jueves, 3 de abril de 2014

Prosa y teatro en el Barroco: Ruiz de Alarcón



           
           El barroco es el estilo artístico que se desarrolló entre el renacimiento y el principio del neoclasicismo. En Hispanoamérica se realizó de acuerdo con circunstancias propias. La variedad de materiales de cada región le dio un carácter local.
            La prosa hispanoamericana del barroco apenas tiene presencia en la Península. Existía cierta prohibición sobre las novelas que impidió que se publicaran en la colonia. De esta manera, lo único parecido a la novela serían cierto tipo de “reportajes” o crónicas sobre sucedidos ajenos o propios.
            Los principales autores fueron:
-         Juan Rodríguez Freile (Santa Fe de Bogotá, 1566-1639) fue un soldado y cronista colombiano. A los sesenta años escribió “Conquista y descubrimiento del Nuevo reino de Granada y fundación de Santa Fe de Bogotá”. Esta obra, conocida por “El Carnero”, constituyó la primera crónica anecdótica sobre la vida colonial del Nuevo Reino de Granada y permaneció inédita hasta 1859. Es una compilación de una colección de sucesos, generalmente sangrientos y picantes, donde se reflejan las costumbres de Santa Fe. El libro se divide en 21 capítulos y dos anexos y tuvo un gran éxito.
-         Francisco Núñez de Pineda y Bascuñana (Chillán, 1607-1682) fue un  escritor y militar chileno. En la batalla de Cangrejeras (1629) fue hecho prisionero por los araucanos y vivió un largo cautiverio hasta que fue rescatado. En 1637 escribió “Cautiverio feliz y razón de las guerras dilatadas de Chile” (publicado en 1863), en el que narra la vida y costumbres de los araucanos y denuncia los abusos cometidos con ellos, además de hacer una reflexión sobre las causas de las guerras con los indios. Núñez de Pineda mezcla hechos históricos con una trama argumental. El estilo se considera algo engolado y sentimental, casi más prerromántico que barroco, lo que contribuyó a su popularidad.
-         Carlos Sigüenza y Góngora (México, 1645-1700) fue un escritor mexicano, figura representativa del barroco y de la época colonial. Era sobrino del poeta Luis de Góngora y Argote. Concurrió asiduamente a certámenes literarios y poseía amplios conocimientos científicos e históricos. Se le considera precursor del periodismo mexicano y uno de los primeros cultivadores del género narrativo con la “Relación de los infortunios de Alonso Ramírez” (1690), contados por el personaje así llamado por el autor. Sigüenza anotó y publicó las andanzas de aquel aventurero que le contó cómo se trasladó a mares de Filipinas y fue prisionero de corsarios ingleses, con otras peligrosas aventuras. Es un reportaje que tiene algo de novela y sirve de modelo y referencia a muchas de ellas.
-         Francisco Bramón (muerto en 1664) fue un escritor mexicano. Se le conoce como autor de una novela pastoril a lo divino titulada “Los sirgueros (jilgueros) de la Virgen sin original pecado” (1622). Es una obra miscelánea donde se hace una apología del misterio de la Inmaculada Concepción, y que incluye diálogos de estilo platónico, discursos teológicos, composiciones líricas, una pieza teatral y alusiones múltiples a la realidad coetánea (actividades religiosas, artísticas y universitarias de México).
-         Juan de Espinosa Medrano (Cuzco, 1629-1688) fue un escritor peruano, llamado el Lunajero por los lunares de su cara. Su producción en castellano es exponente del barroco literario colonial. “La novena maravilla”, publicada en 1695, es una recopilación de treinta sermones en prosa culterana. La lectura de unos escritos antigongorinos del portugués Manuel de Faria y Souza le llevó a componer un “Apologético a favor de don Luis de Góngora” (1662), obra notable por la comprensión que revela el autor de los valores estilísticos de la poesía del cordobés.

            Por otra parte, debemos destacar la originalidad del barroco hispanoamericano. La conquista y la colonización habían terminado. La metrópoli pide a las nuevas tierras su plata y su oro, que contribuyen a fijar la relación entre España y las colonias. Esta centralización directiva no llega a establecer una unidad y una comunicación mutua entre las tierras americanas. México es el área de mayor cultura e importancia, aunque la plata de Potosí consolida también la importancia de esa zona, con un ámbito administrativo que llega hasta el Atlántico sur.
            Hay un largo período de estancamiento social y económico en México, que entra en crisis en el siglo XVII, para dar paso a una mejor administración en el siglo XVIII, cuando ya reinan los Borbones. Este período de quietud resulta propicio para los poetas.
            En el barroco, la poesía hispanoamericana tiene una gran vitalidad propia, aunque resulte decisivo el impacto de Góngora y Quevedo.
            El sentir de crisis histórica no llega a tener tanta importancia y presencia consciente en  Hispanoamérica como en España, telón de fondo de las obras poéticas.
            En general, el barroco poético hispanoamericano es de circunstancias y de salón. Es un juego ocasional de ingenio, a veces de encargo, a veces por asombrar y presumir, con una preferencia por los alardes de habilidad técnica (aparecen metros extraños, jeroglíficos, versos en eco,…). A este nivel, muchas veces se hace difícil distinguir las dos vertientes de la poesía barroca hispánica: el enfrentamiento simétrico y paradójico de ideas y palabras (conceptismo) y el chisporroteo de colores puros y de visiones fugaces y extremas sobre una penumbra hermética y pomposa (culteranismo).
            Góngora y el culteranismo adquieren la primacía del prestigio en la colonia.

Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (México o Taxco, 1581- Madrid, 1639)

