jueves, 10 de septiembre de 2015

Estructura y contenido en “El amor en tiempos del cólera”




            García Márquez publicó El amor en tiempos del cólera en 1985. La mayor parte de la acción transcurre en una ciudad sin nombre, pero que se modela sobre Cartagena de Indias, entre 1870 y 1930, aproximadamente. La obra gira en torno al amor entre Florentino Ariza y Fermina Daza. A los dieciocho años, ella rompe ese compromiso y se casa con el doctor Juvenal Urbino. Este muere a los setenta y dos años en un accidente doméstico. Florentino, que tiene setenta y seis años, sigue enamorado de Fermina, con la que conseguirá consumar ese amor.
            Aunque el resumen de la novela es breve, ello no oculta la densidad temática de la obra, en la que se entretejen episodios y reflexiones en torno a la vida, el amor, la vejez y la muerte, junto al análisis social y político de la reciente historia hispanoamericana, especialmente la del Caribe (guerras civiles, contrabando, devastación de la naturaleza, etc.), en contraposición con los modos de vida europeos, representados en la novela por el doctor Urbino. Entre estos temas destaca la creación literaria dentro de la propia novela, a cargo de Florentino Ariza, quien escribe epístolas, poemas y reflexiones sobre el amor.
            Todos los temas que hemos mencionado se desarrollan en la novela a través de una serie de núcleos argumentales:
-         el relato del largo matrimonio de Fermina Daza y el doctor Juvenal Urbino.
-         El proceso de soledad, amor obstinado y lujuria de Florentino Ariza, que acecha a Fermina durante más de cincuenta años.
-         La reconstrucción de los hábitos íntimos y sociales del Caribe entre (aproximadamente) 1870 y 1930.
-         Los pormenores de una sexualidad generalmente sofocante y triste.
-         Los diversos y restringidos espacios de las mujeres.
-         Las transformaciones de una zona, que son al mismo tiempo reales y legendarios.
            Estructuralmente, la novela se divide en seis capítulos de sinuosa organización narrativa en la que se pueden destacar dos planos temporales:
1)      Plano temporal del presente, que se corresponde con la vejez de los protagonistas (capítulos I y VI).
2)      Plano temporal retrospectivo, que recupera el pasado de los personajes y la evolución geográfica de los lugares que habitan, esos más de cincuenta años entre el comienzo y el final de la novela (capítulos II, III, IV y V).
            Esta organización produce altibajos en la materia narrativa. Se produce una acumulación de episodios e historias que complementan a la principal, y en ella unos episodios destacan sobre otros. Los capítulos centrales (III y IV) entretienen al lector, pero no se concentran en el desarrollo de la historia, que se desmenuza en anécdotas y episodios laterales que parecen alargar el relato para sugerir el paso de ese medio siglo. A partir del capítulo V la novela regresa al rumbo de los dos primeros. El capítulo VI nos devuelve al momento evocado por el curso narrativo del primero. La historia de amor culmina en uno de los momentos álgidos y magníficos de la obra de García Márquez.
            Para muchos críticos el capítulo más destacable es el VI, hasta el punto de que todo lo anterior se puede entender como una preparación del último. Otros señalan la especial importancia de los capítulos primero y último, que son los que aportan el equilibrio verdadero en la novela.
            La estructura interna se corresponde con el desarrollo del contenido por capítulos:
-         Capítulo I: la novela comienza con la muerte de Jeremiah Saint-Amour y después se centra en el doctor Juvenal Urbino, en particular en su vida matrimonial, sus inquietudes sociales y las contribuciones a su ciudad. Se describe también la propia ciudad, su fisonomía de barrios pobres y ricos y su animación colectiva. El capítulo se cierra con la muerte del propio Juvenal Urbino, a cuyo entierro asiste Florentino Ariza para reencontrarse con la ya viuda Fermina Daza.
-         Capítulo II: se centra en Florentino Ariza, en su entorno familiar (hijo natural del naviero don Pío Quinto y de Tránsito Ariza, costurera y prestamista) hasta el enamoramiento de Fermina Daza, su correspondencia amorosa, las amenazas del padre de Fermina y el alejamiento de esta durante más de un año. Solo el desencanto de Fermina a su regreso y al ver de nuevo el rostro de Florentino pone fin a la relación. A partir de ese momento Fermina evitará todo encuentro con él.
-         Capítulo III: aparecen sucesivamente los tres personajes principales. Se nos narra la juventud del doctor Urbino (su preparación académica en París, su familia, sus inquietudes sociales), la visita médica a Fermina, la petición de mano. Florentino viaja y aprende a sustituir el recuerdo de Fermina por el erotismo con otras mujeres. Se presentan también los inicios eróticos en solitario de Fermina hasta su matrimonio y viaje de novios con Juvenal. El capítulo se cierra con el regreso de París.
-         Capítulo IV: ofrece los sucesivos amores de Florentino Ariza y después se centra en Juvenal y Fermina, con esa perfecta acomodación a la relación conyugal.
-         Capítulo V: aparece la crisis matrimonial a causa de la infidelidad del doctor Juvenal Urbino y la marcha de Fermina. Hay un minucioso análisis de la pasión y el dolor por el engaño, la humillación sentida por Fermina y su padecimiento. Por otra parte, continúa el largo historial amoroso de Florentino. El envejecimiento de los tres protagonistas ocupa una parte importante de este capítulo, que se cierra con la muerte de Juvenal y el reencuentro de Florentino y Fermina.
-         Capítulo VI: se inicia con la condición de viuda de Fermina y sigue con las aproximaciones calculadas de Florentino, que escribe más de cien cartas y realiza varias visitas. La consumación del amor de los dos personajes se produce a bordo del buque Nueva Fidelidad en el río Magdalena.

