoridades eclesiásticas (Antonio de Pazos, Fray Pedro de Mendoza,...) son asimilables a los cortesanos. Externos también son los poemas que cantan festividades religiosas o figuras del santoral.
            En las composiciones en versos cortos a veces se infiltran tonos y matices tradicionales. La pieza destacada de este conjunto es su villancico navideño de 1621 Caído se le ha un clavel.

             Los grandes poemas.

                        1. “Fábula de Polifemo y Galatea”.

            Es el primero de los grandes poemas en que se consagra definitivamente el “segundo estilo” de Góngora. El tema procede del Libro XIII de las Metamorfosis de Ovidio y que habían tratado diversos poetas griegos. En Ovidio encontramos la figura del gigante enamorado de Galatea que a su vez ama a Acis. Polifemo, celoso, mata a su rival con una enorme piedra y Galatea convierte a su amado en un río.
            En las 63 octavas que forman el Polifemo encontramos el contraste, barroco, entre la belleza, engalanada con los recursos del petrarquismo, de Galatea y la fealdad del cíclope. Junto a metáforas ascendentes (“metáforas de metáforas” que dijo Lope) encontramos imágenes descendentes, que muestran el lado monstruoso de la realidad. En el Polifemo los contrastes adquieren una fuerza impresionante. Desde el cíclope que nos presenta ese doble aspecto de monstruo y enamorado, hasta la dramática tensión entre la vida (lujuriosamente exaltada) y la muerte violenta que vendrá sobre Acis.
            En este poema, como apunta Dámaso Alonso, el hipérbaton lleva las palabras al punto en que más han de brillar, donde han de contribuir más a realzar la impresión de colorido o sonoridad que el poeta busca. La sintaxis es compleja. Las octavas limitan, por lo general, el período a los ocho versos. Hay numerosos incisos, aposiciones, construcciones absolutas...que matizan cada expresión.
            El léxico gongorino presenta la búsqueda de la sonoridad y el color. No sólo ascendente (rojos, oros, azules,...) sino también tonos oscuros y degradados. Dámaso Alonso resalta el efecto estilístico de versos como infame turba de nocturnas aves o caliginoso lecho el seno obscuro. El léxico aúna neologismos y voces ascendentes (lilio, cerúleo, purpúreo) con palabras que una poética no barroca no admitiría (greña, bostezo,...)
            (En el Polifemo se intensifican, se condensan hiperbólicamente los recursos poéticos renacentistas y se da entrada al gusto por lo deforme y feo, que contrasta con la belleza del metaforismo ascendente de origen petrarquista).
            (El Polifemo es un poema trágico. El cíclope tiene una sobrecogedora grandeza. El amor entre Acis y Galatea y el contexto fecundo y lujurioso que los rodea, adquieren dimensiones cósmicas. La tragedia, la violencia, se desatan inevitablemente. Cuando el cíclope se ve burlado y despreciado, ataca a los amantes que tratan desesperadamente de alcanzar el mar. Pero el poeta, con la conversión de Acis en río, muestra cómo la vida sigue. La violencia y el dolor se disuelven en la Naturaleza. Del cuerpo aplastado del joven surge la corriente de un río que avanza camino del mar. La tragedia se resuelve en una apoteosis).

                        2. Soledades.

            Tal y como lo tenemos hoy, el poema consta de dos cantos:
-          La Soledad primera, con 1091 versos y
-          La Soledad segunda (incompleta), con 975 versos.