            Este dramaturgo de familia noble castellana, inició sus estudios en México en 1592 y los continuó en España, a partir de 1600. Se graduó en Cánones y Leyes por la Universidad de Salamanca. Ejerció la abogacía en Sevilla entre 1604 y 1606. Regresó a México en 1608 y ya en 1614 se instaló definitivamente en Madrid. Un yerno del Conde-Duque de Olivares lo protegió y lo hizo relator del Consejo de Indias en 1625.
            Debemos señalar a propósito de este autor que como cualquier dramaturgo estaría condicionado por el lugar donde escribía y estrenaba sus obras y por ello no se le sitúa sin más como una figura del teatro en Hispanoamérica. Pero en Madrid se tenía conciencia de que venía de la otra orilla.
            Ruiz de Alarcón tuvo que afrontar un conflicto en el ambiente teatral madrileño. Llegaba de México, era pretendiente a magistrado en España con una sólida carrera judicial. Además, tenía una deformidad física.
            Su producción dramática consta de veinte comedias que él mismo editó en dos volúmenes. El primero (1628) contiene ocho piezas. El segundo, de 1634, abarca las doce restantes. Este número, relativamente escaso, responde a que tuvo poco éxito popular, además de que no necesitó buscarlo para vivir.
            El teatro de Ruiz de Alarcón va contra la corriente general y no siempre fue bien acogido por el público. Se caracteriza por la intención pedagógica y moralizadora. Como corresponde al barroco, el mundo se presenta como un lugar hostil y engañoso, donde prevalece la apariencia frente a la virtud y la verdad. Su sistema de valores moralista (el hombre bueno y justo triunfa sobre el mentiroso, aunque es este el que queda como más simpático) hace de Alarcón un caso singular en el teatro de su momento. Ejemplifica con alguno de sus personajes que representan vicios y virtudes. Su teatro se caracteriza también por el análisis e introspección psicológica de los caracteres que crea, ya que sus personajes tienen identidades muy bien definidas, y por el estilo mesurado, cuidado y sobrio.
            Cultivó la comedia de enredo, heroica, religiosa, dramática y de carácter, entre las que figuran algunas de sus mejores creaciones. Se suele dividir su producción en dos grandes grupos: la comedia histórica, centrada especialmente en la reconquista, y las comedias moralizadoras, que son las más conocidas. Entre todas ellas podemos destacar las siguientes:
            La verdad sospechosa se basa en el tipo del mentiroso que se enreda en sus propios embustes hasta no ser creído cuando dice la verdad, y hasta encontrarse con que por error tiene que casarse con quien no quiere. El castigo, aplicado por su padre, llega a ser excesivo. Hay desmesura en la pena porque la mentira asume a veces carácter artístico, por el placer de quedar bien en una conversación. Se considera una de las comedias clave del teatro barroco.
            Los pechos privilegiados presenta como temas la justicia cortesana y la ley natural. Dramatiza el caso de un ama de cría que, por haber sabido reivindicar el honor del que había sido su “hijo de leche”, logra del rey para ella y sus sucesoras en el cargo exención tributaria. Se conoce también con el título de Nunca mucho costó poco.
            El tejedor de Segovia es un drama prerromántico, con aventuras escénicas capaces de poner a un lector actual en igual suspensión que una novela de aventuras. La intención de la obra es presentar la necesidad de mejorar un buen gobierno.
            El Anticristo es una mezcla de ideas valiosas y de rarezas. Es un Anticristo seudo-Mesías entre los judíos. Compuesta entre 1623 y 1625, presenta con una correcta versificación una serie de horrendos crímenes cometidos por este ser infernal que es descendiente de Judas Iscariote.
            Podemos citar otras obras de Ruiz de Alarcón como la comedia de enredo Los empeños de un engaño en que se censuran algunas conductas sociales, la heroica Ganar amigos (conocida también como Lo que mucho vale mucho cuesta o también como Quien priva aconseje bien), la dramática Quien mal anda mal acaba de gran perfección formal, una comedia contra la maledicencia (y que constituye un alegato personal como réplica a los que lo zahirieron) como es Las paredes oyen en que se presenta el amor no correspondido, o la comedia contra la ingratitud La prueba de las promesas, basada en un cuento de El Conde Lucanor.


lunes, 24 de marzo de 2014

Valores del Presente




          El presente sirve para mostrar una acción que se está produciendo mientras se habla o escribe, como en Yo leo.

Valores del presente

Presente actual
Expresa una acción que se realiza en el momento exacto en el que se habla: El defensa hace falta al delantero.
Presente inmediato
Se usa para referirse a una acción que tendrá lugar justo inmediatamente después de decirlo: Ahora voy a la tienda.
Presente durativo
Expresa una acción que se realiza antes del momento en que se habla y se prolonga después: El Quijote cuenta varias historias.
Presente habitual
Significa una acción que se repite periódicamente: El sol se pone en invierno a las siete de la tarde.
Presente atemporal o gnómico
Se emplea para expresar una verdad, algo que no cambia: La Tierra gira alrededor del sol.
Presente histórico
Se expresa en presente algo que sucedió en el pasado: Alexander Fleming descubre la penicilina en 1928.
Presente con valor de futuro
Expresa en presente una acción que se realizará en un futuro: El próximo lunes vamos de excursión.
Presente de mandato
Indica órdenes: ¡Ahora te callas!


viernes, 21 de marzo de 2014

El amor y la muerte en El amor en los tiempos del cólera (2)



(Otra versión de los apuntes para 2º de Bachillerato)