            Con respecto al narrador, en la novela es omnisciente. La historia está narrada en tercera persona. El narrador es capaz de dominar este mundo narrativo y adentrarse en la intimidad de los personajes, incluso en los episodios de alcoba, en los sueños o en los secretos de confesión.
            Lo que eleva la novela es sin duda el estilo, el manejo y uso magistral del lenguaje. En El amor en los tiempos del cólera el personaje central es el idioma. Gracias a la perfección de los sonidos y a la sucesión de frases inmejorables, los hechos adquieren un mayor relieve.
            Por otra parte, la realidad y la ficción se mezclan en las coordenadas espacio-temporales de la novela. La libertad creativa está al servicio de la acción narrativa, junto a la fidelidad histórica a una época y un tiempo precisos.
            García Márquez explicó que la ciudad era una ciudad imaginaria, que tenía elementos de tres ciudades del Caribe colombiano (Cartagena de Indias, Santa Marta y Barranquilla) que están muy cercanas unas de otras. El Caribe colombiano se parece al venezolano y al resto de las zonas caribeñas y más que la reconstrucción histórica de una ciudad concreta, al autor le interesaban las costumbres de la época de esa región.
            Pero la mayoría de los rasgos corresponden a Cartagena de Indias: calles estrechas, plazas con árboles, la catedral, la iglesia de San Pedro Claver, la bahía de las Ánimas, el muelle de los Pegasos, la playa del Arsenal, el barrio Getsemaní, el Palacio de la Inquisición, el mercado público, el Portal de los Escribanos o el barrio residencial de la Manga.
            El espacio inicial se ve ampliado por los lugares por los que viajan los personajes: Sierra Nevada, Manaure, Fonseca, Riohacha, el cabo de la Vela, el río Magdalena, el puerto Nare, la Dorada, etc.

            La novela se desarrolla como hemos dicho en el marco temporal de las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Hay algunas referencias en el libro que sirven para fijar esas fechas. Por ejemplo, el personaje Rafael Núñez, padrino de boda de Juvenal y Fermina, fue presidente de la República entre 1880 y 1882, la referencia de los años que Florentino espera para poder amar a Fermina suponen otro detalle temporal importante, la navegación por el río Magdalena con hidroaviones nos sitúa hacia 1919 y la muerte de obreros en la plantación de San Juan de la Ciénaga sucedió en 1928.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Gramática histórica: Formas nominales




            Clases de morfemas

Frente al lexema, los morfemas se presentan con un número limitado de sustituciones. Dentro de cada uno de los grupos de morfemas las posibilidades de elementos combinatorios son también escasas.
            Si vemos, por ejemplo, los prefijos que se pueden aplicar al adjetivo bueno, vemos que son muy pocos (re-bueno, requete-bueno, etc.). Igual nos ocurre con los infijos (cas-it-a, cas-uch-a, etc.) y los sufijos (caz-a-dor, cac-e-ría). Y ello sin aludir a morfemas que, por naturaleza, tienen un número limitado de posibilidades, como el género (gato/a) o el número (gato/os).

            Estructura morfémica nominal

            Los morfemas nominales o intensos afectan a las palabras, no a las frases. El mayor número de tales morfemas que pueden aparecer en un sustantivo lo encontramos en palabras como “destornilladorcitos”, cuya descomposición formal sería la siguiente:

Prefijo
Lexema primario
Infijo primario
Sufijos aspectivos
Infijos secundarios
Género
Número
Des-
torn-
ill-
ad-or-
c-it-
o-
s

            Las posibilidades morfémicas nominales serían: prefijo, lexema, infijo, sufijo, género, número e incidencias.

