lunes, 23 de noviembre de 2015

Los personajes de “Los santos inocentes”



            Una constante en la trayectoria de Miguel Delibes es la atención que presta a la caracterización de sus personajes. La galería de estos que aparece en Los santos inocentes revela su preocupación por el ser humano. Adorna la vida rutinaria, las ideas y pasiones de cada uno de ellos con anécdotas significativas de sus vidas. El resultado es la confrontación entre pasiones y modos de vida.

            Podemos hacer una doble clasificación de los personajes por un lado y, en orden de importancia, señalar personajes de primer, segundo y tercer plano, y por otro el enfrentamiento entre opresores y oprimidos.
            Los personajes del primer plano son Azarías y sus milanas, Paco el Bajo y el señorito Iván, que es el antagonista. Se enfrenta el mundo de los humildes, que se caracteriza por su inocencia, sumisión y amor a la naturaleza, con el mundo de los señores o nobles, que se caracteriza por la arrogancia y el desprecio hacia la naturaleza y hacia el prójimo.
            Azarías es un inocente retrasado mental, causa de sus conductas, es viejo e hipermarginado entre los pobres de los cortijos. Es un personaje mantenido por caridad. Físicamente, sus ropas raídas y sucias y su ausencia de calzado demuestran su pobreza excesiva; es descrito mediante el recurso de la animalización ya que masca saliva, eructa con frecuencia y arrúa como el jabalí, es sucio como demuestra el hecho de orinarse en las manos o ponerse una camiseta encima de otra y es un personaje de excesos, excesos para defecar, para comer, para no hacer nada. Psíquicamente presenta conductas instintivas y mecánicas (todos los días hace lo mismo), es ignorante (quita los tapones de las válvulas) y tiene alucinaciones con su hermano muerto. Tiene sentimientos humanos de miedo y ternura, como demuestra su amor hacia las milanas y la Niña Chica.
            Las milanas son carroña para otros personajes, pero para Azarías valen más que un humano (hay una humanización de las milanas y una animalización de la Niña Chica). Mata al señorito Iván porque para él la vida de la milana vale más que la de un hombre.
            Paco el Bajo representa la sumisión, como demuestran la humillación que sufre al ver a su hija Nieves sirviendo, la obligación de adular a los amos, la humillación que sufre al tener que firmar por orden del señorito Iván ante René, el francés, y asumir riesgos físicos. Tiene olfato para la caza y comparte la pasión por ella con el señorito Iván. Es un personaje de gran calidad humana, pues desea para sus hijosun mundo mejor (educación) y muestra gran comprensión y cariño hacia la Niña Chica y Azarías.
            El señorito Iván tiene una mentalidad feudal, que es fruto de su condición de amo. Es un personaje que tiene relaciones de dependencia con sus sirvientes (es incapaz de cazar sin Paco) y de mentalidad conservadora e inmovilista, que cree firmemente que debe existir la jerarquía de clases (“unos abajo y otros arriba”). Es autoritario (obliga a Paco a tratarlo de usted), paternalista (considera intolerable que Quirce no acepte su limosna), vanidoso (busca la adulación y si no la consigue humilla, como se ve en el trato a Nieves tras el desprecio de Quirce),  amante de la caza, pero no de la naturaleza, y cínico (como se ve en el caso de doña Purita).
            Los personajes del segundo plano son menos dibujados y no protagonizan el conflicto, como los anteriores, pero son necesarios para el sistema de oposiciones que se da en la historia. La familia de Paco (Régula y sus cuatro hijos –Nieves, la Niña Chica, Rogelio y Quirce-), la familia del señorito Iván (Señora Marquesa y Señorita Míriam) y don Pedro y doña Purita, encargados del cortijo.
            Pedro el périto es un personaje opresor que se convierte en oprimido a raíz del rapto-fuga de su mujer. Preso de los celos se ve impotente para enfrentarse al señorito Iván, que ha puesto sus ojos en doña Purita.
            Doña Purita es frívola y tiene como único objetivo el conquistar al señorito Iván.
            La señorita Míriam es el único personaje que tiene conciencia social entre los acomodados, como demuestra su comprensión ante Azarías, que no cree que no pueda servir para nada.
            La señora Marquesa es paternalista, aparenta falsa preocupación y falsa protección. Demuestra así su posición social ante los humildes.
            Quirce es símbolo de insumisión y antisedentarismo.
            Régula es uno de los personajes, junto con Paco, que mayor amor al prójimo demuestra y siempre está dispuesta para el servicio a los señores.
            La Niña Chica es, junto a Azarías, inocente. Es la imagen más impresionante de la degradación humana.
            Finalmente, los personajes del tercer plano tienen una presencia accidental, pero necesaria para comprender la complejidad social de la novela. Son el resto de sirvientes, los invitados y personajes ajenos al cortijo como el médico, el Hachemita, el mago o los educadores.

            Por otra parte, la novela nos presenta el enfrentamiento entre el mundo de los oprimidos, que representa Paco el Bajo, su familia y el resto de sirvientes, y el mundo de los opresores, que representa el señorito Iván y su familia. En medio queda don Pedro, que pasa de ser opresor (pone a Nieves a servir para que ayude a su mujer) a oprimido o víctima (con la fuga de su esposa).
            Los personajes oprimidos son puros, no contaminados por la civilización, poseen valores primarios positivos como el amor, la amistad, el respeto a la naturaleza, y negativos como el odio. Son auténticos, pues son la imagen de un hombre consciente de sus limitaciones y deseosos de que se le conozca tal cual es, son desheredados de la fortuna, tanto biológica como socialmente, viven en la miseria, solitarios y sin educación, pues su sabiduría reside en el conocimiento del medio.
            Los opresores son acomodados, deseosos de aparentar, con rasgos negativos como el egoísmo, la prepotencia, la intolerancia y el desprecio hacia cuanto les rodea. Son dueños del destino ajeno, de quienes por ignorancia o por resignación se ven abocados a permanecer como siervos.
            Rompen este esquema de opresores-oprimidos la señorita Míriam y René, el francés, que demuestran tener conciencia social, al defender a Azarías y al no comprender la humillación a la que somete el señorito Iván a sus sirvientes en el episodio de las firmas respectivamente. También Quirce, que se rebela contra la sumisión.


            Delibes muestra una ectitud maniquea, pues atribuye a los oprimidos todo rasgo de bondad e incluso disculpa los defectos o actitudes negativos que pudieran tener, y todos los rasgos de maldad a los opresores, e incluso hace que sus comportamientos positivos se vean como negativos, pues los hacen desde su propio interés.

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