           Gabriel García Márquez es uno de los más destacados escritores de la literatura hispanoamericana por la gran variedad de estilos que cultiva. En su obra mezcla tendencias tradicionales con las más innovadoras técnicas: narradores múltiples, monólogo interior, influencias periodísticas y cinematográficas… Su obra más destacada es Cien años de soledad. Ganador de un Premio Nobel, en sus libros abarca temas como la vida, la muerte, la pasión, el tiempo o la violencia incontrolable.
            En El amor en tiempos del cólera, obra clave de su carrera literaria, se funden los dos temas que quizá sean de los más fundamentales. Esta unión ya queda señalada en el título: el amor y el cólera (la muerte). Desde el principio de la obra ya queda expuesta esta fusión. Cuando en las primeras páginas habla de “lo inevitable”, el autor no se refiere a la muerte, como el lector intuye a primera vista. Se está refiriendo al amor. Esto será captado por el lector cuando avance en el desarrollo de la historia, pues lo único realmente inevitable va a ser el amor entre Florentino Ariza y Fermina Daza, dos de los tres personajes claves que forman un triángulo amoroso.
            Cuando el doctor Urbino se refiere a que “el olor de las almendras amargas le recordaba el destino de los amores contrariados”, también en esto se advierten los dos temas cumbre. Las almendras amargas huelen a cianuro, veneno con el que se suicida Jeremiah Saint Amour.
            Este personaje se suicida al comienzo de la obra y significa, simbólicamente, el suicidio del santo amor. Del mismo modo finaliza la historia con el suicidio de la niña América Vicuña, esta vez por amor. Ese “lo inevitable” también se va a aplicar a esta última muerte.
            El amor y la muerte están tan compenetrados que generan cadenas de acontecimientos: es gracias a la muerte del doctor Urbino que Florentino y Fermina pueden consumar su amor. Sin embargo, es este amor lo que empuja a América a suicidarse cuando Florentino la abandona.
            También se advierte esta unión cuando se comparan los síntomas del cólera con los que sufre Florentino por el deseo hacia Fermina Daza.
            Otro ejemplo para ilustrar este vínculo entre el amor y la muerte es la desgracia del asesinato de Olimpia Zuleta, amante de Florentino. La palomera tiene una relación con el protagonista en la que él le escribe un mensaje en su vientre (“esta cuca es mía”), la joven olvida borrarlo y esto la llevará a la muerte a manos de su marido cuando lo descubre.
            La muerte está presente a lo largo de toda la obra. Los elementos básicos que la encarnan son las viudas. De ellas, la más importante es Fermina, ya en su vejez, viudedad que además es condición indispensable para el amor entre los dos personajes. Otras viudas van a aparecer en la obra como amantes de Florentino, como la viuda de Nazaret, su primer amor de cama. Otra mujer viuda es Blanca, madre del doctor, que encarnará los valores clasistas y tradicionales de la sociedad.
            Otras muertes que tienen lugar en la historia son la ridícula tragedia de Juvenal Urbino o la de su padre, además de las de América y Jeremiah Saint Amour.
            También tienen cabida en la obra los muertos por cólera o los debidos a los enfrentamientos políticos entre las facciones de poder del momento.
            En cuanto al amor, es el tema clave alrededor del cual gira la muerte. Se presenta:
-         Como amor-pasión: amor extramatrimonial, relacionado con el amor cortés y el romántico, de locura. Tiene como consecuencia el sufrimiento. Es el que encarna Florentino al tener que esperar cincuenta y dos años a Fermina.
-         Como amor-tedio: es el que aparece en el largo y tenaz matrimonio entre Fermina y el doctor. Se caracteriza por el aburrimiento, la frustración y la incomprensión, sobre todo para Fermina. El doctor admira a su mujer por su altivez y sofisticación, pero no la quiere. De hecho dice “ya habrá tiempo para inventar un buen amor”. Fermina se siente presionada y accede a casarse. Sin embargo, al final de la obra vemos cómo se ha originado una relación de dependencia entre ambos cónyuges. Tal es así que Urbino no puede vestirse ni lavarse sin ella.
-         Como amor-amistad: es el que caracteriza la relación entre Florentino y Fermina una vez ancianos. Él la reconquista por medio de cartas, ahora mucho más reflexivas (acerca del tiempo, sobre todo). Ella accederá a su invitación a un viaje en barco por el río Magdalena tras un enfrentamiento con su hija que desaprueba el amor entre ancianos. Así será como tendrán su historia de amor. Además la utilizarán como un medio de postergar la próxima muerte. El viaje por el río simbolizará la detención del tiempo.
-         Como amor de tipo donjuanesco: es el que lleva a cabo Florentino con sus numerosas amantes. No siempre serán relaciones de tipo sexual, como es el caso de Leona Cassiani. La multitud de relaciones que tendrá servirá para hacer comprender al lector la complejidad de sus sentimientos. Él no se siente infiel a Fermina.
            Como conclusión podemos decir que no solo el amor triunfa sobre la muerte, sino que es la muerte la que acude al rescate del amor cuando la bandera amarilla del barco, que indica cólera a bordo, hace posible un amor eterno entre los personajes en su viaje por el río Magdalena.

lunes, 17 de marzo de 2014

El amor y la muerte en El amor en los tiempos del cólera




                El amor es uno de los temas más frecuentes en la narrativa de Gabriel García Márquez, pero hasta El amor en tiempos del cólera ninguna de sus novelas podía considerarse como “novela de amor”. Estamos, en palabras del autor, ante una obra que es reflejo de toda una vida de experiencias propias y ajenas: biográficas (el noviazgo de sus padres inspira los amores juveniles de Florentino y Fermina) y literarias, entre las que destacan el folletín del siglo XIX y la tradición del amor cortés presente en la lírica medieval castellana y la poesía provenzal de los siglos XII y XIII.
            Los tópicos que utiliza se remontan a la tradición grecolatina, tomándolos sin modificación o dotándolos de su poder creativo y de su humor colombiano. Tres de ellos son motivos estructurales de la novela: enfermedad de amor, enseñanza de amor y fidelidad.
            Al inicio de la novela se nos describe el amor como algo dulce y amargo, pues el olor de las almendras amargas se asocia al amor no correspondido. También al inicio Jeremiah se suicida con sahumerio de cianuro, cuyo olor recuerda a las almendras amargas.