            Lexemas nominales

            El lexema es el elemento más significativo de la palabra, que pertenece a una clase abierta y no finita. Se pueden distinguir morfológicamente varias clases:
1)      Lexemas arbitrarios fijos: cuando están constituidos por elementos aislados, que ni enlazan con otros, ni están motivados por otras normas que las de la evolución de la lengua. Son las palabras que encierran los elementos primarios, los que son entendidos por el hablante en su propia individualidad (árbol o pan, por ejemplo).
2)      Lexemas arbitrarios polimorfos: cuando en la estructura del lexema se producen alteraciones motivadas por causas externas al propio lexema, motivados por hechos diacrónicos o sincrónicos. El lexema de “ciert-o” se opone a “cert-eza” porque la alternancia /ie/-/e/ está condicionada por el hecho de la historia lingüística: la ĕ breve latina, al pasar al español, diptongaba si sobre ella recaía el acento, pero no si quedaba en posición inacentuada. Esta sería una causa diacrónica que hace que se produzca alternancia en el lexema.
3)      Lexemas diferenciados sintagmáticamente: son los que se oponen por constituir con otras palabras sintagmas unitarios: gran(de) libro/ libro grande. Estas formas se producen en el tipo normal de habla y en la lengua escrita, sobre todo cuando se pretende conseguir unos determinados efectos: “el Quijote es un grande libro”.

Este tipo de diferenciación sintagmática de los lexemas se cumple también en los pronombres demostrativos.


            Los casos y la suerte de la declinación latina

            El sistema latino nominal tenía cinco casos: nominativo, acusativo, genitivo, dativo y ablativo. Los morfemas utilizados se repartían en cinco tipos o grupos de declinación.
            El latín hablado dio preferencia al acusativo sobre los demás casos y no solo por la pérdida de la –m final y la desaparición de la cantidad, sino porque la propia sintaxis latina distaba de haber llegado a expresar cada función con una sola forma. En latín clásico el nominativo era sujeto, pero en las oraciones de infinitivo tal función era propia del acusativo. El acusativo de tiempo podía sustituir al ablativo, el acusativo de dirección compartía sus oficios con el ablativo, había un genitivo y un ablativo de cualidad, también había un genitivo y un dativo posesivos. Toda esta confusión, unida a la confusión fonética, obligó al desarrollo del sistema proposicional, con lo que las desinencias causales perdieron eficacia. Así, de+sustantivo reemplaza a los muchos finales distintos del genitivo latino (rosae, domini, etc.).
            Desarrollado el sistema preposicional y caracterizados los casos por la preposición en vez de por la desinencia, la declinación latina quedó así:
            Se redujo a un caso de sujeto (nominativo) y a otro regido que si no llevaba preposición era el acusativo y si llevaba la preposición, era cualquier forma de dativo, ablativo o acusativo.

            Restos de la declinación latina en español

Nominativo
            Se ha conservado en algunos nombres propios destinados a ser agentes de verbos. Los más significativos son los de origen eclesiástico o francés: Dios, Pilatos, Marcos, Longinos, etc. Se le añaden a estos nombres otros venidos del catalán y términos dialectales. Hay nominativos en muchos cultismos (pubis, detritus, virus, etc.) que no afectan a la estructura de la lengua.
            Muchos de estos nominativos son galicismos, otros podrían ser tecnicismos. Es el caso de “juez” que se explica desde un acusativo. En toponimia quedan algunos fósiles en nominativo, como Santocildes

Vocativo

            Los herederos en español son escasos. En latín sus funciones eran usurpadas por el nominativo.
            Menéndez Pidal señalaba la persistencia de Yagüe, Sixte y Iessucriste: Yagüe>Jacobe, en el siglo XIII “Sancti Yagüe” que es el moderno Santiago. En un refrán andaluz aparece “San Sixte, busca las uvas donde las viste”. Otros estudiosos añaden la forma “maese”, inspirada en un vocativo.

Genitivo

            La sustitución del genitivo por el acusativo con de acarreó la pérdida de este caso. En español quedan algunos restos, como los días de la semana (martescondestable), algún extranjerismo (capuz scholae>capiscol) o algún dialectalismo (candelorum>candelor).
            En cuanto a los topónimos son frecuentes los restos de genitivo en las formaciones de nombre común+nombre propio en genitivo, que se usaron para indicar el poseedor de una villa, como Villa Valerii>Villavaler. El genitivo plural se emplea para designar poseedores colectivos, como en Gothorum>Toro. Los hagiotopónimos abundan en construcciones de nombre común+nombre propio en genitivo y en ellas se elide el sustantivo (ermita, monasterio) y queda el nombre del santo: Sancti victoris>Sanchechores. Otras veces en toponimia el genitivo sirve para describir los exteriores del lugar, como en rivi angulu>Riaño, Rianjo. También quedan restos en la antroponimia, ya que un modo de formar el apellido del individuo era poner el nombre del padre en genitivo precedido del nombre del individuo (Sancia Poncii>Pontius, Ponce). El genitivo –ici es el antecedente de los apellidos en –ez.

Ablativo

            El acusativo ocupó sus puestos. En cuanto a las pervivencias del ablativo, se encuentran en algunos sintagmas de carácter adverbial (hoc anno>hogaño). En la toponimia de la península Ibérica queda algún rastro de construcciones en ablativo, como Somonte o Solago, que se explican por el uso de in o sub+acusativo.