Los comentaristas piensan que iba a constar de cuatro partes: Soledad de los campos, de las riberas, de las selvas y del yermo. A estas cuatro partes Pellicer las dotó de significado simbólico al relacionarlas con las cuatro edades del hombre (juventud, adolescencia, virilidad y senectud).
Las Soledades presentan un hilo narrativo sumamente tenue. Lo importante será la descripción de la naturaleza. El autor introduce a un joven despersonificado, sin psicología propia, sin vida interior, que será “un resorte tempo-espacial y un punto de vista referencial”. El peregrino es solo unos ojos que ven y unos oídos que oyen a través de los cuales el poeta nos presenta el espectáculo de la naturaleza.
Pero en las Soledades tan importante es el objeto descrito como la perspectiva desde la que se describe. Buena parte del metaforismo funde las distintas imágenes que nos ofrece una misma realidad según la proximidad, la lejanía o el movimiento del punto de mira. La impresión de dinamismo se comunica a los objetos inmóviles en función del avance del ojo que los ve. La naturaleza, como realidad y como impresión, está siempre presente. En contraposición con ella asoma, para ser rechazado, el mundo de la ciudad, los negocios, las empresas militares.
El arte de las Soledades es un proceso de descubrimiento estético y estetizante, de la naturaleza. Dámaso Alonso habla de la perífrasis como procedimiento intensificativo. Esta intensificación consiste en acercarse tanto a lo descrito que la imagen habitual se trastoca en otra.
(Jones interpreta el texto como una manifestación de la armonía universal. Subraya las constantes referencias a la música, relacionándolas con la “música mundana” de Boecio que rige el comportamiento de la naturaleza).
En las Soledades son frecuentes las imágenes descendentes. El sustituyente tiene a menudo menor identidad que el sustituido; le gana en cambio en plasticidad. La obra participa de la pasión por enumerar y describir objetos, animales, flores, frutos...Góngora ha sido arrastrado por el cansancio y el desengaño a interesarse por lo natural y lo primario donde descubre un mundo de paz e inagotable belleza.
Las Soledades no tienen el elemento trágico ni los contrastes del Polifemo. Los rasgos estilísticos son similares, pero la mayor libertad métrica que proporciona la silva permite complicar la madeja metafórica y simbólica.

            3. Panegírico al Duque de Lerma.

            Debió ser escrito en 1617, con el fin de atraerse el favor del valido omnipotente de Felipe III, pero la caída del ministro no permitió su terminación. Consta de 632 versos, agrupados en 79 octavas reales. Es una obra cortesana, aduladora, escrita sin emoción.

            Según Dámaso Alonso , estas tres grandes obras son los pilares del gongorismo, donde las características del estilo se dan plenamente; las tres forman un triángulo donde se representan las tendencias de su poesía: “el vértice correspondiente al Polifemo mira a la antigüedad greco-latina; el de las Soledades hacia la belleza natural y la expresión del sentimiento amoroso; el del Panegírico corresponde a la poesía cortesana y suntuaria.”

                        4. Fábula de Píramo y Tisbe.

            Es un poema mitológico en forma burlesca y con el tono popular del romance. Era la obra preferida de Góngora, pues en ella combina sus ansias de cultismo y su gusto por lo popular. Además, está compuesto en el ritmo popular por excelencia: el romance (el más largo de los romances de Góngora, 508 versos). Dámaso Alonso señala que la Fábula de Píramo y Tisbe emborrona la más bella –y romántica- historia de amor heredada de la antigüedad grecolatina. Cuenta la trágica historia de estos amantes, pero “Góngora la narra humorísticamente: es la narrativa grotesca de un tema triste y bello. El poema está como oscilando constantemente entre un tono se diría serio, que parece prolongarse a veces varias cuartetas de romance, pero que interrumpe, de pronto, una súbita chuscada. El estilo al mismo tiempo es superculto: Góngora parece aquí burlarse de sus propios procedimientos estilísticos. La Fábula de Píramo y Tisbe es, dentro de la obra de Góngora, una extraña e importante pieza: el barroquismo se burla aquí de sus propios mitos”.     


2 comentarios:

  1. ¡Hola!
    Gracias por la información del blog, es muy útil.
    ¿A qué autor pertenece la clasificación de la obra gongorina que utilizas?
    ¡Saludos de una filóloga!
    Cristina

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    1. Muchas gracias a ti, por leer y comentar en el blog. Con respecto a lo que preguntas, la clasificación está hecha de acuerdo con las premisas de Dámaso Alonso, el comentarista de la obra de Góngora José Pellicer, y los manuales de profesores actuales como Eugenio Bustos y Jesús Arribas.
      Un saludo.

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