            Amor y muerte son indisolubles en la novela, pues las pestes o plagas, que en Gabriel García Márquez suelen asociarse a violencia política, aquí se relacionan con el amor. Se confunden los muertos por cólera y los muertos por amor, y es que ambas son enfermedades que todos podemos padecer y ocasionarnos la muerte. Por otro lado, el amor entre Fermina y Florentino solo es posible con la muerte de Juvenal. Safo ya nos hablaba en sus poemas de los signa amoris (síntomas del amor) y Eurípides describía el amor de Fedra en Hipólito como una enfermedad. El tópico llegó hasta el Renacimiento con la descripción de tres elementos: síntomas, diagnóstico y curas. Síntomas físicos, como “ojos de hielo”, “rostro lívido”, “labios petrificados”, “sudor” y otros menos románticos como son el vómito, el estreñimiento y la diarrea; psíquicos como “distracción” o “bajo rendimiento en el trabajo”. Unos y otros lo tienen tanto Florentino como Juvenal. También es frecuente la identificación del amor con la locura, pues los demás perciben los actos del enamorado como irracionales (a Fermina le pareció estar frente a un loco en el funeral de su marido y solo a un loco se le ocurre rescatar un galeón en solitario). Otros síntomas son originales de Gabriel García Márquez: “arena en el corazón”, “gruñido de gato dormido en los riñones”, “amanecer como un pez sin agua para respirar”. En cuanto al diagnóstico, Platón en El Banquete nos presenta a un médico construyendo un discurso sobre el amor. En El amor en tiempos del cólera el protagonista es un médico que confunde los síntomas del amor con los del cólera y que será incapaz de reconocer la enfermedad en sí mismo y esto porque, a diferencia de Florentino, que ha recibido una educación sentimental y que se ha nutrido de lecturas amatorias, tiene una educación científica y no sabe nada del amor. Sin embargo Tránsito Ariza sabe lo que le pasa a su hijo con solo mirarlo porque ha tenido experiencias amorosas. Al final de la novela se confunden enfermedad y amor cuando Florentino manda izar la bandera amarilla. Finalmente, no existe otra cura para la enfermedad que la unión sexual entre los amantes, aunque en la novela se apuntan otros como recurrir a prostitutas (Florentino), leer o escribir literatura amorosa (Florentino), el viaje medicinal del olvido (Florentino, Fermina), la sustitución del amor, que en realidad es sexo sin compromiso porque Florentino guarda el amor solo para ella.
            Gabriel García Márquez plasma las ideas adquiridas durante toda su vida, tanto biográficas como literarias, sus enseñanzas de amor, y aúna Remedia Amoris y Ars amatoria de Ovidio. Nos presenta a una joven inexperta que aprende primero de su tía Escolástica y posteriormente de su matrimonio, y a un joven cuyos maestros son las lecturas de autores de los Siglos de Oro y románticos, su madre, quien le aconseja que le demuestre su interés a Florentina y no la asuste con una carta tan larga, y sus numerosas amantes. Solo cuando lleguen a la vejez tendrán el aprendizaje suficiente porque han vivido.
            Por último, la fidelidad, originaria de la poesía amatoria latina, está presente en el juramento que Florentino le hace a Fermina y que le reitera cincuenta años más tarde. Ella, que también le prometió “amor para siempre”, rompe el pacto al casarse con otro. Y, como los elegíacos latinos, Florentino pide a Dios que la castigue. También el doctor Juvenal rompe el pacto de fidelidad de su matrimonio en su relación con Bárbara Lynch. Florentino no lo rompe a pesar de sus múltiples relaciones, pues él ha sido leal con sus amantes y siempre fiel al amor de Fermina. Por eso cuando se encuentran en la vejez él le dice que es virgen.
            Otros tópicos son:
-         El triángulo amoroso, que forman Florentino (el amante pobre), Juvenal (el amante rico) y Fermina (la amada codiciosa), y la presencia de la alcahueta (hermana Franca de la Luz) que intercede por el segundo.
-         Los regalos (cartas, flores, mechones de pelo,…) que se devuelven cuando se acaba el amor.
-         La esclavitud del amor que sufre Florentino durante toda su vida y que viven las mujeres casadas hasta que se quedan viudas.
-         La descripción de la relación amorosa como guerra, batalla, conquista, asedio (Rosalba y Florentino, por ejemplo). Esta es además una guerra contra la muerte, que vence a Juvenal Urbino al caer de una escalera, porque es una guerra entre ancianos.
-         La caza del amor en Florentino, que es el “cazador solitario” que espía los pasos de su amada en el parque y que en otras ocasiones es gavilán o halcón. En este sentido no es baladí la relación del doctor Juvenal con los animales, pues no los acepta en su casa si no los puede domesticar y así podemos ver un paralelismo entre el loro y su mujer.
-         Los amores secretos, por oposición paterna en el caso de Fermina y por necesidad vital en el de Florentino, que también lleva en secreto sus otras relaciones.
-         El amante rechazado a la puerta de su amada: Florentino cuando le lleva la serenata. No es rechazado Juvenal porque como pretendiente sí le gusta al padre.
-         Las señas secretas en el amor prohibido (letras de mano, cambiar de silla, el vals de la Diosa coronada).
-         El amor que entra a través de los ojos: Fermina levantó la mirada cuando Florentino pasó por su ventana, pero Juvenal y ella no se miraron cuando él la reconoció como médico. Esa es la diferencia entre el amor verdadero y el de conveniencia.
-         La amada como diosa, que se ve claramente en el título del vals, y la intervención de los dioses en el amor. En el caso de Florentino, estaba poseído por el Espíritu Santo, un rasgo cómico porque Fermina es anticlerical.
-         El tormento de amor, gozoso, que sufre Florentino durante más de cincuenta años.
-         El suicidio por amor. El suicidio de Jeremiah es por miedo a envejecer, pero el de América Vicuña es por el rechazo de Florentino, aunque se le atribuya al fracaso en los exámenes. Quizá si Florentino hubiera perdido la esperanza de conquistar el amor de Fermina también se habría suicidado.
-         La magia del amor, pues el encantamiento del doctor Juvenal se atribuye a los filtros de Fermina o las muñecas de magia negra que le lleva a pensar en sus dos pretendientes como autores, aunque luego deseche la idea.
-         El fuego de amor, que demuestran en sus cartas. Las de Fermina son “brasas vivas, pero sin poner la mano en el fuego, mientras que Florentino se incendiaba en cada línea”.