            Evolución de las declinaciones latinas

            La primera declinación (nombre en –a) se conservó porque tenía la característica del género femenino. Quedó reducida a un singular en –a y un plural en –as.
            Nombres de la quinta declinación (-ies, -es) pasaron a la primera. Esto favoreció los hechos analógicos: caria en vez de caries, o saniam y sanies (moderno saña). La primera declinación se enriqueció con algunos nombres de la tercera, así cinis se convirtió en cinera, de donde el castellano cendra y el asturiano cerna. Algunos nombres en –x crean femeninos de esta declinación (tenax>tenaza).
            La aparición de –a en las voces que mantienen género femenino se aplica por la pretensión de cohonestar el género gramatical y la forma que lo expresa. En otros casos, la dualidad latina de género se ha mantenido y las voces son unas veces masculinas y otras femeninas. Se incorporaron a esta declinación algunas voces griegas que, o no eran femeninas, o no tenían la terminación de tales (anphora, por ejemplo).
            La segunda declinación latina se mantuvo como heredera del género masculino. En ella se vació íntegramente la cuarta (temas en –u), ya que se confundió fonéticamente con la segunda (marum-dominum). Muchos sustantivos de la tercera pasaron a la segunda: los femeninos abies>abeto, los neutros que adoptaron forma masculina (vas>vasum>vaso). También se incorporaron a esta declinación algunos sustantivos de la quinta (scabies>escazo). Pertenecen a esta declinación todos los neutros en –o y los falsos nominativos.
            Las declinaciones tercera y quinta se confundieron en sus formas de acusativo (legem, leges; rabiem, rabies). Hasta los temas en –i hicieron un acusativo plural en –es, que eliminó al de –is.
            Dieron forma a los sustantivos que terminaban en consonante. Se enriqueció con los casos de apócope final (apóstol), con los galicismos en –e o con las voces patrimoniales que han cambiado la –o latina en –e (colpu>golpe).
            Los tipos morfológicos en español que resultan de la evolución latina se pueden agrupar en:
1)      –a/-as
2)      –o/-os

3)      –e/-es, consonante/-es.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Notas para un comentario pragmático de "El obispo leproso"




Pablo vio un zapato de María Fulgencia. Lo vio, lo tomó y lo tuvo. No lo había soltado el pico de un águila desde el cielo, como la sandalia de la «Bella de las mejillas de rosa» del cuento egipcio, sino que lo cogieron sus manos de la tierra. Tampoco era un zapato, sino un borceguí de tafilete. Y no vio un borceguí, sino el par. Se había quedado solo en el estudio haciendo una copia, y al salir asomose a la sala. La muñeca del sofá le llamó tendiéndole sus bracitos; y en la alfombra del estrado estaban las botinas de la Monja. ¡Qué altas y suaves! Muy juntas, un poco inclinadas por el gracioso risco del tacón. Sumergió su índice en la punta; allí había un tibio velloncillo. La señora necesitaba algodones para los dedos; y el suyo salió con un fino aroma de estuche de joyero. Pies infantiles; y arriba, la bota se ampliaba para ceñir la pierna de mujer. Se acercó el borceguí a los ojos, emocionándose de tenerlo como si la señora, toda la señora, vestida y calzada, descansase en sus manos. Y de repente se le cayó. La señora estaba a su lado, mirándole. Le había sorprendido como la primera mañana de lección. Para disculparse le mostró en su solapa una gota de tinta, y dijo que entró buscando agua y un paño...
-¿Tinta? ¡Y aquí también, en esa mano! Tráigame usted mismo un limón. No es menester que baje al huerto. Hay cuatro o cinco muy hermosos en los fruteros.
Fue Pablo al comedor y vino con un limón como un fragante ovillo de luz.
-¿Y para partirlo? No vaya. No vaya otra vez.
Y María Fulgencia hundió sus uñas en la corteza carnal. Saltó más fragancia.
-¡No puede usted!
-¿No puedo? ¡Sí que puedo!
Y mordía deliciosamente la pella amarilla.
Pablo se la quitó. Les parecía jugar en la frescura de todo el árbol.
-¡Tampoco puede usted!
La fruta juntaba sus manos y sus respiraciones. Recibían y transpiraban el mismo aroma, pulverizado en el aire húmedo y ácido de su risa. Y entre los dos rasgaron los gajos sucosos. María Fulgencia los exprimió encima de la mancha y de los dedos de Pablo. Pero tuvo que llevarle al tocador.
Allí él se aturdió más y quiso crecerse diciendo:
-¡Yo me lavaré; yo solo!

