domingo, 23 de noviembre de 2014

Petrarquismo




Se denomina petrarquismo, dentro del género lírico, a la corriente estética que imita el estilo, las estructuras de composición, los tópicos y la imaginería del poeta lírico del humanismo Francesco Petrarca. Fue una corriente que se desarrolló en Europa con el Renacimiento tras la lírica del amor cortés de los trovadores provenzales.
El primer movimiento que prepara el desarrollo de la lírica occidental hasta nuestros tiempos es el de esos trovadores de los siglos XII y XIII. La vida poética ya no se centraba en lo clerical ni en lo popular, sino en un nuevo ambiente, el de la “caballería”. La nueva clase de los caballeros quiere contraponer su estilo y su código de honor al dinero de la incipiente burguesía. Se toma como nuevo motivo central para la poesía el de la “señora”. Hasta entonces la lírica amorosa había consistido en que la muchacha suspiraba por el hombre que vendría o no vendría. Pero ahora es el hombre el que se arrodilla ante la mujer (la “señora”) pidiéndole su amor, como un vasallo ante su señor. A esta lírica se superpone una nueva filosofía amatoria influida por el platonismo.
El impulso poético introducido por los trovadores cambia de sentido al ser recogido por las “ciudades-Estado” italianas, de las que Florencia es la más típica y la que marca el tono literario y artístico. Allí es la incipiente burguesía la que se hace cargo de la lírica (los primeros poetas del llamado Dolce Stil Novo son abogados y notarios).
El tema amoroso sigue siendo central, pero ahora la “señora” se eleva y se idealiza, hasta volverse una figura abstracta y simbólica, tal vez inexistente en la realidad (y en todo caso, añorada sin esperanza, porque ha desdeñado al poeta para casarse con otro, o porque ha muerto). La capacidad para ese amor de alcance ideal, metafísico y religioso, es lo que distingue a la nueva clase ascendente, basada en la excelencia del individuo, frente a la nobleza y sus caballeros, apoyados en la herencia y en la estima.
Así aparece en Al Cor Gentil, de Guido Guinizelli (1230-1276), un manifiesto bajo la forma de una disertación sobre el amor. En él el “corazón gentil” es lo que sitúa al nuevo hombre por encima del “hombre altanero” que presume solo de su linaje. Ese corazón gentil se expresa amando absoluta y casi místicamente a la señora, a la madonna, a la que el poeta ve situada incluso por encima de los ángeles del paraíso, y a la cual no es pecado amar.
Dante Alighieri (1265-1321) reúne este sentir (el amor a Beatriz, muerta muy joven, pero ya transformada en una sublime entidad que iluminaba el mundo entero) con la visión del mundo acorde con la teología y la cosmología de la escolástica medieval.
El tema de la mujer idealizada (la madonna) seguirá siendo central en la evolución de esta corriente literaria que va tomando un nuevo cariz (al abandonar esa teología escolástica) para empaparse y dejarse influir por los clásicos paganos, sobre todo los latinos, y esforzándose por usar un latín puro y más exquisito que la nueva lengua románica (el toscano o italiano).
Estamos entrando así en el humanismo, cuyo arquetipo es Petrarca (1304-1374). Sus versos en italiano se recogen principalmente en el Canzoniere, que reúne alrededor de cuatrocientos poemas con un solo tema en dos variantes: Laura, amada en vano durante veinte años, y Laura después de su muerte.
Petrarca establece el lenguaje y el sistema formal a que se atiene la poesía europea sucesiva, sobre todo hasta el siglo XVII (aunque no desaparece): fina psicología en el análisis de los sentimientos, fuerte carga de conceptos teóricos, secularización de ideas religiosas para su uso amoroso o lenguaje selecto pero sin alejarse de la lengua hablada por el nivel social burgués.
Dentro del humanismo (hasta 1500, aproximadamente), la poesía lírica viene a ser una derivación del mundo del pensamiento, de la cultura intelectual, que vuelve la mirada a la antigüedad clásica como un punto ideal de partida. Es una época en que el platonismo se ha mezclado con el cristianismo para prevalecer intelectualmente sobre este.
Señalaremos que los poetas del Petrarquismo se dedican a cultivar fundamentalmente el soneto amoroso y a reunirlo en colecciones estructuradas como cancioneros petrarquistas: una serie de poemas documenta la historia de su amor por la dama en evolución desde lo sensual a lo espiritual por influjo de las teorías amorosas del platonismo, que considera el amor como algo abstracto.
Petrarca influye tanto en los aspectos formales como en los temáticos. En estos destaca el culto a la belleza, el protagonismo de la naturaleza (bucolismo) y del amor, de la mano del cual está la mujer como eje en torno al que gira la filosofía del amor petrarquista, a la manera del amor cortés.
Formalmente, el petrarquismo introduce en la literatura en español el soneto, que será la forma más usada en los siglos de oro, así como el verso endecasílabo.
En Italia el petrarquismo tuvo continuadores entre los que destacan Pietro Bembo (1470-1547) y  Jacopo Sannazaro (1456-1530); en Portugal fueron poetas petrarquistas Luis de Camoens (1524-1580) y Sa de Miranda (1481-1558).
En España introdujeron el petrarquismo Garcilaso de la Vega (hacia 1500-1536) y Juan Boscán (1492-1542), y lo siguieron Gutierre de CetinaHernando de Acuña en la primera mitad del siglo XVI y Fernando de Herrera (por ejemplo) en la segunda mitad; Lope de Vega y Francisco de Quevedo son los ejemplos más representativos en el siglo XVII, a veces con rasgos paródicos que son patentes por ejemplo en Baltasar del Alcázar.
En Francia implantó el petrarquismo el movimiento poético conocido como La Pléyade, un grupo de siete poetas cuya figura más importante es Pierre de Ronsard (1524-1585). Destaca su obra Amores y los Sonetos para Helena; en Inglaterra encontramos figuras como Thomas Wyatt y Henry HowardEn el caso de William Shakespeare no podemos hablar de fidelidad plena al modelo petrarquista, aunque en sus sonetos de amor se adivina la huella del poeta italiano bajo un afán de ruptura. En la época de Shakespeare se produce la progresiva disolución del petrarquismo como esencia de la expresión lírica del sentimiento amoroso. Hay un aspecto esencial que condiciona el significado de los Sonnets y los coloca como algo autónomo en la evolución del petrarquismo. 126 poemas están dedicados a un hombre (el “lovely boy”), lo que constituye una alteración básica de la norma poética convencional.
El petrarquismo llegó a convertirse en algo artificial, científico y frío, de forma que en el siglo XVII, ya en el barroco, empezó a usarse el mecanismo de la parodia y se crearon numerosos cancioneros burlescos. El idealismo platónico se mezcló con el materialismo y la referencia al detalle marginal o costumbrista. Cultivadores de este estilo podemos encontrar en España a Baltasar del Alcázar y Luis de GóngoraLope de Vega compuso también un cancionero petrarquista burlesco y humorístico, las Rimas humanas y divinas de Tomé Burguillos. Quevedo, autor de otro cancionero petrarquista en torno a Lisi, ensaya también la parodia petrarquista en poemas sueltos. Sin embargo, los temas y el tono de este tipo de poesía renacen una y otra vez, de forma que su huella siempre está presente en mayor o menor medida en la lírica occidental.


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