            En conclusión, Gabriel García Márquez ha sido, como Florentino Ariza, un gran lector, lo que evidencia en las múltiples referencias literarias que encontramos en sus obras y a las que dota de genialidad creativa en muchos momentos. Asimismo nos hace ver, como descubrió su protagonista, que la vida no la enseña nadie, y que esto es lo único que hay que saber para el amor.

domingo, 16 de marzo de 2014

Gabriel García Márquez y el boom de la narrativa hispanoamericana



Renovación de la narrativa hispanoamercana (1940-1960)

Cronológicamente, la aparición durante los 40 de una serie de obras de Borges, Bioy Casares, Onetti, Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier suponen una clara ruptura con el realismo social anterior y el inicio de formas narrativas más complejas, además de una visión de la realidad que incluye nuevas dimensiones, sobre todo la metafísica y la existencial, por un lado, y la sobrenatural, onírica y mágica, por otro.
En este proceso de renovación debemos señalar como principales factores del cambio el influjo del surrealismo, el peso de los renovadores europeos y norteamericanos y la influencia de las teorías filosóficas irracionalistas y existencialistas como las de Heidegger o Sartre.
Las principales innovaciones que se producen son:
· Progresiva sustitución de lo urbano por lo rural (y cuando el tema rural y natural se mantienen, es con un nuevo tratamiento). Se incorpora, además, el tema existencial.
· Recuperación de los elementos mágicos de los mitos y leyendas americanos.
· Presencia del onirismo.
· Abandono de la estructura realista tradicional.
· Adopción de los elementos narrativos más innovadores y renovación del lenguaje mediante la incorporación de muchos mecanismos vanguardistas.
· La corriente que da origen a esta narrativa se denomina realismo mágico. Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Juan Rulfo y Alejo Carpentier son los escritores que emprenden la renovación de la narrativa hispanoamericana que desemboca en el realismo mágico.