(Fragmento del episodio V de El obispo leproso, novela de Gabriel Miró, 1925)

            Nos encontramos ante un fragmento literario, por lo que debemos recordar que cuando hablamos desde un punto de vista pragmático tratamos de los diferentes elementos y mecanismos que forman parte de la comunicación y, concretamente, del macroacto de habla que supone cada uno de los establecimientos de dicha comunicación.
            Consideramos la pragmática como la ciencia que se ocupa del establecimiento de un diálogo, de lo que llamamos un macroacto de habla en tanto que implica y es comunicación.
            En el caso de los textos literarios nos encontramos ante lo que se ha llamado “pacto narrativo”, terminología usada por varios autores y que recoge por ejemplo José María Pozuelo en su Teoría del lenguaje literario.
            Mediante ese pacto, un emisor-autor real de un texto ficcional se sitúa fuera del macroacto de habla presentado. El receptor-lector real de ese texto acepta esa historia verosímil o no como si fuera real.
            Desde el punto de vista del comentario y del macroacto de habla que supone este texto, nos interesa considerar los elementos que forman parte de la obra literaria en su propio marco.
            Recordemos que el texto literario supone precisamente la existencia de un mundo propio, y su conocimiento proviene del texto mismo, que es quien lo crea.
            Estamos ante una superestructura principalmente narrativa, aunque vemos que se combinan tres géneros (narración, descripción y diálogo). La narración comienza in medias res. El comienzo y el final truncados nos señalan que es tan solo un fragmento inserto en un texto narrativo más amplio.
            Tanto el autor real como el narrador (que puede o no ser una proyección del anterior) se sitúan en una posición de superioridad con respecto a los receptores-lectores, aunque partamos de la idea de que el narrador no conoce el desenlace de la historia que cuenta.
            Debemos recordar que la narración supone la existencia de una serie de acciones ya pasadas, incluso cuando son narradas en presente.
            En el fragmento que nos ocupa asistimos a una escena entre dos personajes, Pablo y María Fulgencia. Esta sorprende a Pablo curioseando entre sus cosas, concretamente cuando toma un borceguí en sus manos. La excusa del personaje masculino (haberse manchado de tinta) lleva a otra microestructura textual basada en otro elemento: un limón que abren entre los dos.
            Hay una macroestructura textual, que es la relación entre Pablo y María Fulgencia, compuesta por dos ejes temáticos que girarían alrededor de dos elementos materiales, el borceguí y el limón.
       El concepto de microestructura puede considerarse desde un punto de vista semántico, pero también como base estructural. En este sentido podríamos señalar una división del fragmento en diversas partes. Desde el principio (Pablo vio un zapato de María Fulgencia) hasta la línea 15 asistimos a la emoción del personaje masculino desde que ve ese zapato hasta que se atreve a examinarlo. Se produce un cambio brusco en esta situación (de repente se le cayó), que supone un enlace con la microestructura siguiente mediante la excusa dada por Pablo (dijo que entró buscando agua y un paño...). La tercera parte está marcada formalmente por el cambio desde la voz del narrador a la inclusión del diálogo (-¿Tinta?), que da lugar también al episodio del limón, donde se produce la alternancia entre el diálogo y los fragmentos o párrafos narrativos.
            De lo anterior deducimos que aparecen tres voces distintas en el texto: la del narrador, la de María Fulgencia y la de Pablo.
            Podemos señalar que la intercambiabilidad emisor-receptor característica de la conversación solo aparece reflejada en una ocasión a lo largo de este fragmento:
       -¡No puede usted!
-¿No puedo? ¡Sí que puedo!
            El narrador, que utiliza la tercera persona, es heterodiegético. Podemos considerarlo omnisciente porque es capaz de plasmar las emociones de los personajes. Así, Pablo está emocionándose de tener el borceguí. Incluso se nos presentan sus deducciones (La señora necesitaba algodones para los dedos) y sus apreciaciones (¡Qué altas y suaves!).
       Por otra parte, el narrador se nos presenta como el dominador absoluto en la forma de tratar y presentar las acciones, ya que además de los rasgos anteriores, alterna el estilo directo con el indirecto y el indirecto libre, según conviene o interesa. Así encontramos que los verba dicendi aparecen o no, según los casos: “dijo que entró buscando agua y un paño...”, “-¿Tinta? ¡Y aquí también, en esa mano!” o “-¿Y para partirlo? No vaya. No vaya otra vez.
            Los personajes de Pablo y María Fulgencia son los dos actantes. Ambos tienen una relación profesional en el terreno de la educación, como profesora y alumno.
            En este sentido, María Fulgencia se encuentra en una situación de poder frente a Pablo. Esta situación supone la existencia de una presuposición, una idea que proviene del conocimiento del mundo tradicional. Ese poder frente a Pablo queda marcado por las actitudes y sentimientos del muchacho. Así, cuando ella le sorprende con el borceguí, él se disculpa, y cuando María Fulgencia lo lleva al tocador, Pablo se aturdió más y quiso crecerse…
            Podemos añadir que la relación entre ambos es distante desde un punto de vista formal, ya que en las intervenciones los personajes utilizan el tratamiento de respeto: “Tráigame usted mismo un limón” o “No vaya otra vez”, por ejemplo.
            Ese respeto que existe sobre todo por parte de Pablo queda reflejado incluso en las palabras del narrador (como si la señora…).
            Debemos señalar no obstante que alterna en la voz del narrador ese tratamiento con la aparición del nombre de pila, que implica mayor confianza, de María Fulgencia e incluso de lo que podríamos denominar mote (“la Monja”), que aparece además resaltado tipográficamente.
            La acción se sitúa en el ámbito doméstico, pero con una consideración didáctica. Las clases, las lecciones de María Fulgencia a Pablo son en la casa, de manera que él ha salido del estudio donde se encontraba “haciendo una copia” a la sala donde encuentra los borceguíes.
            Un recuerdo de los dos personajes (Le había sorprendido como la primera mañana de lección) nos devuelve como lectores a la relación entre ambos. Esa misma relación y ese mismo ámbito sirven como excusa de la indiscreción (le mostró en su solapa una gota de tinta).
            Los dos contextos sirven como cadenas isotópicas en el texto. Muestran y explican el contraste entre la relación aparente entre Pablo y María Fulgencia y la que los lectores podemos presuponer en el episodio del limón: “Recibían y transpiraban el mismo aroma, pulverizado en el aire húmedo y ácido de su risa. Y entre los dos rasgaron los gajos sucosos”.
            Y si podemos dudar de una relación distinta por parte del personaje femenino, podemos presuponer unos sentimientos amorosos y de admiración en Pablo, que se muestra aturdido y quiere “crecerse”.
            Por los rasgos que se nos muestran en lo referente al lugar donde se dan las lecciones, podemos hablar de la existencia de otras implicaturas y presuposiciones. Así podemos interpretar que María Fulgencia es una institutriz, una mujer encargada de la educación de Pablo y que vive en la misma casa familiar. Si es así, se explicarían algunos aspectos que suponen un cierto nivel económico en el entorno de Pablo. Hay estancias diferentes (estudio, sala, huerto, comedor, tocador), pero además aparecen elementos como “la alfombra del estrado” que suponen amplitud.
            En otro sentido debemos recordar la distinción entre la voz del narrador y la de los personajes, pero en general podemos señalar que el lenguaje utilizado es el español culto que se muestra a través de la sintaxis, del tratamiento de los estilos narrativos y a través del vocabulario, donde destacan “borceguí”, “tafilete”, “risco” o “velloncito”. Por otra parte hay dos referencias también cultas sobre un cuento egipcio (la sandalia de la «Bella de las mejillas de rosa») y sobre mitología griega (ese “velloncito”).
            Por último, podríamos señalar el predominio en el texto de las funciones poética, referencial y emotiva, así como la posibilidad de que en el texto exista la intención de que nos sintamos identificados con el personaje de Pablo.


            

miércoles, 1 de julio de 2015

Ejercicios con B y V




1)      Completa la siguiente tabla:

sustantivo
verbo
adverbio
adjetivo
Posibilidad




Sensibilizar




Responsablemente




Flexible



Notable


Débilmente

Probabilidad






Habilitado



Civilizado



Meditabundo


2)      Se escriben con b las palabras terminadas en –bundo/-bunda. Sabiendo esto escribe el vocablo que corresponda a cada una de estas definiciones:

-         Que está enfurecido:
-         Que medita:
-         Que produce náuseas:


3)      Rellena los huecos de estas oraciones:

-         En el despacho no ha_ía nadie.
-         Nos aconsejó que andu_iésemos con cuidado
-         Se acercó a la fuente para _e_er
-         Se entretu_o un momento
-         Mantu_o la calma
-         Le dijo que si no le o_edecía, se atu_iera a las consecuencias

4)      Completa las palabras y escribe una oración con cada una:
-         ar_usto
-         al_oroto
-         al_ergue
-         al_arán
-         re_uelo
-         _añera
-         no_edoso
-         a_eja
-         o_eja
-         efecto_o

5)      En las palabras siguientes rellena el hueco que falta y escribe al menos otra palabra derivada de cada una de ellas:

-         Pro_echo           - _elleza           - Tra_és             Pro_ar
-         Ja_ón                - hier_a             - Ra_ia              Ri_al

      6) Explica por qué se escriben con b las siguientes palabras:
            Sobre:
            Proyectaba:
            Sombra:
            Recibir:

7)      Escribe cinco palabras que contengan el grupo –mb-

8)      Teniendo en cuenta que en todas ellas aparece alguna B, V o ambas, escribe la palabra que corresponda a cada una de las definiciones siguientes:
a.       Que se alimenta de carne:
b.      Serpiente venenosa:
c.       Enemigo, rival, contrario:
d.      Dinero que recibe una persona como ayuda:
e.       Que se alimenta de plantas:

9)      Escribe una oración en la que emplees correctamente cada uno de los miembros de cada una de las parejas: vino (verbo)/vino (sustantivo), baca/vaca, tubo/tuvo.

10)  Escribe tres palabras que empiecen por: alb-, bi-, bu-, ben.


jueves, 25 de junio de 2015

Juan Ramón Jiménez (1881-1958)




En 1895 comienza a dibujar y a componer versos. Hay un dibujo de esta época, La boda y la muerte, que es la representación de un poste telegráfico y de una mesa con un tintero, pluma y sobres, símbolos de la escritura y la comunicación.
De 1895 es Álbum de poesías, que contiene sobre todo poesías amorosas. En él todo está dominado por un tono melancólico y una obsesión enfermiza por la muerte. Un ejemplo podemos encontrarlo en el poema A mi novia:

Si me muero tampoco me olvides.
En mi tumba pon flores.