La nueva novela hispanoamericana: el boom

Desde 1962 se asiste tanto en España como en el resto de Europa al desarrollo sorprendente de la novela hispanoamericana, hasta entonces marginada y desconocida, pese a su importancia. Se trataba en realidad de un conocimiento repentino de una novelística que se había desarrollado en su propio aislamiento americano durante años y que al aparecer súbitamente daba la sensación de un "boom", de un surgimiento imprevisto. Se trata también, en buena medida, de un fenómeno editorial en el que tienen responsabilidad editores y editoriales. Además, no se trata solo de que aparezcan nuevos e importantes novelistas, sino que muchos de los que venían publicando desde tiempo atrás escriben en estos años algunas de sus obras más significativas. Es el caso de Onetti, Sábato, Cortázar o Lezama Lima.
El "boom no tiene carácter generacional. Lo llenan escritores de diversas edades y países, y frecuentemente con escasa relación entre ellos. Aunque también sus estilos y preocupaciones son diversos, puede afirmarse que en general llenan el boom novelistas que siguen el proceso de renovación iniciado en los años 40. Así, en lo temático se continúa el desarrollo de temas señalado por la generación anterior, fundamentalmente el gusto por la novela de tema urbano y por una nueva novela rural, y sobre todo se consolida la integración de lo fantástico y lo real.
La mayoría de los especialistas suele situar el punto de arranque de este fenómeno mediático centrado sin excepciones en el género novelístico (con obras que obtuvieron no solo un gran reconocimiento crítico sino también un elevado número de lectores) en junio de 1963, con la publicación de Rayuela, del argentino Julio Cortázar, que fue contemporánea de los primeros títulos significativos del peruano Mario Vargas Llosa (La ciudad de los perros, 1963), del mexicano Carlos Fuentes (La muerte de Artemio Cruz, 1962) y sobre todo del colombiano Gabriel García Márquez, cuya novela Cien años de soledad ( 1967), consolidó el boom hasta el punto de convertirse en la obra más famosa, vendida y traducida de la lengua española, entre todas las posteriores del Quijote.
Desde el punto de vista formal, las obras del “boom” se caracterizan por la renovación de técnicas novelescas a través de la incorporación de las de la novela experimental. En definitiva, se rompe con la técnica realista, pero ello no supone un alejamiento de la realidad, sino una voluntad de abordarla desde otros ángulos. Muy en general, se puede decir que estos novelistas han asimilado las innovaciones técnicas que se habían producido en la novela universal a lo largo del siglo XX (Proust, Joyce, Kafka o Faulkner, por ejemplo, están presentes en casi todos). También es significativa la influencia en los más relevantes -García Márquez, Fuentes, Vargas Llosa…- de la narrativa española clásica, en especial de Cervantes y algunos autores barrocos.
Además, se pueden destacar las siguientes características (aunque no son aplicables a todos los autores):
1. Preocupación por el desarrollo de las estructuras narrativas, lo que exige un lector extraordinariamente activo, dispuesto a organizar una materia narrativa que se le entrega de forma muy compleja.
2. Gran variedad de recursos narrativos. Es frecuente la ruptura de la línea argumental y de la narración lineal para constituir a veces verdaderos rompecabezas temporales. También son habituales el uso de técnicas de contrapunto, la combinación o superposición de personas narrativas y puntos de vista, el empleo del monólogo interior...
3. Unión de diferentes géneros literarios bajo la forma de la novela.
4. Experimentación lingüística, con diversas causas y efectos. Por ejemplo, la búsqueda de una identidad cultural en García Márquez, la descripción extremadamente precisa en Carpentier...
5. Importancia de lo histórico-social. Lo verdaderamente original de la novela hispanoamericana es que todo este proceso de renovación, lejos de convertirse en un puro experimentalismo estético se pone al servicio de una literatura muy comprometida con la realidad de una tierra sometida a violentos y traumáticos procesos históricos. De ahí la novedad que supone una novela muy equilibrada entre lo estético y la denuncia histórica, que ha servido de modelo a buena parte de la novela contemporánea no solo en Europa, sino también en otros ámbitos. Como ejemplos de esto, podemos señalar El tambor de hojalata, del alemán Günter Grass, o Hijos de la medianoche, del hindú Salman Rushdie, que presentan fuertes influencias de este realismo fantástico característico de la novela del "boom".
6. Rechazo de la moral burguesa y de ciertos comportamientos.

Gabriel García Márquez

Es el más influyente de los autores del "boom", especialmente desde que le fuera concedido el Premio Nobel en 1982. Sus primeras novelas cortas presentaban ya la búsqueda de la unión de lo real y lo fantástico y la formación de un peculiar mundo imaginario, al modo de Faulkner. Así aparecen novelas cortas como La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1961), La mala hora (1962), y libros de relatos como Los funerales de la Mamá Grande (1962) y Ojos de perro azul (1950). Todos ellos crean el mundo fantástico de Macondo, y sientan las bases de Cien años de soledad (1967), la novela que consolidó el surgimiento del "boom" y supuso todo un fenómeno en las literaturas hispánicas y en la literatura mundial. La obra es a la vez una síntesis de la historia de un poblado fantástico, Macondo -íntimamente unida a la familia de los Buendía- , que representa metafóricamente la historia de Colombia, de América Latina, y de la Humanidad en general, con los riesgos que la acosan: los más elementales problemas humanos, los problemas sociales, explotación, guerras... Pero todo ello aparece representado en la novela por elementos fantásticos, fuerzas naturales insólitas, y elementos maravillosos, que dan a la novela una textura peculiar entre el realismo y lo fantástico, acentuada por la mezcla de elementos trágicos, cómicos y extrañamente grotescos.

            Los estudiosos de García Márquez suelen considerar las novelas posteriores como pertenecientes a una segunda etapa. El otoño del patriarca (1974) tiene por protagonista a un fantástico dictador que quiere ser el símbolo de todos los déspotas americanos y de su peculiar modo de ejercer el poder. Crónica de una muerte anunciada (1981) es una magistral novela corta que reproduce minuciosamente un crimen pasional del mundo rural de la infancia del autor, explorando minuciosamente los hechos, sus motivaciones, el estilo de vida que da lugar a ellos, las pasiones humanas que lo desencadenan... Pero la realiza a través de una técnica rigurosa de documentación, y luego de descomposición temporal y de análisis pormenorizado de los hechos, que presta un peculiar "suspense" a unos hechos cuyo desenlace se conoce desde el principio. El amor en los tiempos del cólera es de 1985. Posteriormente ha publicado El general en su laberinto (1989), Del amor y otros demonios (1994) y Memoria de mis putas tristes (2004).

lunes, 10 de marzo de 2014

Los personajes en “El amor en tiempos del cólera”