            Entre 1898 y 1900 inicia estudios de pintura en Sevilla con Salvador Clemente, y traba amistad con el pintor onubense Daniel Vázquez Díaz.
            En 1898 y 1899 publica distintas composiciones en las revistas El gato negro de Barcelona, Vida nueva de Madrid y El programa de Sevilla. En estas fechas intensifica la lectura de poetas como Rubén Darío, Villaespesa o Salvador Rueda, y de autores franceses como Victor Hugo y Lamartine.
            En 1900 llega a Madrid, donde participa en tertulias con Valle Inclán o Villaespesa.
            Concluye la preparación de un conjunto de poemas que quiere titular Nubes. Finalmente lo dividirá en dos libros, Ninfeas y Almas de violeta, avalados por un soneto de Darío y un prólogo de Villaespesa. El primero de esos libros está impreso en tinta verde y el segundo en color morado. En ambos libros se recogen poemas de gran erotismo, unido a motivos fúnebres, manifestados en las imágenes elegidas: bruma, sombras, niñas muertas, enfermedad, tensión entre los anhelos espirituales y la exaltación carnal. Todo ello implica la existencia de un mundo peculiar, de estirpe romántica, con una gran variedad de formas métricas y léxico propio del primer modernismo, con alguna experimentación poco afortunada. Es una lírica doliente y apasionada que le da rápida notoriedad.
            En 1900 se produce la muerte del padre de Juan Ramón Jiménez y aparece la primera crisis depresiva del poeta.
            En 1901 está en el sanatorio del doctor Lalanne en Burdeos. Allí tiene relación con varias mujeres y lee a poetas como Laforgue y Francis Jammes.
            En 1902 regresa a Madrid y permanece en el sanatorio del Rosario, donde compone el volumen Rimas.
            En abril de 1903 se produce la creación de la revista literaria Helios, de la que se publicarán catorce números hasta 1904, y en la que colaboran Darío, los hermanos Machado, Unamuno, Benavente y Azorín. También aparecen traducciones de Verlaine.
            Aparecen algunos libros como Arias tristes (en 1903), Jardines lejanos (de 1904), Baladas de primavera (en 1910), La soledad sonora y Pastorales (ambos de 1911) y Melancolía (de 1912). En estas fechas también está concluido Laberinto. Se instala en Madrid y modifica su caligrafía.
            La primera época, hasta Laberinto, es fruto de una labor incesante de crecimiento y depuración. Va dejando paso a una mayor contención expresiva. El paisaje, a menudo crepuscular o velado por la bruma, se convierte en espejo de sentimientos afines, expresado por medio de contornos borrosos y toques de color. Se trata de una realidad esfumada, cambiante y poco definida.
            En Jardines lejanos hay una atmósfera doliente y sensual. En la obra se reproduce una partitura de Gluck.
            En Pastorales el poeta recoge partituras de Beethoven y Schumann.
            En La soledad sonora aparecen elementos modernistas, como serventesios en versos alejandrinos, fuentes y jardines en el marco de una naturaleza estilizada y pictórica, el tema del anhelo erótico. Algunos motivos como el ángelus o la flauta hacen pensar en el influjo de Francis Jammes y Albert Samain. En conjunto hay una opulencia sensorial, una riqueza de sensaciones visuales y auditivas, así como su uso como expresiones analógicas de estados de ánimo.
            A partir de 1913, Juan Ramón Jiménez está instalado en la Residencia de Estudiantes en Madrid. Conoce a Zenobia Camprubí.
            Compone Estío, que aparece en 1916, Diario de un poeta  recién casado (1917), Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919) y Belleza (1923). En la primera de las obras citadas aparece el motivo de la mujer, que es una realidad presente.
            Diario de un poeta recién casado fue escrito durante el viaje a Estados Unidos. En esta obra hay poemas en prosa y el poeta utiliza el verso libre. Se interioriza la contemplación del mar. Hay un intento de borrar las fronteras entre prosa y verso.
            En Piedra y cielo el tema central es la obra poética.
            En 1921 funda la revista Índice, y en 1922 publica la Segunda antología poética. Publica también prosas (Autorretrato-Para uso de reptiles de varia categoría) y reflexiones estéticas en forma de breves aforismos.
            En 1927, años del tricentenario de Góngora, Juan Ramón Jiménez escribe páginas desdeñosas sobre la corriente neopopularista.
            De 1934 es una nota necrológica.
            En 1935 rechaza el ingreso en la RAE.
            A partir de esa fecha, reúne y selecciona poemas unidos por su carácter popular: metros cortos, coplas y estribillos. El libro aparecerá en 1936 con el título de Canción.
            En agosto de 1936, el poeta consigue un pasaporte diplomático para salir del país como agregado cultural honorario en la embajada española en Washington.
            En 1940 comienza a impartir cursos en la Universidad de Miami como lector de español y realiza obra crítica.
            En una carta que escribe en 1943 dirigida a Díaz Canedo dice “en la Florida empecé a escribir otra vez en verso”.
            Reanuda su actividad con romances y canciones, en la que aparece la actitud característica del desterrado. La obra que las recoge es Romances de Coral Gables (1948).
            También en 1948 aparece La estación total, con las canciones de la nueva luz. Ese mismo año fue recibido de forma apoteósica en Buenos Aires.
            En 1949 se publica Animal de fondo.
            En 1951 Zenobia sufre un quebranto en su salud. Mientras, el poeta emprende una vez más la reordenación de su obra completa, en siete partes.
            El 25 de octubre de 1956 le fue concedido el premio Nobel de Literatura. Tres días después fallece Zenobia. Juan Ramón Jiménez escribe “Todo es menos”.
            El poeta había concebido un título para su obra, En el otro costado, que abarcaría cinco apartados: 1) Mar sin caminos, 2) Canciones de la Florida, 3) Espacio, 4) Romances de Coral Gables y 5) Caminos sin mar, en una agrupación simétrica.
            Espacio sería la síntesis de toda la obra madura del poeta. Se trata de un poema largo en prosa. Sin interrupciones, es un monólogo sin fin donde las palabras se engarzan, creando asociaciones, fundiendo planos cronológicos distintos en un presente único equivalente a la visión de Dios. Los motivos que aparecen son recuerdos, evocaciones literarias, nostalgia, búsqueda de constantes que anulen las variaciones contingentes del ser humano y coloquen la existencia bajo una luz única.
            Juan Ramón murió el 29 de mayo de 1958.
            Dentro de su obra hay que destacar, por otra parte, los libros en prosa (Platero y yo, Españoles de tres mundos, Ideología).
            La primera edición de Platero y yo, no completa, es de 1914 y se compone de sesenta y tres capítulos y un texto final (A Platero).
            En 1917 se publica la obra en su totalidad, ya con 138 capítulos.
            En Platero y yo, el “niño” es la persona no adulta, incluyendo al que no es como el adulto. Aparece una pequeña comunidad: poeta y burrito, a veces un par de animales más, niños y seres marginados.
            Los adultos traen el dolor o la tristeza a los niños, a los animales o al poeta.
            Michael Predmore destacaba la visión del mundo que aparecía en la obra. En ella el hombre está en contacto y armonía con su medio natural. La conjunción franciscana seres/naturaleza se expresa:
-         por medio de la humanización de Platero
-         por la humanización de otros animales
-         por la comparación de hombres con animales, vegetales y objetos inanimados
-         por la comparación de hombres con animales, vegetales y minerales entre sí
-         por la humanización de la naturaleza.
            El tema de la muerte está muy presente en la niña chica, el canario, la yegua blanca, Platero, la hija de Darbón, el padre del poeta, Mamá Teresa o el perro Lord.
            En la obra hay una prosa sobria, abundante en adjetivos. Carlos Bayón destacaba la violencia de las imágenes.
            Españoles de tres mundos, de 1942, es una serie de semblanzas de escritores y artistas de entre 1914 y 1940.
            Ideología por su parte es una edición de los aforismos de Juan Ramón Jiménez y fue publicada en 1990.