            El amor en tiempos del cólera nos presenta una amplísima galería de personajes a los que Gabriel García Márquez dota de vida. Los describe como un cronista omnisciente, que no permite separar autor de narrador, pues forma parte de la colectividad utilizando la primera persona del plural y haciendo aparecer a su mujer Mercedes en el relato. Es una omnisciencia selectiva, que se adentra en la mente de un personaje para contárnoslo todo sobre él y luego saltar a la mente de otro. Este perspectivismo, que Vargas Llosa llama “mudas continuas”, se mueve en las conciencias de los tres personajes principales: Juvenal, Florentino y Fermina. La capacidad de introspección psicológica de este narrador es tal que profundiza hasta en lo que sus propios personajes desconocen. Tal es el caso de la relación entre Leona y Florentino (“Fue la verdadera mujer de su vida, aunque ellos no lo supieron nunca”). El autor cuida incluso la onomástica de sus criaturas, que van desde Florentino y Fermina, que estaban destinados a estar juntos por sus nombres, pasando por nombres de Papas o simbólicos como Jeremiah de Saint Amour, sin olvidad los autóctonos como Juvenal o Tránsito.
            Al inicio de la novela nos encontramos con el triángulo amoroso formado por tres ancianos: Juvenal Urbino, médico de 80 años renuente a jubilarse. Seguía siendo el hombre más atildado de la ciudad, oía poco por el oído derecho y se apoyaba en un bastón con empuñadura de plata para disimular la incertidumbre de sus pasos. Le fallaba la memoria, pero lo compensaba con notas escritas en papelitos sueltos que se confundían en sus bolsillos, al igual que el material médico iba revuelto en su maletín. Vestía como en sus años mozos (un chaleco cruzado por un reloj, barba al estilo de la de Pasteur nácar, del mismo color que su cabello bien planchado con raya en el centro). Hombre de rutina, seguía el mismo esquema diario (medicinas secretas, preparación de sus clases, ejercicios, aseo, desayuno, clases, acontecimientos sociales, almuerzo en casa, siesta en la terraza, lectura, visita de enfermos,…) con la excepción de los domingos en los que iba a misa a la catedral, descansaba y leía. Solo salía si había alguna urgencia. Odiaba a los animales y tenía una intensa actividad pública, por lo que consigue grandes logros para la sociedad, como el acueducto, el alcantarillado o el mercado cubierto. Estaba casado con Fermina Daza, de 72 años, amante de los animales y de las flores tropicales. Se habían acostumbrado el uno al otro y ya no podían vivir separados. Florentino Ariza tenía 76 años y era un anciano servicial y serio. Tenía un cuerpo óseo y derecho, piel parda y lampiña, ojos ávidos con gafas redondas de montura blanca y bigote con punteras engomadas algo pasadas de moda. Disimulaba su calvicie. Vestía con paños oscuro con chaleco, un lazo de cinta de seda en el cuello, sombrero de fieltro y paraguas negro que le servía de bastón. Gentil y soltero empedernido, era el Presidente de la Compañía Fluvial del Caribe.
            En medio de este triángulo amoroso cobra un papel protagonista el loro de lengua negra y cabeza amarilla, que solo sabía decir blasfemias a los marineros y al que el doctor Juvenal enseñó a ladrar como un mastín, porque es el causante de la muerte de este. Irónicamente, él, que odia a los animales, muere por salvar a uno.
            A través de la técnica del flashback, el narrador nos transporta 51 años, 9 meses y 4 días antes. Florentino era el más solicitado socialmente, el que mejor bailaba la música de moda, recitaba poesía sentimental y llevaba serenatas a las novias de sus amigos. Físicamente era escuálido, con espejuelos de miope y estreñido crónico.  Tenía una muda única, heredada de su padre, que su madre mantenía como nueva. Fermina Daza estudiaba en el colegio de la Presentación, donde las señoritas de sociedad aprendían el arte y oficio de ser esposas diligentes y sumisas. Se conocieron cuando él llevó un telegrama a su padre, al pasar por el cuarto de costura. Sus miradas se cruzaron y el amor trastornó tanto a Florentino que ya no hacía bien su trabajo. Inició así un cortejo hasta que consiguió mantener una relación epistolar y que ella se comprometiera con él. Todo acabó cuando su padre descubrió esa relación al ser expulsada del colegio por estar escribiéndole una carta a su amado. Lorenzo Daza mandó a su hija a un viaje del olvido, que duró un año y tres meses. A su regreso se devolvieron las cartas y ya no volvió a verla hasta la muerte del doctor Juvenal. Ella sintió al verlo el “abismo del desencanto”, pero él no la había olvidado. El doctor Juvenal era un soltero codiciado que regresaba de París de estudiar Medicina y Cirugía. Hombre innovador, cívico, maniático y con sentido del humor retardado. Creía que el amor era fruto de una equivocación clínica. Al contrario que Florentino, no sintió ninguna emoción cuando conoció a Fermina. Recordaba el camisón celeste con bordes de encaje, el pelo suelto y los ojos febriles, pero estaba tan obsesionado por el cólera que ni se fijó en ella. También la vio por primera vez, a través del cuarto de costura, cuando fue a reconocerla como médico. En su segundo encuentro, Fermina cerró de golpe la ventana, por lo que su padre le dijo que su hija tenía el carácter de una mula. Él se interesó por ella hasta que lo aceptó. No la amaba, se había casado con ella porque le gustaba su altivez, su seriedad, su fuerza y su vanidad. Mientras la besaba por primera vez pensó que “no había obstáculo para inventar un amor”. La llegada de los hijos y la infidelidad del doctor con Barbara Lynch, mulata alta y elegante de huesos grandes, fueron algunos de los escollos que tuvieron que superar juntos.
            Entre los personajes secundarios, que se nos describen en la narración de la larga vida de los personajes tenemos a la familia Urbino formada por doña Blanca, mujer hermosa e inteligente, que se había convertido en una viuda amarga y enemiga del mundo, lo que evidenciaba en el autoritarismo que ejercía sobre Fermina, y sus dos hermanas, que eran carne de convento. También tenemos a la familia Daza, cuyo cabeza era Lorenzo Daza, hombre de recursos, que vivía bien, pero sin oficio conocido. Florentino Ariza lo recuerda como un hombre ordinario con panza, manos bastas y habla enfática. Su hermana Escolástica, celestina de los amores entre Florentino y Fermina, la criada Gala Placidia, Hildebranda Sánchez, hija de Lisímaco Sánchez, hermano de la madre de Fermina, blanca y maciza con el pelo de mulata, acabó casándose con un militar, que la amó con locura, por despecho, pues también vivió un amor imposible. En la familia Ariza tiene un papel importante Tránsito Ariza, madre de Florentino, que tenía un negocio de mercería y cuando fue haciendo dinero se convirtió en prestamista de las señoras arruinadas. Era confidente y consejera de su hijo hasta que enfermó y perdió la cabeza. Don Pío Quinto Loayza era el padre de Florentino, y su mujer lo maldijo por no poder tener hijos. No lo reconoció, pero se ocupó económicamente de él. León XII Loayza, su hermano, se parecía físicamente a Nerón y tenía dotes para el canto. Director de la Compañía Fluvial del Caribe, fue el responsable del ascenso social de Florentino. Tenía fama de avaro por su modesta forma de vivir.
            Cuando Fermina se casó, Florentino cayó en una depresión. Su única ocupación eran los folletines de amor. Emprendió un viaje del olvido que le hizo perder la virginidad e iniciar una serie de relaciones secretas con mujeres con las que nunca se comprometió y a las que no daba importancia porque, como él siempre decía, le era fiel a Fermina: Rosalba, muchacha que viajaba en el mismo barco, lo asaltó y le hizo perder la virginidad; la viuda de Nazaret, las pajaritas huérfanas de noche, con las que iba al hotel y solía vestir como hombres para disimular; Ausencia Santander, de la que aprendió que el amor no se puede enseñar y que mantenía una relación con Rosendo de la Rosa, capitán de buque fluvial; la pajarita desamparada que conoce en un tranvía de mulas y vestía una túnica sin adornos, propia de una enferma que se ha escapado de un manicomio; Leona Cassiani, prostituta a la que le dio empleo y gracias a la cual ascendió Florentino; Sara Noriega, maestra a la que el novio dejó plantada a una semana de la boda y con la que escribió un poema para participar en los Juegos Florales; Olimpia Zuleta, asesinada por su marido chatarrero cuando descubrió la infidelidad por el dibujo que sobre su vientre había hecho Florentino; América Vicuña, joven de catorce años que estudiaba para maestra y había sido encomendada por su familia a Florentino. Fue la única con la que tomó precauciones. Se suicidó por la relación entre Florentino y Fermina; Prudencia Pitre, agente de comercio, que se hubiera casado con él y que afirmaba que uno de sus cuatro hijos era de Florentino.
             Otros personajes son Lotario Thugut, telegrafista y mentor de Florentino en el oficio; las pájaras, como llamaba a las prostitutas que trabajaban en el hotel del puerto; la hermana Franca de la Luz, superiora del colegio en el que estudiaba Fermina y mediadora del doctor Juvenal ante ella, alemana viril con acento metálico y mirada imperativa; Beny Centeno, fotógrafo belga, autor del retrato eterno de Fermina y su prima; el doctor Lácides Olivella y su mujer Aminta de Champs, a cuyas bodas de plata asiste el matrimonio Urbino el mismo día en que se muere Jeremiah de Saint Amour, fotógrafo amigo del doctor, que jugaba al ajedrez con él, se suicidó porque no quería envejecer, y que mantuvo una relación secreta con una mujer mulata que limpiaba su laboratorio una vez a la semana; los hijos de Fermina, Marco Aurelio y Ofelia, que recordaba a doña Blanca; Lucrecia del Real, amiga de la viuda Fermina y, según el diario La Justicia, amante del doctor; el capitán Diego Samaritano, que le tenía afecto a los manatíes e izó la bandera del cólera para salvar el amor de los ancianos; mantenía una relación con Zenaida Neves, a la que llamaba “mi energúmena” por su aspecto descomunal.