sábado, 20 de junio de 2015

Esquema sobre la poesía épica europea




            Sobre la formación de la poesía épica europea existen tres teorías principalmente:
            La teoría de las cantilenas es la defendida por Gastón Paris en La Historia poética de Carlomagno, de 1865.
            De acuerdo con esta teoría la poesía épica francesa sería el producto de las recopilaciones de las cantilenas existentes en Francia, y la poesía épica española sería una recopilación de romances medievales.
            La teoría del individualismo o autor único es la defendida por Bédier en Poesías épicas.
            De acuerdo con esta teoría todas las poesías épicas son obra de un autor culto que firma al final de las mismas.
            La teoría tradicionalista es la defendida por Menéndez Pidal.
            Esta teoría se basa en el concepto de colectividad en la autoría y obra del poema épico. Es una labor colectiva en la que intervienen generaciones enteras de hablantes. Aquí es muy importante el concepto de aglutinación de Menéndez Pidal, frente al de yuxtaposición que defendía Gastón Paris.

            Los bloques de la épica europea pueden observarse en la siguiente tabla:

Épica germánica
-         Anglosajona: Poema de Beawulf
-         Alemana: Los Nibelungos
Épica románica
-         Francesa: Chanson de Roland
-         Española: Poema de Mío Cid

            En cuanto a las principales características de la épica española, pueden enumerarse las siguientes:
-         Anonimato
-         Realismo
-         Rima asonante e irregular. Monorrimas
-         Libertad sintáctica
-         Arcaísmo
-         Primitivismo

-         Temas tradicionales