            Finalmente encontramos los personajes terciarios, que solo se mencionan al hilo de la narración y que son: el comisario, el estudiante de Medicina, Euclides (el niño nadador que ayuda a Florentino en su proyecto de rescatar un buque), los alumnos del Hospital de la Misericordia, el médico amigo del doctor Juvenal, las amigas de pintura de la joven Fermina, el pianista Romeo Lussichi (que le lleva una serenata a Fermina de parte del doctor), los amigos de Florentino, Juan B. Elbers (precursor de la navegación fluvial), la pareja a la que Florentino les escribía las cartas de amor y que le hicieron padrino de su primer hijo, Brígida Zuleta (amante fugaz de Florentino), el doctor Adonai (dentista de Florentino), Andrea Varón (otra amante), los pasajeros del barco, el hombre con los pollos en los bolsillos, los cazadores de manatíes, personajes políticos y personajes del caso de tráfico de armas y botas de Lorenzo Daza.

martes, 4 de marzo de 2014

Contenido y estructura narrativa en El amor en los tiempos del cólera



             Gabriel García Márquez dijo a propósito de El amor en tiempos del cólera que esta era la historia de un hombre y una mujer que se aman desesperadamente y que no pueden casarse a los veinte años porque son demasiado jóvenes y no pueden casarse a los ochenta porque son demasiado viejos.
            Asimismo, el autor reconoce que ha tenido cuatro grandes maestros: Sófocles y la tragedia clásica, especialmente Edipo Rey, de donde tomará el tema del destino; Kafka y La Metamorfosis, del que imita la realidad distorsionada y las postergaciones infinitas (cómo lo que deseamos y no conseguimos se dilata en el tiempo, como el amor de Florentino por Fermina que duró más de cincuenta años); Juan Rulfo y su Pedro Páramo, del que recoge temas como el amor y la muerte, los amores tardíos sin final trágico, las sagas familiares, las obsesiones, el interés por la estructura narrativa; y Faulkner, con Absalon, Absalon, que le enseñó a crear espacios.
            Otras presencias visibles en El amor en tiempos del cólera son “el amor constante más acá y más allá de la muerte” y la novela francesa de Flaubert, en concreto La educación sentimental, sintagma que define la educación recibida por Florentino Ariza, y Madame Bovary, cuyo primer capítulo nos habla de la infancia del marido de Emma y no de ella, que es la protagonista, al igual que García Márquez nos habla del doctor Juvenal Urbino. Otros puntos de unión son la descripción de personajes, costumbres, ropas, perfumes, la descripción del carácter femenino, la introspección psicológica y el episodio del carruaje, en el que el doctor Juvenal invita a Fermina y a su prima a subir, que se corresponde con el célebre capítulo del landó. También la novela corta Un corazón simple, crónica burguesa de una sirvienta que ama a los animales, como Fermina, y donde aparece un loro. La presencia del loro, un capricho del destino, la encontramos también en La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa. Finalmente, Gabriel García Márquez reconoce la influencia de Bola de sebo de Maupassant. En esta obra aparece la mirada tierna hacia el personaje marginado que es una prostituta y que se refleja en El amor en tiempos del cólera.
            De la novela modernista destacamos a Leopoldo Lugones y el cuento Abuela Julieta de Lunario sentimental, inspirado en Romeo y Julieta de Shakespeare, que trata de los amores incestuosos y secretos entre una tía y su sobrino. Es un amor que perdura toda la vida y que él rechaza porque se da cuenta de que ella es vieja, sin reparar en el parentesco. También hay un subtema paralelo, las partidas de ajedrez entre tía y sobrino, que se reflejan en las visitas de Florentino a Fermina viuda. De la novela De sobremesa y de los Nocturnos de José Asunción Silva, García Márquez recoge el erotanatismo (la relación entre amor y muerte), que es el eje temático de El amor en tiempos del cólera.
            De la novela rusa, concretamente de Tolstoi (La muerte de Iván Ivanovich) recoge el accidente absurdo que lleva a la muerte (es el caso del doctor Juvenal Urbino).
            El amor es el de la novela sentimental (María o La vorágine de Jorge Isaac), el amor romántico (Cumbres borrascosas), pero sin tragedia, el de la novela rosa y de la novela erótica.
            De La vita nova de Dante está presente el amor adolescente (Fermina-Florentino, América Vicuña-Florentino), el amor flechazo, súbito, propio del amor cortés.
            De la novela epistolar, las cartas. El amor en tiempos del cólera está llena de cartas entre los personajes, que el lector nunca lee. Desde la carta que le manda el doctor Juvenal a su amigo Jeremiah (que se acaba de suicidar) a las que se cruzan entre los amantes. En este punto destaca el arte de la omisión de Gabriel García Márquez, que no nos deja “leer”.
            De la novela de aventuras provienen los episodios dedicados a la navegación y la aparición de Joseph Conrad, convertido en un personaje de la novela.
            Finalmente, de Viaje a la semilla de Alejo Carpentier, está presente el viaje retrospectivo hacia los orígenes del amor para que pueda materializarse. El final es un principio.
            Por lo que se refiere a los temas y motivos de la novela, destacamos la fatalidad, que marca la estructura, la semántica y la narración. El destino es fruto de la voluntad o el deseo de los personajes. Así lo vemos en el momento en que Florentino también se cae de una escalera, pero siente que él no podía morir de la misma manera que el doctor Juvenal. Los dos hombres que amaban a Fermina no podían morir de la misma manera. Los amores desgraciados determinan un nuevo amor (tal como sucede en Más allá de Ignacio Quiroga).
            Eros y Tanatos (amor y muerte) son temas relacionados. El fallecimiento de Jeremiah, que se niega a envejecer, coincide con la muerte de Juvenal. Las campanas resuenan por un hombre insigne que ha muerto de forma absurda (lo que constituye una ironía romántica), los relatos de los muertos por el cólera se sitúan como telón de fondo (el doctor Juvenal se siente defraudado cuando al volver a su país, después de estudiar en París, se encuentra con un país pobre, enfermo y atrasado) y la única manera de salvar el amor es izar la bandera amarilla del cólera. De esta manera, la muerte es una estrategia para el amor. Amor y muerte se unen también en el personaje de América Vicuña, que se suicida cuando descubre las cartas entre Florentino y Fermina. La muerte por amor está también presente en la amenaza de Lorenzo Daza a Florentino y que a este no le importa, ya que no hay mejor muerte que la que se produce por amor.
            El amor romántico de Florentino hacia Fermina, de “paciencia mineral” (recordemos que Ortega y Gasset hablaba del amor como cristalización), que no entiende por qué los demás no sienten lo que él cuando la espía, se opone al doctor Juvenal Urbino, que no sintió ninguna emoción al conocerla. El amor aparece también imaginario, frenético, voluble e inconsciente. Fermina lo ama imaginariamente después de haber realizado su viaje del olvido. Cuando lo ve se desilusiona y se da cuenta de que los suyo era “una ilusión”. Después nos hablará de amor verdadero. Podemos relacionar también el amor adúltero del doctor Juvenal con B.Lynch y que el doctor necesita confesar, frente a los amores secretos de Florentino, el amor fatal de América Vicuña. Es muy importante el sexo en la relación de Florentino y sus amantes, que van desde la violación que sufre (Rosalba), pasando por la ruptura de su promesa de fidelidad, hasta la relación con una menor, que entroncaría con la novela erótica y pornográfica. También destaca el amor de las viudas, que empiezan a vivir desde el momento en que mueren sus maridos. También el triángulo amoroso, el amor dentro y fuera del matrimonio.
            Otro de los temas y motivos de la novela son las edades del hombre, de la juventud a la vejez, pasando por la infancia de los personajes.
            En cuanto al universo femenino, hay un paralelismo entre Florentino que envejeció para Fermina y Leona Casiani, que envejeció para él y que García Márquez define como el verdadero amor de Florentino, aunque ninguno de los dos lo supo y nunca hicieron el amor. Por otra parte, hay un ataque a la aristocracia colonial, que representa Blanca Urbino y posteriormente su nieta Ofelia, y a los matrimonios convencionales.
            La historia de la navegación se nos presenta a través de la Compañía fluvial del Caribe. Hay una evolución en las costumbres, avances sociales y de los medios de comunicación (aparece el primer viaje en globo), la prensa política (a partir de los negocios de Lorenzo Daza) y rosa (con la presunta relación del doctor Juvenal).
            Aparece el afrancesamiento de la sociedad colombiana que representa el doctor Juvenal, quien se especializa en París, donde por otra parte, siempre fue feliz con Fermina.
            Identificamos en el personaje de Florentino el amor por lo autóctono, ya que él no quiere abandonar su país.
            Otro de los temas que aparecen son las referencias culturales a la música popular, a los tangos, a la música culta (Juvenal), bailes, juegos, al doctor Adrián Proust (padre del novelista), epidemiólogo y maestro de Juvenal, así como al estreno de Los cuentos de Hoffman.
            También encontramos referencias a la ecología, con el empobrecimiento de la flora y fauna autóctonas y el interés por los animales de Fermina, sobre todo por las aves.
            El mito americano de “El Dorado” se ve al final de la novela en el espacio idílico (“La Dorada”) que construyen Florentino y Fermina.
            El tema epistolar es muy importante. Destaca la carta humillante que le escribe Fermina a Florentino después de que este le vuelva a declarar su amor y que es típico de la literatura hispanoamericana (El túnel, de  Sábato). Por otra parte, encontramos las cartas morales, que son reflexión sobre la vida y consolación para la muerte y que adquieren un carácter simbólico de lo que significa la novela: la historia contenida de un amor.
            El libro está estructurado en seis partes, y ese número es simbólico en la novela (es el resultado de 3 por 2, trío y pareja; seis pliegos tiene la carta infamante de Fermina a Florentino cuando es viuda; seis días duró la creación). La primera y la sexta parte enmarcan el resto, que suponen la analepsis hacia el inicio, y están dedicados a la vejez.
            En cuanto a las técnicas narrativas, podemos señalar en primer lugar que en esta novela no podemos separar autor de narrador. Estamos ante un cronista omnisciente, que forma parte de la colectividad y que se permite utilizar la primera persona del plural e incluso citar a su mujer Mercedes. Además, utiliza una omnisciencia selectiva: se cuela en la mente de un personaje y nos lo cuenta todo y, sin que nos demos cuenta, salta a la mente de otro personaje. Este perspectivismo, que Vargas Llosa llama “mudas continuas”, se mueve en las conciencias de Juvenal, Florentino y Fermina. Así se pone en evidencia la capacidad de introspección psicológica de un narrador omnisciente que profundiza hasta lo que sus personajes desconocen (como en la relación entre Leona y Florentino). Gabriel García Márquez dota de vida a los personajes.
            Es una novela de ritmo lento, pautado, de vaivenes y alternancias, con episodios perfectamente engarzados, llena de descripciones detallistas, recordatorios al lector, sumarios, paréntesis (en el sentido de Cervantes, al dejar un capítulo y reanudarlo después), analepsis lineal y retrospectiva del capítulo dos al cinco.
            Hay un predominio del estilo indirecto, a veces libre, y escaso estilo directo, que cuando se introduce en la narración (normalmente al final de una larga descripción) es para poner en boca de un personaje una frase a modo de sentencia, lo que anticipa con el uso de los dos puntos.

            Finalmente, otra técnica es la poética de la onomástica, que va desde Fermina y Florentino destinados a estar juntos por sus nombres, pasando por nombres de Papas o simbólicos como Jeremiah de Saint Amour, hasta los autóctonos como Juvenal o Tránsito.